Opinión > CAMINO A LA INTERNA

No tan rápido a las cuchillas, señores blancos. Mirá si Sartori les suma votos

Cuánto o cuán poco podrá influir Sartori en la interna del Partido Nacional en términos de votantes y cuántas o cuán pocas consecuencia tendrá en las elecciones de octubre su desembarco

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18 de mayo de 2019 a las 05:01

En los últimos meses hemos pasado por todos los estados de ánimo con respecto a Juan Sartori. La progresión es curiosa pero sobre todo vertiginosa: desconocido primero, millonario con o sin deudas luego, outsider recién llegado a la política y con métodos para nada tradicionales y para muchos cuestionables, candidato que trepa de forma interesante en las encuestas en los últimos días.

Mientras tanto hace falta preguntarse cuánto o cuán poco podrá influir Sartori en la interna del Partido Nacional en términos de votantes y cuántas o cuán pocas consecuencia tendrá en las elecciones de octubre, a las que el Partido Nacional y su candidato mayoritario, Luis Lacalle Pou, llegan como el principal contendiente al partido con 15 años de gobierno sobre sus espaldas. 

¿Es posible que Sartori se termine convirtiendo en un aliado -involuntario, al menos desde el punto de vista de sus competidores blancos- a la hora de acercar votos y presencia en las mentes de los votantes?

Recordemos qué pasó con las internas y con los blancos en esas elecciones en los últimos años. Primer punto a tener en cuenta: es el partido que mejor vota en estas instancias, un hecho que se deriva no tanto de su estructura (“aparato” también tiene el Frente Amplio y sigue bien aceitado, a pesar de la pesada carga que deriva de gobernar durante tres lustros) sino por su vibrante competencia interna. Es cierto que los blancos han hecho reiterados llamados a la unidad desde hace tiempo. Pero es cierto también que el mensaje de la unidad parece pesar más hacia la interna y el votante tradicional, que hacia los que están afuera, aún indecisos por partida doble: los que no saben a quién votar y ni siquiera están seguros de si votarán en junio.

En 1999, cuando por primera vez los uruguayos votamos en internas, 47% del padrón llegó a las urnas. Una cifra nada despreciable para una elección en la que el voto no es obligatorio, pero aún así baja para un país en el que el voto es una tradición esgrimida como signo de orgullo democrático. En 2014 cayó a 37% el porcentaje. De ellos, casi la mitad votó al Partido Nacional (PN) y así se dio el triunfo de Luis Lacalle Pou sobre Jorge Larrañaga.. En ese momento no había un tercer candidato con chances.

Este año las cosas cambiaron, y no tanto por los millones de Sartori o su “sistema” de contratar operadores en los barrios, que le acercan votos de una manera que recuerda mucho al clientelismo que a veces creemos haber dejado atrás. Cambiaron porque hay un tercer candidato que crece. Tercero por orden de llegada, tal vez segundo por intención de voto, según algunas encuestadoras. En definitiva un tercero que anda revoloteando ya no como un moscardón molesto, o no solamente, sino como una opción al menos posible. 

Sartori puede -potencialmente- arrear votantes al Partido Nacional que no son de ese partido e, incluso, que ni siquiera pensaban votar en las internas. ¿Serán estos votantes los más fieles blancos? Seguramente no pero, ¿qué y cuánta fidelidad podemos esperar en tiempos en que los indecisos son el grupo de prospectivos votantes más deseado y al mismo tiempo temido?

Algunas respuestas las tendremos el 30 de junio. Tal vez la menos importante es si Sartori queda segundo o tercero. ¿Votará el Partido Nacional mejor que en las internas de 2014? ¿Los que votan a Sartori apoyarán luego a Luis Lacalle Pou? ¿Sartori continuará haciendo política? Esta última pregunta es la que menos me animaría a responder. Lacalle Pou ya dijo que no le ofrecería la vicepresidencia a Sartori, pero Sartori jamás dijo que quería ser vicepresidente. A esta altura nadie puede afirmar que el uruguayo que se crió en el exterior llegó para quedarse luego de una derrota en la interna, ya no tanto por la decisión de los votantes sino por la suya propia. 

