Seamos sinceros. Nacional llegó al Parque envuelto en un mar de dudas. Nadie puede obviar que hasta el día de hoy se pone en tela de juicio si el campeonato Apertura lo ganó Nacional o lo perdió Peñarol. Es la verdad. Salvo los fanáticos, el común denominador de los aficionados se hace la pregunta. El tricolor arribó a su cancha con las heridas abiertas por el golpe de Cerro Largo y el nocaut de Libertad. Y obviamente que las dudas pasaron por si Burián debe ser el golero, si la rotación de jugadores estuvo bien o mal, o si Píriz tiene que volver a ser el cinco. Y evidentemente en la redada de las dudas también cae el técnico Marcelo Gallardo. Es que su equipo no mostró una cara convincente en lo que va de la segunda parte del año. Tuvo un buen remate de torneo en el Apertura, es verdad y lo demuestra que apenas perdió un partido, pero el aspecto futbolístico se limita a pocos juegos. Queda la sensación de que las individualidades sacaron la cara.
Nacional tuvo un poco de paz
Después de media hora de apatía y desencanto, despertó y comenzó a sanar sus heridas