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Nacidos para luchar: Sudáfrica es el campeón del mundo

Los Springboks vencieron a Inglaterra 32-12, son los primeros en ser campeones tras perder un partido en el torneo

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02 de noviembre de 2019 a las 09:39

“Jugamos por mucho más que nosotros 23. Jugamos por los millones que nos ven en casa, los que viven en los barrios, en la calle. Sabemos que en casa hay problemas, pero el coach nos dijo: ‘ya no juegan por ustedes, juegan por todo un país’”. Es la muestra de que a pesar de los problemas, si todos nos unimos podemos lograr grandes cosas”.

Siya Kolisi es el primer capitán negro en la historia de los Springboks, y sus palabras fueron apenas segundos después de que su selección venciera este sábado a Inglaterra 32-12 para proclamarse campeón mundial. 24 años después de que Nelson Mandela le entregara la copa a Francois Pienaar, dando un vuelco a la historia del rugby en Sudáfrica y transformándolo en un signo de unión en vez de división, los Springboks levantaron su tercera copa del mundo (en el medio estuvo la de Francia 2007). Y otra vez significó mucho más que rugby. Por el hecho de que la levantara un negro, pero también por que el país está en llamas, con 30% de desocupación y una crisis política tras otra, que muestran lo difícil que es llevar adelante el “país del arcoiris”.

Y esa resiliencia que pidió Kilisi a su patria fue la que tuvo Sudáfrica en la copa del mundo. No en vano es el primer equipo en la historia que se proclama campeón del mundo habiendo perdido un partido en el torneo. En su caso, fue el debut, un 13-23 ante Nueva Zelanda que llenó de dudas al equipo.

No era una situación nueva. En la mitad del camino al Mundial, en febrero de 2018, cambió su entrenador: fue despedido Allister Coetzee  y en su lugar asumió Rassie Erasmus. Los Boks no encontraban el camino, ni en la cancha ni fuera de ella, donde sufrían el éxodo de jugadores hacia Europa y hasta tenían que eliminar franquicias del Super Rugby por problemas deportivos y económicos.

Pero Sudáfrica se levantó. No fue el equipo más vistoso del Mundial, ni mucho menos. Más bien, fue la personificación del rugby sudafricano: bien físico, concentrado en dominar al rival en ese departamento antes de hacer correr la pelota, privilegiando el uso del pie al correr y pasar y brindar show.

Llegó en relativo silencio hasta la fase final. Tras perder con Nueva Zelanda, venció cómodamente a Canadá y Namibia, y luego venció con facilidad a Italia 49-3 en un partido desnaturalizado por una expulsión a los italianos. En cuartos dio una clase de rugby defensivo ante Japón, al que venció 26-3, pero no muchos prestaron atención, porque el rival no era un top. Luego, en semifinales, clasificó jugando un partido pragmático ante Gales 19-16. Todos hablaban de Inglaterra, que había jugado el partido del año al vencer a los favoritos, Nueva Zelanda.

Y así, en silencio, Sudáfrica llegó a la final e hizo con Inglaterra lo mismo que el equipo de la rosa había hecho en la semifinal. Aprovechó que el rival había hecho el partido perfecto una semana antes, y que es muy difícil hacerlo en partidos consecutivos. Lo dominó en el scrum, anuló a sus dos mayores herramientas defensivas (Sam Underhill y Tom Curry). Controló el ritmo del partido gracias a un buen uso del pie, se adueñó de la pelota, empezó a sumar penales con el scrum, y se fue al descanso ganando 12-6. Una diferencia quizás demasiado corta pero que, como ante Japón, servía el plato en bandeja para comerlo en el segundo.

Y en el segundo no perdonó. Siguieron golpe a golpe, como una pelea de boxeo, hasta los 66 minutos, cuando estaban 18-12. Y ahi, el desgaste de todo el partido pagó: cuando los espacios aparecieron, Mapimpi usó el pie y jugó bien con Am para terminar apoyando el try que le daba una cabeza de ventaja, 25-12. Y cuando Inglaterra no tuvo otra que salir a arriesgar, lo remató: su estrella ofensiva Cheslyn Kolbe, que no había tenido chances en todo el partido, aprovechó una pelota recuperada, pisó hacia adentro y aceleró para apoyar el try que liquidó el partido con el 33-12.

Fue el mundial de la reivindicación de las defensas, y parecía ser también el de la revancha del Hemisferio Norte, tras la paliza del Sur en Inglaterra 2015, cuando metió los cuatro equipos en semifinales. Sin embargo, el dominio sigue estando en el Sur, que ha ganado ocho de nueve torneos. Y fue el premio a los resilientes sudafricanos, que pelean por mucho más que el rugby, y que están acostumbrados a recuperarse de las adversidades.

La ficha

Inglaterra 12-Sudáfrica 32
Inglaterra: Daly - Watson, Tuilagi, O. Farrell, May (Joseph 70) - (o) Ford (H. Slade 50), (m) B. Youngs (Spencer 75) - Underhill (Wilson 60), B. Vunipola, T. Curry - Lawes (Kruis 41), Itoje - Sinckler (Cole 3), George (Cowan-Dickie 60), M. Vunipola (Marler 46)

Sudáfrica: le Roux (F. Steyn 68) - Kolbe, Am, de Allende, Mapimpi - (o) Pollard, (m) de Klerk (Jantjies 77) - du Toit, Vermeulen, Kolisi (Louw 64) - De Jager (Mostert 22), Etzebeth (Snyman 60) - Malherbe (Koch 44), Mbonambi (Marx 22), Mtawarira (Kitshoff 44)

Espectadores: 70.103

Árbitro: Jérôme Garces (FRA)

Los puntos:

Inglaterra: 4 penales - Farrell (23, 35, 52, 60)

Sudáfrica: 2 tries - Mapimpi (66), Kolbe (74), 2 conversiones - Pollard (67, 75), 6 penales - Pollard (10, 26, 39, 40+3, 46, 58)

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