La directora argentina Lucía Puenzo, que hoy estrenó en el Festival de Cannes su tercera película, Wakolda, firma con ese filme una aproximación al tiempo en que el criminal de guerra nazi Joseph Mengele, interpretado por el catalán Alex Brendemühl, estuvo refugiado en Argentina.
El viaje de una familia desde Buenos Aires hasta Bariloche, y una vez allí la relación que entablan con el físico alemán que les acompaña, sirve de excusa para acercarse a esa historia y al doble juego de identidades al que recurrieron los refugiados nazis.
La película es una coproducción argentina, española, francesa y noruega, y cuenta con la actuación de Natalia Oreiro, Diego Peretti y Brendemühl, un actor "perturbadoramente similar" físicamente al personaje real.
"Era un cásting imposible, porque tenía que hablar muy bien español, un perfecto alemán con acento de Mengele, y ser parecido físicamente y por edad. Podía ocurrir que no existiera en la faz de la Tierra, estábamos preocupados de no encontrarlo, y por suerte Alex pudo", apuntó la realizadora.
Lo que más le atrajo a Brendemühl, de madre española y padre alemán, fue "investigar sobre la historia del pasado de este personaje, sobre el misterio de este monstruo", y a través de la inmersión en esa figura, intentar entender algo sobre su propia historia y la de la sociedad.
"Fue un trabajo duro porque es un personaje rígido, que lo esconde todo, que mantiene una actitud totalmente impermeable al mundo exterior, y quieras o no te obliga a tener un tipo de concentración muy determinada, lo que a veces es bastante agotador, pero súper interesante", señaló el actor.
La realizadora se centra especialmente en la relación que mantiene con la hija de la familia, de once años de edad, porque más allá del periódico histórico, "que es muy suculento", quería jugar con esos personajes y los vínculos que establecen "encerrados en un gran hotel en las afueras de Bariloche, completamente solos".
Y el hecho de que su tercer filme le haya hecho volver a Cannes, según confiesa, le supone "una alegría gigantesca", porque "no hay mejor lugar en la vida de una película", ya que a XXY le representó un "espaldarazo muy importante".
En Cannes cohabita la esencia del cine con toda la superficialidad de las fiestas y del glamour, un "circo absurdo y divertido", en palabras de Brendemühl, que compagina toda esa frivolidad con "películas de denuncia y corte social", y que acaban haciendo que sea "the place to be".
Pasado el brillo del festival, la directora va a volver durante unos meses a la escritura, y el actor regresará al rodaje de la película de Luis Miñarro sobre el reinado de Amadeo de Saboya, "ese rey olvidado que reinó del 1871 al 1873, que vino de Italia y se encontró una España convulsa, como la España actual".