Con sólo veintinueve años, Strawson alcanzó notoriedad en la Universidad de Oxford (Inglaterra) cuando criticó la "teoría de las descripciones" de Russell por su insuficiencia para dar cuenta de la riqueza de la lengua hablada normalmente.
En su artículo "On Referring" (Sobre las referencias), de 1950, Strawson atacó la obra "On Denoting" (Sobre la denotación), de Russell, quien sostenía que cualquier frase referida a entidades no existentes o contradictorias como los unicornios o el rey de Francia puede analizarse lógicamente antes de llegar a la conclusión de que es falsa.
Así, por ejemplo, la oración "el rey de Francia es calvo" podría haberse empleado durante la monarquía francesa para hacer una afirmación verdadera o falsa.
Cuando no se dan las condiciones de realización, entre ellas, la referencia a determinado objeto, la oración no es ni falsa ni verdadera, no es nada.Según Strawson, Russell no había distinguido en su trabajo entre oración y enunciado y había confundido por tanto simple mención y significado.
Para el entonces joven filósofo, la lógica formal, propugnada por Russell, podía ser un "instrumento indispensable para esclarecer buena parte de nuestro pensamiento", pero no "la clave exclusiva y suficiente" para comprender "el funcionamiento del lenguaje y del pensamiento en general".Strawson iba a convertirse también en crítico de otros pensadores como Williard von Orman Quine, y en concreto el desmantelamiento que hizo el filósofo lógico estadounidense en su artículo "Dos dogmas del Empirismo" de la distinción entre las verdades analíticas y sintéticas, al que contestó con su obra "En defensa de un dogma" (1956).
Strawson defendió que las relaciones humanas presuponen que nuestras acciones son fruto del libre albedrío y que la amabilidad, la malevolencia o la indiferencia se hacen acreedoras de reacciones como el resentimiento, el perdón o la gratitud.
(EFE)