Sin pudor alguno, el presidente José Mujica violó de forma sistemática la Constitución para meterse de lleno en la campaña electoral. Lo hizo en reiteración real, todas las veces que pudo. Usó sus espacios en radio, actos protocolares y entrevistas con medios de comunicación. Vatició que el Frente Amplio ganaría, e incluso llegó a invitar a los uruguayos que viven en el exterior a viajar porque la coalición de izquierdas los necesitaba.
Mujica se empezó a sacar la banda presidencial antes de tiempo, y se calzó la camiseta de su fuerza política.
Un poco por inhercia, y otro poco por instinto de supervivencia, al ver una posibilidad cierta de derrota como hace mucho tiempo no la sentían los frenteamplistas. Como si fuera poco su grupo político, el Movimiento de Participación Popular (MPP), ve amenazada su hegemonía en la interna del FA. El sector que nunca paró de crecer desde que fue fundado por Mujica en 1989, perdió la interna del FA a manos de Raúl Sendic y Constanza Moreira. Ahora, si bien en las encuestas se perfila como la fracción principal del oficialismo, tuvo que apelar a la imagen del presidente para subsistir.
Había dudas sobre el rol de Mujica en el próximo gobierno. Pero la misma necesidad que lo llevó a ser candidato a presidente cuando no quería serlo, lo llevó a encabezar la lista al Senado del Espacio 609. Ya dijo que asumirá la banca y permanecerá al menos durante la mitad del período. Sea quien fuere el próximo presidente, el Parlamento estará obligado a negociar por la ausencia de mayorías propias de una fuerza política como tuvo el FA en dos períodos consecutivos. Mujica tiene allí un papel clave a jugar. Y esa dinámica estará cargada de tensiones incluso si Tabaré Vázquez vuelve a la Presidencia. Ello quedó demostrado semanas atrás cuando ambos líderes de la izquierda no tuvieron problemas en cruzarse críticas, como por ejemplo en la aplicación de la regulación del mercado de la marihuana.
El dejar hacer
Hay tantas formas de hacer un balance del segundo gobierno del Frente Amplio como idas y vueltas tuvo su gestión. Si se pone la lupa en la creación legislativa, se puede observar una buena producción de leyes. En ese sentido se destaca la denominada “agenda de derechos”, que incluye la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario.
El discurso de Mujica ante el Parlamento el 1º de marzo de 2010, repetido hasta el cansancio en el tramo donde se refirió a la educación, llenó a tope la expectativa de lo que serían los cinco años de su administración. Hasta los rivales más acérrimos le dieron tregua al exguerrillero tupamaro. De entrada dio señales como la instalación de grupos multipartidarios y la apertura a que delegados de la oposición estén en empresas públicas. Fue una verdadera luna de miel, pero que comenzó a caer más temprano que tarde.
“La administración del presidente Mujica seguramente será recordada por otro tipo de medidas en el plano de las políticas públicas. La legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, la regulación de la producción, distribución y venta de cannabis, la aprobación del matrimonio igualitario y, de llegar a aprobarse, la ley de servicios de comunicación audiovisual”, dice un artículo de balance de la administración, escrito por Daniel Buquet y Alejandro Guedes y publicado en el libro Final abierto, hacia las elecciones 2014, del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales.
A ello se deben sumar logros en el plano energético, la generación de empleo y políticas sociales. Sin embargo ese permanente dejar hacer de Mujica entreveró la piola del gobierno en muchas oportunidades. La convivencia de dos equipos económicos fue ejemplo es de ese caos logístico de una administración que contó con todo el viento a favor en la economía. (Producción: Martín Viggiano y Patricia Martin)