Michael Moore no se puede apartar de la tormenta política que ha generado su documental "Fahrenheit 9/11", y la verdad es que muy poco le debe importar. Mientras más ruido genere la película, más personas querrán verla y más cerca estará el cineasta, o así al menos lo espera él, de lograr su objetivo: impedir la reelección como presidente de George W. Bush.
Lo cierto es que el impacto de la película no sólo ha estado en la taquilla de los cines, donde se ha transformado en apenas dos semanas en la cinta documental más vista de la historia, sino también en los medios, que no dejan hablar de Moore, para bien y para mal. "Si han visto los medios de comunicación en las últimas semanas podrán ver que se han lanzado en mi contra con todo lo que tienen, porque ésta película los ha llenado de vergüenza, especialmente a la televisión", dijo Moore.
En los últimos días, una serie de historias y comentarios en la prensa han acusado a la cinta de supuestas imprecisiones, manipulaciones o tergiversaciones, algo que Moore rechaza de plano. Moore explicó que el filme es una pieza de "periodismo de opinión, basado en hechos irrefutables", y dijo que en los próximos días pondrá a disposición de quienes visiten su sitio web toda la información que avala las aseveraciones hechas en la película.
La edición del lunes la revista Time le dedicó la portada a Moore, y publica un reportaje en una de cuyas partes se hacen ver tres puntos del documental cuya veracidad ha sido cuestionada. "Cada hecho que se muestra en la película es cierto, y desafío a cualquiera a encontrar algo que esté en la cinta y que no sea verdad", respondió Moore, quien hizo un llamamiento a distinguir entre sus opiniones y los hechos.
Por lo mismo no extraña que no quiera entregar su apoyo público al candidato demócrata John Kerry, aunque con su humor característico subrayó que "parecería que llamar a votar en contra de Bush sería casi lo mismo que llamar a votar por Kerry... que curioso, no lo había pensado".