La pandemia parió una crisis y la crisis dejó en segundo plano una campaña municipal en la que el protagonista número uno es la indiferencia. Una verdadera pena, porque hasta que el mundo comenzó a saltar al ritmo de un virus, las elecciones a la intendencia de Montevideo prometían bastante movimiento, considerando que a los tres candidatos del partido favorito se les enfrentaba por primera vez en casi 20 años una contendiente apoyada por el resto de la oposición, luego de una experiencia de coalición pero con candidatura múltiple en 2015.
Solo una cuarta parte de los votantes están “muy interesados” en la elección para la que falta un mes. “A un 45% no le interesa, no entró en calor”, considera Rafael Porzecanski de Opción Consultores. En Montevideo vive casi un millón y medio de personas. Es una ciudad con cientos de kilómetros de calles y veredas, con un sistema de transporte público deficiente y en problemas, con toneladas de basura a veces problemáticas y con un tráfico en aumento. Ni una pandemia global es excusa para que los montevideanos miren para otro lado a la hora de elegir qué pasará con su ciudad.
Laura Raffo salió de la galera casi sin previo aviso; mujer, economista, figura pública por su participación en medios, con familia política pero sin antecedentes políticos, resultó ser un perfil diferente. El 32 a 34% que ahora dicen las encuestas que tiene intención de votarla, es un porcentaje que si bien no le bastará para llegar al Palacio Municipal la posiciona en un lugar de fortaleza para una recién llegada.
La economista cuenta con un perfil bien diferente: es nueva en la política pero no se la percibe como outsider. La impulsa un gobierno que además de ganar las nacionales encontró en su gestión de la pandemia un signo positivo que buena parte de los uruguayos ha aprobado. Es tremendo decir que un gobierno se ha beneficiado de una crisis mundial como la que vivimos, pero es cierto. Es altamente probable que sin Covid mediante ahora mismo estaríamos entreverados en eternas discusiones sobre presupuestos y nuevas leyes, que se han dado casi que en voz baja si las comparamos con los inicios de otras gestiones.
El Frente Amplio (FA) ha pisado fuerte en la capital desde hace 20 años y las encuestas, al menos por ahora, vuelven a darle la delantera con la suma de tres candidatos que superan el 50% de los votos. Luego de que Tabaré Vázquez ganara en 1989 con el 33,7% de los votos, la coalición de izquierda siempre se ha ubicado por encima del 50% en las preferencia de los votantes.
La “tripartita” del FA incluye candidatos diversos, que resultan atractivos para electorados bien diferentes. Carolina Cosse, ingeniera, expresidenta de Antel y exministra de Industria, apela a diversas izquierdas. Villar es el “outsider militante”, que llega desde la Medicina y con gestión pública, impulsado por el MPP y el grupo que lidera Mario Bergara pero al mismo tiempo atractivo para algún votante de centro-izquierda desnorteado, que no encuentra un candidato natural. Martínez sigue intentando y, luego de la derrota nacional, vuelve al campo de batalla electoral. En los hechos ha pasado de ser candidato a presidente derrotado a candidato a intendente que, por ahora, no cuenta con la mayoría de las preferencias en su partido.
Los tres candidatos frenteamplistas están empatados, según las últimas encuestas que se conocieron en estos días. Esto puede ser una casualidad, sí, pero parece más bien otra muestra del desconcierto que reina entre los ciudadanos a la hora de decidir a quién votar. De antemano se podía prever que Martínez -con su candidatura presidencial a cuestas con números muy cercanos a Lacalle Pou y su experiencia como intendente- tendría la delantera clara. Pero no. Claro que, como en las nacionales, puede sorprender con un triunfo y hasta por diferencia.
Martínez ha dicho en su círculo cercano que confía en que ganará en septiembre porque hay algo que llama “voto silencioso”, en algunos casos “vergonzante”, que ahora no dice que lo votará pero que finalmente lo hará. Este razonamiento supone un hecho de base complicado: que hay votantes frentistas a los que les da vergüenza decir que votarán a Martínez, porque el exintendente perdió la elección nacional luego de 15 años de supremacía frentista en el gobierno nacional.
Cosse y su entorno, en tanto, hacen una lectura un poco más cercana a este desinterés que gana a muchos votantes en Montevideo; en su caso entiende que el voto frenteamplista es bastante volátil y por eso difícil de predecir. Cosse logró sumarse a las candidaturas del FA a pesar de que una parte de su partido miró para el costado a la hora de apoyarla. Ahora el triple empate es para ella una buena noticia.
Que su contendiente de la oposición sea una mujer, también ayuda. El enfrentamiento Cosse-Raffo es de los pocos atractivos que tienen estas elecciones. No habrá debate por decisión de los candidatos frenteamplistas, pero hubiera sido muy interesante el intercambio que se podría haber generado en ese tres a uno en el que dos son mujeres.
Los tres frenteamplistas se han mostrado amigables entre sí. Tuvieron algunas muestras de unidad, como la decisión de no debatir, pero no mucho más. Esta semana El Observador publicó que pseudo portales web de noticias, creados en los primeros días de agosto, compartían publicaciones entre sí y dentro de su contenido promocionado en Facebook con notas favorables a Martínez y otras que le daban duro a Villar, al abordar las acusaciones sobre su presunta omisión ante una denuncia de acoso y abuso sexual en el Hospital Maciel. Desde el MPP se dijo que detrás de estos sitios web podía haber “fuego amigo”, algo que fue desmentido por los comandos de campaña de Martínez y Cosse.
Memes y bromas aparte, el posicionamiento de los candidatos del Frente Amplio (en particular de Martínez y Cosse) como los representantes del “pueblo” frente a la representante de los “chetos” no ayuda en absoluto a enriquecer esta campaña.
No porque sea evidente que iban a hacer este juego significa que debían hacerlo. Justamente esta vez, en medio de circunstancias tan particulares, era tal vez el momento de recurrir a argumentos menos trilladas e ideologizados. Tal vez era el tiempo de hablar concretamente de basura, de calles, de transporte, de espacios verdes, de todo lo que queremos que sea la capital y de todo lo que necesita para serlo. En cambio, los últimos días han estado cargados de acusaciones nimias y hasta algo tiradas de los pelos, de uno y de otro lado.
El Montevideo del futuro puede ser muy diferente según cuál sea el candidato que gane, y esto aplica incluso para los tres candidatos del FA. No es lo mismo Cosse que Martínez. No es lo mismo Villar que Cosse. Y ciertamente no es lo mismo ninguno de los tres frentistas que Raffo. Todos deberán hacer frente a los mismos problemas que se arrastran desde hace bastante más que 20 años. Cada uno elegirá su camino y sus herramientas.
Aún hay tiempo para que los candidatos hagan llegar sus mensajes claros a sus eventuales votantes, incluso sin actos masivos ni recorrida de barrios ni ninguno de los formatos tradicionales de hacer política. Sin tanto cacareo. En el medio están los ciudadanos. Hacer ta te ti para votar al futuro intendente no es buen negocio.