Mundo > "Un voto de censura"

Movimiento pro democracia en Hong Kong aumenta la presión sobre las autoridades chinas

A pesar del éxito electoral de quienes exigen cambios, la posibilidad de que Pekín acepte nuevas concesiones es escasa

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01 de diciembre de 2019 a las 05:00

Tras casi seis meses de protestas en Hong Kong, se está abriendo un escenario local e internacional de más presión contra el duro presidente de China, Xi Jinping, quien parece estar lejos de poder controlar la ola de protestas que sacude al territorio chino semiautónomo.

En el frente interno, el gobierno de China, y el del propio Hong Kong, recibieron un sugerente revés en las elecciones locales del domingo 24 que, con una participación récord, dieron una victoria contundente a los candidatos pro democracia.

Casi 3 millones de personas –alrededor de las tres cuartas partes de los votantes– hicieron fila en un día otoñal para ejercer sus derechos democráticos, y los candidatos a favor de la democracia finalmente obtuvieron casi 400 de los 452 escaños del consejo del distrito; en las elecciones de hace cuatro años sólo ganaron 100 concejales de distrito.

La votación puso de relieve un profundo apoyo al movimiento de protesta, a pesar de la violencia ocasional de los manifestantes.

Los concejales de distrito carecen de peso político y se ocupan en gran medida de cuestiones de la gestión diaria de la ciudad. Pero con sus despachos, financiación y redes, en opinión de algunos proporcionan a los demócratas una palanca adicional para influir en las decisiones políticas, mientras continúan las protestas.

“La mayoría de la gente piensa que el millón de votantes adicionales salieron a enviar un mensaje político de que todavía apoyan a los manifestantes y que están insatisfechos con el gobierno”, dijo Ma Ngok, cientista político de la Universidad China de Hong  Kong.

“El gobierno y los partidarios de Pekín siempre han afirmado que cuentan con el apoyo de la opinión pública”, añadió Ma. “Pero ahora.... esto es una gran bofetada en la cara porque la población ha mostrado su posición real en cifras récord”.

La lideresa de Hong Kong, Carrie Lam, dijo en una declaración que respetaba el resultado y que su gobierno “escuchará los puntos de vista de la población con una mente abierta y una reflexión seria”, sin que aún haya detalles concretos.

“El gobierno de la Región Administrativa Especial de Hong Kong escuchará con humildad y seriedad las opiniones de los ciudadanos”, dijo en un comunicado.

Lo Kin-hei, un concejal de distrito prodemocracia que fue reelegido, dijo que los comicios eran en efecto un “voto de censura” a la clase dirigente, incluida la jefa de Hong-Kong, y a importantes dirigentes chinos como Zhang Xiaoming, director de la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao.

En su opinión, los concejales de distrito, con alrededor del equivalente a US$ 128 millones de fondos cada año, podrían proporcionar recursos para ayudar a que continúe el “impulso del movimiento de protesta”.

En el campo pro-Pekín, los líderes del principal partido político, el DAB, hicieron examen de conciencia y pidieron disculpas, y su líder Starry Lee ofreció renunciar.

Stanley Ng Chau-pei, delegado de Hong Kong en el Congreso Nacional Popular de China, cuyos miembros sindicales se presentaron como candidatos, pidió al gobierno que respondiera con políticas eficaces para “abordar las profundas divisiones en la sociedad” y con medidas eficaces para poner fin a la violencia.

Algunos observadores dijeron que ahora Lam se vería sometida a una mayor presión para responder a las demandas de los manifestantes, entre ellas la exigencia de reformas democráticas y una investigación independiente de las acusaciones de brutalidad policial.

Las tácticas policiales para hacer frente a las protestas han sido consideradas en gran medida como uno de los principales detonantes de los enfrentamientos. Sin embargo, el gobierno ha dicho hasta ahora que los mecanismos de supervisión policial existentes son suficientes para tramitar las denuncias.

Hong Kong regresó al gobierno chino en 1997 con la promesa de un alto grado de autonomía, pero la erosión de las libertades por parte de China ha alimentado el extendido resentimiento, dando alas a la actual crisis política.

La probabilidad de que Pekín ofrezca nuevas concesiones a corto plazo sigue siendo escasa, según los observadores, dada la postura rígida adoptada hasta ahora.

De las demandas clave de los manifestantes, hasta ahora el gobierno sólo ha respondido a una: en setiembre pasado, retiró formalmente el proyecto de ley de extradición que desencadenó las primeras protestas.

La legislatura china dijo la semana pasada que los tribunales de Hong Kong no tienen poder para decidir sobre la constitucionalidad de la legislación en virtud de la Ley Fundamental de la ciudad, un día después de que el Tribunal Supremo de Hong Kong declarara inconstitucional la polémica prohibición del uso de máscaras.

EEUU y Gran Bretaña

Tres días después, Xi recibió muy malas noticias desde EEUU, donde el presidente Donald Trump promulgó la Ley de Derechos Humanos y Democracia de Hong Kong, aprobada por un Congreso que dejó a un lado la polarización en apoyo a las protestas en Hong Kong.

La ley, que tuvo el respaldo de 417 votos contra uno en la Cámara de Representantes y la unanimidad del Senado, podría complicar aún más la relación diplomática bilateral entre las dos potencias que libran una compleja guerra comercial.

La norma requiere que el presidente estadounidense revise anualmente el estatus económico especial que Washington otorga a la excolonia británica. Además, prohíbe la venta de gases lacrimógenos, balas de goma y otros equipos utilizados por las fuerzas de seguridad de Hong Kong.

El gobierno chino reaccionó con cólera el jueves 28: calificó a la ley de “abominación absoluta”, amenazó con tomar represalias y convocó al embajador de Estados Unidos en Pekín, Terry Branstad, por segunda vez en cuatro días.

El viceministro de Relaciones Exteriores chino, Le Yucheng, transmitió al embajador Branstad la “firme oposición” de su país e instó a Estados Unidos a “corregir su error”, a “no aplicar” la ley, para no “perjudicar más las relaciones y la cooperación sino-estadounidense”, informó el ministerio en un comunicado.

La resolución de EEUU “oculta intenciones siniestras”, denunció el ministerio de Relaciones Exteriores chino en un comunicado, en el que no especifica qué medidas podría tomar Pekín.

El régimen chino acusa al texto de “apoyar descaradamente los actos cometidos contra ciudadanos inocentes que han sido golpeados, heridos y quemados (...) por delincuentes violentos”.

Un alto cargo del Ejecutivo de Hong Kong declaró por su parte que la resolución “está interfiriendo claramente en los asuntos internos” y “transmite un mensaje equivocado a los manifestantes”.

La Oficina de Enlace de Pekín en Hong Kong condenó la “conducta repugnante” de Washington que podría desencadenar “disturbios y caos” en Hong Kong.

Aunque de menor voltaje, China y Gran Bretaña también se han distanciado por la crisis en el territorio semiautónomo.

A una controversia hace tres meses por una inquietud  británica sobre la reacción oficial a las protestas, esta semana el gobierno británico expresó su indignación, y pidió explicaciones a Pekín , por la denuncia de ex funcionario de la embajada en Hong Kong que asegura haber sido detenido en China durante 15 días en agosto donde habría sido torturado.

(Basado en servicios internacionales)

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