Con la fábrica todavía sin funcionar, Metzen & Sena ya tiene pedidos de Argentina, Chile y Estados Unidos. La firma que fabricó durante décadas productos de cerámica como vajilla, inodoros y azulejos, está cerrada desde finales de 2009 y volverá a estar operativa en abril de 2013, aseguró a El Observador Jorge González, presidente del sindicato que ahora dirige la industria.
El mercado para la fábrica también conocida como Cerámicas Olmos “está vivo, y más que cuando se cerró”, dijo González, quien aseguró que “hay más posibilidades” hoy que en 2009. González contó que los cooperativistas han mantenido contacto con barracas que al momento del cierre de la fábrica no vendían productos de Cerámicas Olmos, y que hoy estarían dispuestas a comercializar sus productos. Además del mercado nacional, donde se piensa colocar hasta 270.000 metros cuadrados de azulejos, uno sus productos más importantes, ya se hizo contacto con importadores en Argentina, Chile y Estados Unidos.
El viernes al mediodía la fábrica sólo contaba con cinco trabajadores que se dedicaban a probar la maquinaria y pulir una piezas de cerámica, mientras González dialogaba con El Observador. Las máquinas están paralizadas a la espera de que se concrete la reapertura.
González contó que importadores de Estados Unidos, “que venden en la zona noreste de ese país”, se reunieron con representantes de la cooperativa para firmar un contrato por la venta de dos contenedores mensuales de accesorios sanitarios, como jaboneros, porta rollo o toalleros y productos exclusivos para ese mercado.
Ese mercado no estaba previsto en el proyecto inicial de reapertura, ya que la empresa no vendía productos a ese destino al momento de su cierre. Según relató González, los importadores norteamericanos “están en contacto directo (con los cooperativistas), y ya tienen un contrato que quieren firmar”.
Una de las razones a las que aluden los importadores norteamericanos para volver a comprar productos a Metzen & Sena, es que las fábricas de cerámica de Argentina están vendiendo toda su producción en el mercado interno, debido a la política proteccionista Kirchnerista, que redujo la importación de estos productos desde China en ese país, “por lo que no están cumpliendo con los pedidos al exterior”, explicó.
Este potencial cliente de los Estados Unidos permitirá que se le pueda dar empleo a más trabajadores.
Inicialmente el plan preveía la ocupación de 350 trabajadores pero ahora se estima que podrán llegar a los cerca de 400.
Los dirigentes aseguraron que podrán comenzar a trabajar a pleno en abril próximo.
Para comenzar a producir, los cooperativistas estiman que necesitaran 90 días a partir de que el Fondo de Desarrollo (Fondes) haga efectiva su inversión de US$ 10 millones. La promesa del Fondes es que en enero depositará el préstamo.
Los cooperativistas prevén que esos 90 días los dedicarán a tareas de mantenimiento de la planta.
La cooperativa comenzará a trabajar con “un piso mínimo de producción” para una producción de 130.000 piezas de vajilla, 22.000 piezas sanitarias y 270.000 metros de cuadros de revestimiento.
Además de los tres años en los que la fábrica estuvo parada, “venía muy mal de mantenimiento, durante los últimos cinco años”. El sector al que se destinará la mayor parte de la inversión es el que trata la materia prima, ya que se requieren piezas para la maquinaria que ha dejado de funcionar por el deterioro.
Cambio de mentalidad
González dijo que integrar una cooperativa exige un “cambio de mentalidad” y agregó que Olmos debe “copiar” a las cooperativas que “hoy están bien”, entre las que destacó al Molino Santa Rosa, empresa cooperativa que en 2004 compró las instalaciones de la fábrica y se convirtió en la única empresa recuperada que es propiedad de los trabajadores.
Olmos “es una empresa cuya forma jurídica es la cooperativa, pero la forma de funcionar es la de una empresa”, dijo.
En diciembre de 2012 una resolución judicial permitió a los trabajadores, a través de una cooperativa, hacerse cargo de la fábrica quebrada. Mientras continúan cobrando el seguro de paro.
Aseguró que de otra forma el proyecto “no funcionaría”. Los trabajadores tienen un reglamento de trabajo que ellos mismos votaron y pusieron en una vitrina a la entrada de la fábrica. “Si lo incumplen pueden ser sancionados como en cualquier empresa”, concluyó González.