Pocas veces se junta tanta gente con cargos públicos de relevancia en el país como este jueves en la ceremonia del 75 aniversario de la empresa de transporte Cutcsa. Ni siquiera en un acto patrio están junto el presidente José Mujica, los expresidentes Tabaré Vázquez, Jorge Batlle y Luis Alberto Lacalle, el 90% de los ministros (el de Interior, Economía y Salud, entre otros), intendentes, directores municipales y legisladores de todos los colores.
Todos ellos, junto a empresarios y figuras de varios ámbitos del país, se reunieron con propietarios y trabajadores de la empresa, en una carpa en la planta que queda sobre la calle José Pedro Varela. Eran casi 400 personas.
Luego de discursos iniciales y un repaso histórico con un largo video, los presentadores encararon la recta final del evento con la entrega de algunos reconocimientos a socios y actores vinculados a sus actividades. También Cutcsa recibió algunos regalos, y en ese ínterin, se dio paso a que El Correo presente un sello conmemorativo de los 75 años de la empresa y un mata sello con el mismo motivo.
En nombre de la institución, se acercó al estrado la vicepresidenta en ejercicio de la presidencia del organismo público, Solange Moreira, una militante del Movimiento de Participación Popular (MPP) nacida en Rivera que asumió el cargo el 1º de junio de 2010. Iba a dirigirse a los presentes para presentar el sello.
Hasta ahí todo normal, aunque la realidad sobrepasó a la organización y a los presentes.
Moreira se despachó con un discurso político que poco se atuvo a la ocasión. Habló de los logros del Frente Amplio desde que llegó al gobierno, de la creación del nuevo sistema de salud y del Plan Ceibal. Mencionó que no todo es perfecto, pero que en el mundo siguen habiendo guerras y gente con hambre.
Los minutos pasaban y en primera fila, con Vázquez y Mujica en el centro, comenzaba el murmullo inquietante, típico de cuando un discurso se extiende más de lo común. Desde más atrás, algunos iniciaban aplausos para cortar a Moreira. Incluso el presentador, el comunicador Fernando Vilar, intentó poner punto final a su discurso, pero Moreira le pidió “dos minutos más”.
A su lado, el presidente de Cutcsa la seguía con atención.
A esa altura la gente se impacientó. Uno de los que primero se paró para irse fue Batlle. Luego, una clase completa de escolares con sus maestras emprendió la retirada.
Pocos escucharon el discurso de Moreira. En el aire había una sensación de vergüenza ajena. Nadie se animaba a cortarla.
Fue así que Vilar la interrumpió para counicarle: “Me avisan de protocolo de Presidencia que el presidente Mujica se tiene que ir”.
“Un minuto más y termino”, respondió Moreira, y la gente explotó en un abucheo. Allí la vice del Correo preguntó a los presentes si querían que termine su discurso, y el “sí” retumbó a todos los lados.
Finalizada la inesperada exposición de la jerarca, la organización comunicó que por el tiempo perdido se suprimirían otras actividades. Moreira habló entre 10 y 12 minutos.
Se invitó al presidente Mujica a descubrir el sello, y de inmediato se fue.
Luego, en el brindis, no había otro tema de conversación: el discurso de Moreira.