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Niños a la deriva, sin voz ni tratamiento

Si los padres no pueden pagar una terapia particular, las listas de espera en ASSE llegan a 24 meses 

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08 de abril de 2019 a las 05:00

Natalia –nombre ficticio- tiene cuatro años y todavía no habla. Se esfuerza, pero no puede. No alcanza expresarse correctamente y formula oraciones con poco sentido. Los pediatras de la policlínica de su barrio la derivaron de urgencia a un especialista para iniciar un tratamiento de fonoaudiología en Salud Pública. Su padre ha llamado a quejarse porque lleva casi cinco meses esperando por la cita. Y para su desgracia, le respondieron que la consulta recién la tendrá cuando Natalia cumpla seis años de edad. 

Es que las listas de espera para acceder a un fonoaudiólogo dentro de la Administración de Servicios de la Salud del Estado (ASSE) se dispara hasta los 24 meses. Así lo pudo comprobar El Observador a través de una especialista que prefirió no revelar su identidad. El padre de Natalia, al igual que muchos otros uruguayos, no dispone del dinero para financiar el tratamiento de forma particular, el cual le costaría entre $3.000 y $5.000 pesos por mes, dependiendo del profesional. El punto crítico es que la terapia fonoaudióloga puede durar unos pocos meses o bien mantenerse por un par de años.

“Es una situación dramática. Para nosotros esto es una preocupación permanente. Las demoras son reales, pero no porque queramos. No damos abasto”, aseguró a El Observador Alicia Munyo, jefa del servicio de Fonoaudiología del Hospital Pereira Rossell, centro donde se atienden todas las derivaciones de pacientes de salud pública de Montevideo orientados al lenguaje.

Propuesta

Actualmente siete fonoaudiólogos atienden a 300 niños en ese hospital, informó Munyo. Y aunque reconoció que el número de profesionales es reducido, explicó que lo ideal no es aumentar los cargos dentro del centro, sino dotar de técnicos a las policlínicas barriales.

“Hay que intentar que el servicio esté cerca de las familias. Si llueve o si la madre no puede dejar al resto de los hijos con alguien, o si le falta dinero para el ómnibus, no llegan a la consulta y eso una plaza que se pierde. Este hospital es un centro de alta complejidad, el número de consultas debería ser limitado”, sostuvo la jefa del área y se lamentó que las autoridades de ASSE todavía no le hayan dado luz verde a la iniciativa que Munyo presentó hace un año.

El gerente general de ASSE, Alarico Rodríguez, aseguró a El Observador que si bien es interesante el planteo de la fonoaudióloga, ese no se va a poder concretar hasta 2021. “Esta incapacidad no es por falta de voluntad nuestra, lo que pasa es que implica la creación de nuevos puestos de trabajo en las policlínicas que no podemos hacer por estar en año electoral”, detalló el jerarca y adelantó que la propuesta deberá presentarse en la siguiente Rendición de Cuentas.

Asimismo, Rodríguez reconoció que es “dramático” que un niño con problemas en el lenguaje no tenga la posibilidad de iniciar un tratamiento a tiempo.

Las causas

En diálogo con El Observador, el Ministerio de Salud Pública (MSP) reconoció que es necesario afinar los diagnósticos de los niños para no sobre poblar las agendas de los especialistas con casos que podrían resolverse en el primer nivel de atención. “Sabemos que las demoras son importantes y que los niños con trastornos en el lenguaje entran un peregrinaje que hay que resolver mucho más rápido”, explicó Claudia Romero, directora del Programa Nacional de Salud en la Niñez del MSP.

Según adelantó la jerarca, las autoridades están desarrollando un protocolo de actuación para que las derivaciones al Pereira Rossell sean realicen con mejor puntería. “Hemos constatado que, muchas veces, se derivan niños que no necesariamente tiene las alteraciones en el habla indicadas para ver un especialista. Eso hace que la demanda se dispare y que la oferta profesional quede saturada. Tenemos que tratar de enmendar este problema”, apuntó la directora.

Munyo, por su parte, explicó en que los diagnósticos han aumentado porque los estímulos que los niños reciben para comenzar a hablar son “significativamente peores” a los que un niño recibía años atrás.

“Hoy interactúan más con pantallas que con personas y el diálogo es algo que se construye de a dos. Los padres suelen dejarlos horas con la televisión, con la tablet o con el celular y eso perjudica el desarrollo del habla”, dijo la especialista y recalcó la importancia de que las familias cumplan un rol activo en la interacción con los más pequeños para estimular su desarrollo cognitivo.

Las consecuencias

Además de involucionar en el habla, cuando un niño no recibe el tratamiento que necesita para progresar en el lenguaje, crece la posibilidad de que sufra problemas psicológicos, de autoestima y de relacionamiento con su entorno. Puede, incluso, atrofiar sus aptitudes sociales por sentirse discriminado.

“Con listas de espera tan largas se pierden también etapas propias de la adquisición del lenguaje”, explicó a El Observador Silvia Palermo, profesora de Fonoaudiología, en relación a los dos años de espera que sufre el paciente en ASSE. “Todo el proceso de aprendizaje se ve afectado, por lo que su desarrollo escolar también se altera”, agregó.

Palermo apuntó que los tratamientos pueden durar un par de meses o algunos años, dependiendo de la problemática de cada niño y de la posibilidad que tenga la familia para sostener la terapia en el tiempo. Es que el compromiso con el tratamiento puede ser difícil de mantener. “El hecho de ir semanalmente al hospital cuesta mucho, sobre todo para las familias comprometidas económicamente y que viven lejos del centro. Además deben tomarse el tiempo para reunirse con la maestra en la escuela y eventualmente con psicólogos. Muchos abandonan el proceso por el camino”, detalló la profesional y aseguró que la dificultad en el habla es una de las patologías con mayor prevalencia en los niños uruguayos.

En definitiva, dijo Palermo, lo importante es que Salud Pública consiga eliminar los obstáculos para que las familias puedan acceder y mantener el tratamiento en el tiempo. Porque de lo contrario, remarcó, crece la inequidad sanitaria entre ricos y pobres, dado que quien pueda pagar por el tratamiento privado mitiga la patología y el que no, convive con un problema sin solución.

Según supo El Observador, una consulta particular con un fonoaudiólogo ronda los $ 1.000 por sesión y el promedio, la mayoría de los pacientes puede necesitar entre una o dos consultas semanales. De todos formas, Palermo aseguró que los usuarios de mayor nivel adquisitivo tampoco están libres de obstáculos, dado que el sector privado de la salud, también arrastra complicaciones.  

Sector mutual  

Si bien presentan listas de espera, en las mutualistas no suelen ser mayor a los dos meses, dependiendo de cada prestador. Lo que sí sucede, advirtió Palermo, es que únicamente “cubren u ocho meses de tratamiento”.

“Algunos niños resuelven sus problemas en ese tiempo, pero otros necesitan sostener las consultas durante años. El mutualismo corta el tratamiento. Aunque el niño no haya sido dado de alta no tiene más derecho a atenderse”, disparó la fonoaudióloga y concluyó que si bien las largas listas de espera del sector público son alarmantes, “hay un montón de niños que quedan sin cobertura dentro del nivel mutual”.

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