Los vecinos reclamaron más comisarías y mayor presencia policial. "La gente tiene miedo de ir sola a las paradas", dijo una de ellas. "Nos fijamos por la aplicación cuando llega el ómnibus, porque no se puede estar mucho tiempo expuesto", agregó.
También pidieron una mayor vigilancia en el Liceo 51, ya que los adolescentes que allí asisten fueron víctimas de robos. Los padres se juntan para acompañar a sus hijos y las profesoras concurren con alguien de su familia, porque no se animan a irse solas por la actuación de una "bandita de gurises" de la zona que genera un "clima espeso", relataron. A toda esta situación se agrega la falta generalizada de luz en las calles del barrio.
Otro de los vecinos planteó críticas al director de Convivencia y Seguridad del Ministerio del Interior, Santiago González, con quien mantuvieron una reunión hace aproximadamente un año. "Allí entendimos que se había acordado que iban a ocurrir ciertas cosas, pero no pasaron". "Nunca nos llamó", dijo el vecino.
Según el testimonio, el jerarca les dijo que, para desplegar el Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO), la zona tenía que estar "en rojo", algo que no se produce porque los vecinos no denuncian.
El vecino planteó su preocupación por el crimen organizado instalado en el barrio. En particular habló de un par de bocas de venta de droga que, literalmente, se están "comprando" el barrio. "Empiezan prestando plata para el almacén o para la luz y después, si no pagás, se terminan quedando con tu casa", advirtió. Coincidió además en que denunciar este tipo de situaciones deja muy expuestos a los vecinos que, señaló, tienen que seguir conviviendo en el barrio.
En ese marco, señalaron a un hombre es quien "saca provecho" de toda esa situación y "vive en terrible casa, con muro, vigilancia y todo". Al punto que, algunas veces y cuando en la zona "hay alguno muy pasado" tienen que ir a hablar con él, que termina siendo "el dueño del barrio". Y, si bien tratan de organizarse para buscar soluciones, el vecino sostuvo que hay cosas que los vecinos no pueden hacer. "No podemos hacer de detectives", dijo. "No podemos hacer de espías, porque al otro día tenemos que ir a la parada o a buscar a los gurises al liceo".
Otra integrante del grupo consideró fundamental la instalación de cámaras de vigilancia. "Para robar cortan las cercas de la cooperativa, entran a los estacionamientos, abren las rejas, se trepan por los muros para ver si pueden entrar a sacar algo", contó. "Eso no es vida para nadie", lamentó.
Molestia con director de Convivencia
A la Comisión de Seguridad y Convivencia también concurrieron los integrantes de la Red Interbarrial La Vida Vale, que nuclea a vecinos de los barrios Casavalle, Las Acacias y Marconi. El grupo surgió en 2016, tras el asesinato de dos jóvenes de la zona.
Una de sus integrantes, E.N,les hizo a los legisladores un reclamo concreto: que trasladen a sus partidos su pedido de más seguridad. Dijo que el grupo está dispuesto a trabajar con el Ministerio del Interior, aunque con una puntualización. "No queremos que nos digan, como como nos dijo el señor Santiago González, que los delitos bajaron, porque nosotros vivimos en el barrio y sabemos que no es así".
Las reuniones con González, apuntó, lejos estuvieron de tener resultados. "No sé si es que no nos cree o le cuesta creer lo que le explicamos", dijo. "Vivimos en una balacera permanente. Todas las tardes y noches hay balaceras en los barrios, y parece que no nos cree". La mujer cuestionó a González por "tomarse la libertad" de visitar algunas casas. "En nuestro barrio, que te visite el director de Convivencia y Seguridad Ciudada poco menos que está diciendo: apunten y disparen", dijo. "Es muy complejo y se lo hemos dicho".
"Le hemos alcanzado denuncias y, después, él nos pone en evidencia frente a los colectivos sobre los que presentamos denuncias", advirtió. "Estas cosas no nos pueden pasar. También en este caso, los vecinos dicen tener miedo de efectuar denuncias y, directamente, no confiar en la seccional policial. La razón: desde allí se ha "filtrado información" que llegó a manos de los delincuentes.
"No queremos que nuestros niños tengan que escuchar el ruido de una bala y tirarse debajo de la mesa en un CAIF, porque no estamos en guerra", dijo. "Sin embargo, los niños hacen cuerpo a tierra desde los dos años".
En esta zona también está presente el reclamo de instalar cámara de seguridad. "No podemos permitir que nuestros adolescentes estén caminando con armas a las cuatro de la tarde como si nada", lamentó la mujer.
Como en los otros barrios, la vocera de este grupo marcó serias carencias en cuanto a medidas que puedan favorecer la convivencia: iluminación en las calles, poder disfrutar de los espacios públicos y un adecuado servicio de salud. Debido a varios incidentes, la policlínica barrial redujo su horario de atención. "El pedido de especialistas y de medicamentos es toda una transa", aseguró. "Esto es violencia social y discriminación".
La mujer también consideró fundamental que se facilite el acceso al trabajo a los habitantes de estos barrios. En particular, a los jóvenes. "No podemos dejarlos en la calle, poque allí van a encontrar a otros, que los agarran, les dan un poquito de plata y los arrastran a hace otra cosa", dijo.
La cuenca de Casavalle tiene una particularidad: según los vecinos, más de la mitad de las personas que son liberadas "vuelven" a residir en la zona. Y lo más probable, advierte, es que al no tener posiblidades de salida, reincidan.
Chanchos que salen de las bocas
Una representación de vecinos del Barrio El Monarca también concurrió a la comisión. Sus integrantes pidieron que no se transcribieran sus nombres ni sus iniciales. Uno de ellos comenzó su intervención denunciando la falta de presencia policial y la falta de honestidad de Policía. "Tenemos fotos de que cobran y se van", aseguró.
Según contó, también allí hay dos bocas de venta de droga que se están adueñando del barrio. "No es que les tengamos miedo, pero son gurises de 14, 15 o 16 años que andan con revólveres", dijo. "Para hablar con una persona de esas, le tenés que pegar un tiro en la cabeza. Si no, te va a lastimar". Las bocas, además, tienen cerdos. "No podés dejar abierto, porque se te mete un chancho para dentro", dijo. "Ya se está transformando en un 'cante'".
A la Policía, dijo, jamás la ven. "Nosotros mismos cuidábamos el barrio", recordó. "Salíamos de patrulla de noche, a los gurises conocidos que estaban de relajo los mandábamos para la casa y a los que no lo eran, para afuera". Eso, dijo, es imposible ahora. "Ya no se puede salir así, porque salís regalado a que te lastimen o lastimar a otro".
El hombre invitó a los diputados a ir al Don Márquez, un barrio vecino. Allí vive "Zulma", la dueña de una boca que llega a congregar hasta 100 autos y camionetas, que entran a buscar droga. "Lo vemos todos los días, pero la policía no", que se quejó. "Los patrulleros están cinco minutos y se van".
Al final de su presentación, le pidió a los diputados que el planteo no quede en la nada. "Si es así, lamentablemente algún padre de familia va a caer preso", advirtió. "Vamos a estar como los cowboys, con los revólveres en la cintura", concluyó.