A los uruguayos nos gusta el dólar. Ese comportamiento tiene explicaciones multicausales y hay desde factores racionales (otros no tanto) y culturales que no son sencillos de revertir. Algunos seguramente tengan todavía en las retinas los fuertes shocks devaluatorios del peso uruguayo de la última crisis del 2002 o de la famosa tablita de 1982. El proceso de dolarización en Uruguay lleva más de 50 años, y tiene sus orígenes en ratios de inflación muy elevados y persistentes -que recién lograron moderarse en la década de 1990- pero hoy todavía permanecen en niveles elevados respecto a la media internacional. Mientras busca ganar credibilidad y confianza para anclar las expectativas inflacionarias al centro del rango meta (4,5%), el Banco Central del Uruguay (BCU) está embanderado en una estrategia de desdolarización de la economía uruguaya ¿Podrá lograrlo? El punto de partida y lo que todavía queda por hacer te lo explico en esta entrega de Rincón y Misiones.
Un diagnóstico compartido
Hacia una moneda de calidad. Desdolarización de precios. Así se tituló un seminario que organizaron la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la Udelar y BCU la semana pasada para bajar a tierra el tema. Los economistas Elizabeth Bucacos, Miguel Mello y Diego Pérez presentaron distintos estudios académicos sobre la patología de la dolarización de precios y ejemplos concretos de cuán extendida está esa práctica Uruguay. Luego, un panel de expertos dio sus impresiones y sugerencias para que el peso uruguayo pueda llegar a ser moneda confiable y de calidad. El economista Gabriel Oddone dijo que Uruguay es un caso “atípico” de una economía bimonetaria (peso/dólar) que se ha extendido por un período relativamente largo respecto a lo que pasó en otros países.
En los hechos, ese objetivo de desdolarizar debe lidiar con otras tensiones de economía-política donde el BCU tiene poco margen de acción. Avanzar rápido puede sumar para ganar credibilidad pero también genera algún dolor de cabeza (político) por reclamos por un atraso cambiario, por ejemplo. En cambio, la gradualidad puede diluir ese costo pero conlleva el riesgo que los progresos que se logren sean vistos como insuficientes para lograr esa meta de pesificar el funcionamiento de la economía. Hasta dónde llegamos con la dolarización
Leonardo Carreño El proceso de dolarización en Uruguay lleva más de 50 años, El trabajo académico de Bucacos mostró que existe un “nexo importante” entre la desdolarización y flexibilidad cambiaria. Al ver que hay volatilidad del tipo de cambio, hay incentivos para salir del dólar. Por otro lado, si bien un aumento de la volatilidad en la variación del tipo de cambio tiende a reducir la dolarización de los depósitos (en Uruguay superan el 80% del sistema bancario), no tiene efectos significativos sobre el porcentaje de créditos en dólares que toman los agentes. Asimismo, la experta indicó que para que la estabilidad de precios contribuya a la desdolarización de créditos en la economía, se deberían aplicar estímulos que eleven la oferta de préstamos en pesos uruguayos.
La dolarización en Uruguay es un fenómeno cultural relacionado con estrategias de cobertura de riesgos, resumió Mello. Eso, por ejemplo, lleva a que la facturación de algunos bienes que no son transables (aquellos que se producen a nivel local únicamente para abastecer al mercado doméstico y que no presentan competencia del exterior) se fijen en dólares. El experto definió este fenómeno como una patología “rara” e “ineficiente”. En el caso de las empresas, se detectó que la facturación en dólares está asociada a menores niveles de liquidez, algo que no es tan habitual en empresas más grandes con poder de mercado o subsidiarias de compañías extranjeras.
El experto fue coautor de un trabajo donde se analizaron los datos de 26 categorías y 253 subcategorías de artículos publicados en la plataforma de ecommerce Mercado Libre. Uno de los hallazgos que dejó esa investigación -que procesó una base de datos de 6 millones de publicaciones- es que hay un elevado porcentaje de productos usados que tienen fijado su precio en dólares. Allí se detectó una alta correlación entre el valor de los bienes y la dolarización. El caso más evidente en Uruguay es el de los inmuebles y los automóviles, pero no son los únicos.
Su colega Pérez indicó que la dolarización incide en el volumen de ventas de los negocios. Es que cuando se recibe un shock que deriva una depreciación cambiaria (suba del dólar), la demanda cae (la mayoría de los consumidores tienen sus ingresos en pesos), por tanto, ahí también sale perdiendo la empresa que vende ese bien/servicio en la moneda estadounidense.
Deberes y desafíos por delante
La disciplina monetaria, reducir la inflación y su volatilidad, es la hoja de ruta que pretende transitar el Banco Central para que su estrategia (paralela) de desdolarización muestre resultados concretos y no sea un simple saludo a la bandera.
El economista Aldo Lema consideró que uno de los temas a resolver son los pasivos de los bancos para que puedan captar más depósitos en pesos y así impulsar el crédito en la moneda uruguaya (hoy ronda el 50%). Añadió que para recorrer el camino exitoso -que logró Perú de desdolarización en un período de 20 años, por ejemplo- una condición necesaria será tener una inflación baja y estable cercana al 3%. “Este es el desafío más relevante que tenemos”, consideró.
Su colega Gabriela Mordecki dijo que no será la “racionalidad económica” la que llevará a la desdolarización sino que se requieren incentivos desde la política pública para que esa estrategia sea exitosa. La economista abogó por un rol más activo del BCU para que otorgue más incentivos para que se avance con depósitos a más largo plazo en unidades indexadas, donde hoy los bancos privados prácticamente no ofrecen alternativas. Además, dijo que la exigencia de plazos mínimos de seis meses muchas veces es elevada para el ahorro de las familias.
Algunos de los caminos que han instrumentado otros países (Argentina, Colombia, Croacia, India, o Turquía) para desalentar la desdolarización es prohibir directamente los contratos en moneda extranjera, algo que los expertos no vieron sencillo de aplicar en Uruguay. Pérez mencionó que existen otras alternativas “algo más suaves” como fijar impuestos a los contratos en dólares, por ejemplo.
“Va ser muy difícil avanzar en una agenda de desdolarización si no se diseñan incentivos específicos para facturar, generar contratos o endeudarse en pesos”, dijo Oddone.
Para el experto es necesario contar con incentivos para sacar a los agentes de estos mercados “de su zona de confort” e inercia a la hora de fijar sus precios en dólares.
Como consumidor me gustaría que el banco que utilizo me ofreciera más opciones para invertir en pesos y no que me esté tentando cada poco tiempo para que le acepte una nueva tarjeta de crédito. Reconozco que hubo avances y hay instituciones que permiten ahorrar en pesos en plazos fijos, UI, o permiten comprar letras del BCU -deuda que emite para sacar pesos del mercado-, pero todavía no son productos lo suficientemente atractivos y tienen costos de intermediación elevados. Capaz faltan incentivos desde la política pública para que la competencia crezca y ese nicho para captar más ahorro en pesos recobre dinamismo. Deberes hay muchos y la agenda es amplia. Quizás es la hora de dar el salto para apelar menos al dólar y más al peso uruguayo.