Es cierto que al Partido Nacional se lo ve crispado, pero es cierto también que a Sartori -en buena parte porque nada hace pensar que se siente “blanco como hueso de bagual”- no se le mueve el jopo ni un milímetro ni se le desdibuja la ensayada sonrisa que ostenta 24/7. Con lo cual me surge otra interrogante: ¿hace bien el Partido Nacional en ningunearlo? Y aquí establezco una diferencia; esta semana Ernesto Talvi salió duro a criticar el “juego sucio” del nuevo candidato blanco, que aunque advertido por la Corte Electoral no ha parado de traficar publicidad electoral mal disfrazada de otro tipo de comunicación. No escuché los mismos reparos por parte de los blancos y ese sí es un argumento de peso porque está violando las leyes electorales. Si los blancos no lo critican en este aspecto en pos de la unidad no se explica entonces por qué no intentan canalizar para sus tiendas esto que por ahora se asemeja a 15 minutos de fama pero quién sabe, podrían ser 15 minutos que acerquen votos….

Algún descerebrado alguna vez dijo que en la guerra y en el amor todo vale. No es así. Y en la política tampoco. O al menos no todo debería valer. Los encargados de confirmar o desmentir esta máxima serán los votantes. Por ahora todo es demasiado vidrioso, pero incluso en la niebla más profunda no es tan loco pensar que Sartori podría sumar al PN en términos de votos. 

Mucho puede cambiar en esas últimas seis semanas de campaña. Los líderes tradicionales blancos dicen que seguramente cambiará a su favor. Un dato que deriva de la encuesta de Equipos que vale la pena tener en cuenta en esta evaluación de potenciales cambios. Entre los que le interesa “mucho” la política, Lacalle Pou recibe el 55% de los apoyos, mientras que Larrañaga el 22% y Sartori el 15%. En cambio, entre los que no les interesa “nada” Lacalle Pou se queda con el 41% de las intenciones de voto, Sartori con el 30% y Larrañaga con el 19%.

Como explicó Ignacio Zuasnabar, director de Equipos, si en la elección predomina el “voto militante”, la diferencia de Lacalle Pou sobre el resto se amplía, mientras que en una elección donde vote un público menos interesado en política Sartori reduce diferencias significativas respecto a Lacalle Pou. Hasta ahora los menos interesados no votaban demasiado en las internas. Pero los tiempos cambian y a veces más rápidamente de lo que podría preverse.

Además, si hasta ahora y violando la ley Sartori no paró de meter plata en publicidad, no es descabellado pensar que desde fines de este mes lo vamos a ver hasta en la sopa. ¿Cuánto incidirá esto en las encuestas y, más importante, en el votante?

Es cierto que las encuestas viene cuestionadas por varios frentes y por la realidad de que no han sido demasiado efectivas a la hora de prever el comportamiento del elector en las últimas elecciones, un fenómeno que por otra parte es mundial. Pero siguen siendo una guía, incluso con sus muy diversas metodologías. Como dice Gonzalo Ferreira en su newslettter Decisión 2019 de esta semana, lo que importa es la tendencia y la tendencia (que se puede ver claramente acá) muestra que Sartori nació de un repollo a fines del año pasado y en febrero de 2019 ya era tenía su lugar en las gráficas; pasó del 5% al 14% entonces, al 22% o 24% de estos días. En 90 días. 

Tanto en 2014 como en la interna de 1999, el 41% de los uruguayos que eligieron votar en esa instancia lo hicieron por el Partido Nacional. Si en las internas influye mucho la competencia interna -como parece ser el caso de acuerdo a estos antecedentes- la llegada de Sartori y sus votos entre los no interesados en la política podría ser una buena noticia para los blancos. Al menos en lo que cantidad de votos se refiere. 

¿Vale la pena sumar votos arreados por un candidato que, al menos a los propios nacionalistas, les genera grandes dudas y temores? Ese ya es tema para otro análisis, en el que el oportunismo político (que muchas veces gana elecciones) no sea el factor crucial, sino la ética y la forma de hacer política.
 

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