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14 de octubre 2023 - 5:04hs

El brutal ataque del grupo terrorista Hamás en territorio israelí, hace exactamente siete días, ha generado una ola de pavor e indignación en Israel y en muchos de los países occidentales. Pero en otros países, especialmente del mundo árabe, en sectores antisemitas ha sido recibido con otro sentimiento. Un sentimiento de condolencia a las víctimas inocentes sí, como lo son los cientos de civiles asesinados a mansalva en sus casas o en un festival de música, ya sean ancianas, mujeres embarazadas y niños. Pero también un sentimiento de justificación: “esto es culpa de las malas condiciones a las que Israel somete a la población de Gaza”, “ la respuesta a años de aislamiento y sometimiento”, “es la lucha del pueblo palestino por tener su estado y su territorio”, etc, etc.

Un ejemplo muy claro fue la declaración del Partido Comunista del Uruguay el mismo sábado 7 por la tarde. Dice así: “las acciones de esta madrugada realizadas por Hamás y la declaración de guerra del gobierno de Israel ponen en peligro la vida de decenas de miles de personas”.

"Rechazamos cualquier acción terrorista, y también calificamos como tales la brutal política de ocupación y exterminio del gobierno de Israel durante décadas. El cese inmediato de las acciones armadas y el cumplimiento de las Resoluciones de Naciones Unidas deben ser inmediatas".

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"El pueblo palestino tiene derecho a vivir en paz, a resistir la ocupación, a exigir la liberación de los miles de presos en cárceles israelíes, hombres, mujeres y niños, así como a mantener soberanía plena sobre su territorio".

Es notable ver como comienza. “las acciones de esta madrugada realizadas por Hamás y la declaración de guerra del gobierno de Israel ponen en peligro la vida de decenas de miles de personas”. Parecía que Hamás salió de paseo por Israel y que ello generó una insólita  declaración de guerra por parte del gobierno israelí. A la hora del comunicado ya se sabía la magnitud del atentado (se habían contado en ese momento más de 500 muertos, varios miles de heridos y, lo que nunca había ocurrido, la toma de rehenes civiles en el orden de 120). Era para Israel, el equivalente del 11/S en Estados Unidos en cuanto a impacto moral y emocional, en cuanto a la sorpresa y la audacia, pero no así en cuanto a la magnitud porque midiendo la proporción de víctimas sobre la población lo del sábado fue mucho peor. En efecto, la cifra de víctimas fue casi idéntica, pero la población de Israel es de 10 millones en tanto que la de Estados Unidos ronda los 300 millones. Y para peor, el dolor no terminaba con la operación militar sino que siguió y sigue con los rehenes llevados a la Franja de Gaza. Con asomarse un poco a las redes sociales, aún un espectador lejano se ve invadido de un notable temor y repulsión a lo que se ve.

Parece, con todo, que el Comité Central del PCU no se asomó a las redes sociales, o consideró “fake news” lo que allí aparecía. El FA fue un poco más moderado pero tuvo que sacar dos comunicados. El primero no tuvo referencia a los “ataques terroristas” pero sí se sumaron esas palabras en el segundo emitido el lunes por la noche, luego de varias negociaciones de las autoridades de la fuerza política.

Mucho más grave fue la reacción del presidente colombiano Gustavo Petro, quien comparó la situación en la Franja de Gaza con el campo de concentración de Auschwitz, mientras que evitó condenar los ataques terroristas de Hamás. Y no hay que hablar de las posiciones de Daniel Ortega y Nicolás Maduro, pero esos no son regímenes democráticos como sí lo es el de Colombia.

Ante los ataque terroristas de Hamás, el gobierno de Israel declaró el estado de guerra y se dispone a castigar a la organización terrorista y a eliminarla de la faz de la tierra (al cierre de este columna se creía inminente que comenzara una invasión por tierra).  El principal problema es que los líderes terroristas viven en el exterior y los que están en Gaza se camuflan con la población civil. Por ello, los ataques a los terroristas tienen el riesgo de alcanzar a la población civil, que suele ser usada como escudos humanos. Hamás hasta usa los hospitales y escuelas para esconderse, de modo que si son atacados dirán que Israel ataca blancos civiles e inofensivos.

Por todo ello, la respuesta de Israel, y para la que ha recibido apoyo de los Estados Unidos y de Europa, debe conducirse por las “reglas de la guerra” como señaló el presidente Biden al dar todo su respaldo y enviar un portaviones a la zona de operaciones.

Ayer el presidente de Israel, Isaac Herzog, señaló que su país actúa según las normas del derecho internacional y eso es lo que se espera de un estado democrático, el único de Medio Oriente. Pero ello no es fácil porque no es una guerra convencional, con el enemigo en la puerta de al lado y que ataca escondido desde puestos civiles. Y el peligro de que se sumen nuevos actores, como el poderoso Hezbolá, con Irán en la trastienda.

Israel, además, debe estar pensando en el día después de lograr eliminar Hamás porque no es fácil el gobierno de Gaza, hoy sometido a la dictadura del grupo terrorista. En algún momento, habrá que pensar en una paz duradera con una solución a la cuestión palestina.

Lo importante, en todo caso, es entender que aquí nadie puede mirar para el costado pensando que este en un conflicto árabe-israelí. La postura de Hamás, y de quienes lo patrocinan abierta u ocultamente, es no solo la desaparición del Estado de Israel, sino una suerte de “guerra santa” a nivel mundial contra el pueblo judío y contra el cristianismo. Lo dijeron en varias oportunidades dirigentes de Hamás: el objetivo final es imponer el dominio islámico sobre todo el mundo. Para esa visión, incluso el nacionalismo palestino es un obstáculo, porque va contra la unidad islámica.

De modo que hay que mirar con atención lo que ocurre en Israel y en sus alrededores. Y hay que tener en cuenta que apoyar a Israel no implica decir “amén” al gobierno de Netanyahu. Como decía hace dos días Larry Summers, exsecretario de Tesoro de Estados Unidos y expresidente de Harvard, al quejarse de la falta de reacción de esa universidad contra el terrorismo de Hamas: “Para ser claros, nos es incorrecto criticar la política de Israel en el pasado, en el presente y en el futuro. Yo mismo he sido crítico de Netanyahu. Pero eso es muy diferente de la falta de claridad en la condena del terrorismo”.

Eso es lo que divide las aguas.  

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