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Nacional, el agua y el aceite

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08 de diciembre de 2018 a las 05:04

Nacional tiene este sábado una cita con la historia, en un marco muy especial, porque 37.000 habilitados, en un inédito registro para un club de fútbol uruguayo, elegirán no solo a un presidente sino que confiarán su pasión a quien deberá gestionar a una institución que cerró un trienio para el olvido. El más amargo que recuerdan después de Ceferino Rodríguez y el quinquenio de 1997.

Quien este sábado sea electo no solo tendrá la obligación de volver a poner a Nacional en el rumbo que lo llevaron las administraciones antes de la llegada de José Luis Rodríguez, sino que deberá saber amalgamar lo mejor que tiene el club y que no supieron aprovechar.

Eduardo Ache y Ricardo Alarcón se anotaron en la historia por diferentes logros, deportivos o institucionales. Con Ache, Nacional quebró una estadística negativa histórica porque ganó más títulos que Peñarol en una década después de 50 años y había encaminado la de 2010 para que extendiera el dominio deportivo. También con Ache logró el control político de la AUF. Luego, con Alarcón, abandonó el pasado para empezar a recorrer el futuro desde el mundo del marketing, nuevas tecnologías, mejor comunicación y una renovación institucional que le permitió una modernización que posteriormente imitaron la AUF y Peñarol. Así Nacional inició su crecimiento en el padrón social hasta llegar a registros nunca imaginados para el fútbol uruguayo.

Sin embargo, también Ache y Alarcón se encargaron de provocar una fractura en Nacional. Aunque obraron con sus gestiones para generar el efecto contrario, sus estilos opuesto dividieron al club, lo debilitaron y abrieron una grieta por la que se coló José Luis Rodríguez, para llevar al club a la crisis institucional actual. A una institución deficitaria, que multiplicó su pasivo y que vive a la sombra deportiva de Peñarol, que en noviembre logró el bicampeonato y que en 2019 irá por el trienio, con un club fortalecido en todos los aspectos.

Ache y Alarcón fueron el agua y el aceite en la forma de conducir y construyeron el gran debe institucional que tiene Nacional: haber aprovechado a sus dos mejores dirigentes de los últimos 20 años.

Sin querer, o exprofeso para ganar la elección –eso lo dirá el tiempo–, Decurnex y Fuentes se encargaron de extender esa división institucional para convencer a los socios con promesas de llevarlos a ocupar la silla más importante en el nuevo Congreso de la AUF.

Por eso, este sábado es un día histórico para Nacional. Quien sea elegido presidente tendrá la responsabilidad de zurcir y aprovechar la mejor historia del club para potenciarla para el futuro. Si logra hacer de Ache-Alarcón una sola fuerza o neutraliza el efecto que provoca el choque de esas dos corrientes, habrá reconstruido lo mejor de las últimas décadas. En caso contrario, Nacional seguirá cargando con esas diferencias filosóficas y modelos institucionales que lejos de potenciarlo, en 2018 lo terminaron hundiendo.

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