Se acabó la fiesta. Quedan las anécdotas de la decena de miles de jóvenes que vivieron esa atmósfera irrepetible de alcohol y música a orillas del Atlántico, la promesa de volver, las fotos, los disfraces en la valija. Queda el suspiro de alivio de los residentes y autoridades, para retomar la rutina después de la hecatombe. La calle Principal ya está libre de basura. Se fueron los baños químicos y la carpa de prevención. Es marzo y La Pedrera se empieza a parecer al pueblo bucólico con aire que huele a mar. Cae una lluvia mansa a manera de epílogo.
Memorias de la bacanal
Pasó otro carnaval en La Pedrera, con 15 mil personas que volvieron a desbordar la principal. No hubo que lamentar grandes accidentes ni desmanes