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Ocho paseos por Montevideo que escapan de lo convencional y muestran otra cara de la ciudad

Ocho figuras vinculadas fuertemente con la ciudad eligen los paseos montevideanos que nunca se cansan de hacer

Parque Capurro

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27 de marzo de 2021 a las 05:02

Este fin de semana comienzan las vacaciones de Semana Santa, con un escenario atípico provocado por la pandemia de coronavirus y la situación sanitaria actual en Uruguay. Con las precauciones adecuadas, la situación actual permite de todas formas realizar distintos paseos al aire libre dentro de Montevideo. Es por eso que el equipo de Luces invitó a ocho figuras con un fuerte vínculo con la ciudad para que recomendaran sus recorridos favoritos por fuera de los rincones más conocidos de la capital, como la Rambla o el Parque Rodó. Estas fueron sus propuestas.

Alfredo Ghierra

*Artista visual

Disfruto mucho de perderme por distintos barrios. Caminar doblando esquinas aleatoriamente y saliendo de las avenidas principales. La última vez que lo hice fue partir de 18 de Julio y Ejido, zigzagueando por la zona del Parque Rodó y Palermo. Ir por calles como Durazno, Pablo de María o San Salvador, que son la quintaescencia montevideana, de una ciudad con escala humana, con una gran variedad arquitectónica y de árboles, es un disfrute. 

Otro recorrido clásico en el que te podés encontrar con la atmósfera montevideana es el barrio Atahualpa. Se suman los jardines de las casas y la arquitectura diversa que tiene la zona. También disfruto recorrer el Barrio Jardín, ese experimento que se hizo entre las décadas de 1940 y 1960, y que está comprendido en la zona de 21 de setiembre, Bulevar España y Bulevar Artigas. Sus edificios no están unidos por medianeras, sino que los rodean jardines, calles curvilíneas, y es prácticamente una exposición de arquitectura a cielo abierto. La zona de Libertad, Bulevar Artigas y Bulevar España es también muy linda para recorrer, es un barrio muy homogéneo, con muchos ejemplos destacados de art decó en su arquitectura. 

Barrio Jardín

En todos esos casos, además, se suman cafés y negocios de barrios a los que vale la pena entrar. 

El año pasado, cuando organizamos la muestra Ghierra Intendente en el Espacio de Arte Contemporáneo, hicimos con la fotógrafa Tali Kimelman un relevamiento por la zona de La Comercial, Aguada y Villa Muñoz, que es un ejemplo de barrios en los que todavía se pueden ver casas originales y donde siguen viviendo residentes de toda la vida. Allí se mantiene la vida de la vereda, de sacar las sillas a la calle cuando hace calor, aunque las rejas van ganando terreno. Esa zona, igual que Cordón Norte, también es ideal para caminar y perderse por ella. Son ejemplos de la ciudad anónima, por fuera de lo obvio, que ilustran la riqueza y la calidad de Montevideo.

Magdalena Martínez

*Periodista, autora de Montevideo, la bella durmiente

Mi paseo especial por Montevideo estos días es burgués, otoñal y consiste en admirar un árbol suntuoso: el ciprés calvo, especie procedente del sudeste de Estados Unidos y perfectamente adaptada a los suelos húmedos de Montevideo. En busca de este árbol grande y de forma piramidal, recomiendo recorrer algunas calles de Carrasco, acercarse a dos hermosos viveros del barrio y parar en las espaciosas cafeterías de Arocena. 

La calle Lucerna está a unos metros de la rambla, entre Avenida San Marino y J. Cúneo Perinetti. Son seis cuadras y está totalmente puntuada de una galería de enormes ejemplares de ciprés calvo. A estas alturas del año todavía se puede apreciar el color verde de esta conífera, pero poco a poco empezará a adoptar un naranja espectacular y otoñal. La presencia del árbol es tan densa de un lado al otro de la calle que es posible recuperar una piña sólo alzando la mano o mirando un poco el suelo. El conjunto de Lucerna es tan bello que la Intendencia de Montevideo lo recomienda como locación para rodajes audiovisuales. Mi paseo preferido consiste en arrancar al final de la calle, en Cúneo Perinetti, y recorrer hasta la Plaza República de Ecuador, que es grande y llena de árboles hermosos.

La calle Lucerna, en Carrasco

Si el espectáculo de Lucerna sabe a poco, Montevideo tiene muchas calles con cipreses calvos, pero si hubiera que elegir me trasladaría a otra zona de Carrasco: la calle Sir Eugen Millington Drake y toda la cuadrícula compuesta en el cruce de Eduardo Acevedo Díaz, Arocena, Lieja y Mones Roses. En Millington Drake se vuelve a producir ese pasillo único de cipreses calvos, un túnel vegetal suntuoso y elegante.

Si el visitante ha quedado tan fascinado como yo por los cipreses, pueden deambular por las calles adyacentes. En Eduardo Acevedo Díaz el conjunto adquiere nuevas y bellísimas texturas al combinarse con enormes timbós, pinos, araucarias y parcelas de pasto de un verde casi fluorescente. En toda la zona que llega hasta la calle Arocena y deambula por Lieja y Mones Roses, alguien tuvo la inteligencia de combinar los cipreses calvos con ejemplares de liquidambar. Más adelante, cuando estalle realmente el otoño, el espectáculo de los naranjas y rojos valdrá un nuevo paseo. 

Los cipreses calvos en la calle Lucerna

El recorrido admirando árboles puede completarse con una visita a los viveros de El Ceibo y Lavender. Se trata de dos viveros con estilo propio, El Ceibo (Av. Dr. Juan B. Alberdi 6157) tiene una enorme extensión, ofrece todo tipo de plantas y árboles, además de una colección de objetos de decoración donde cabe mencionar la variedad de macetas. El vivero Lavender (Divina Comedia 2014) es más pequeño, se especializa en flores y tiene una admirable colección de rosales. Cuenta además con una cafetería, pero es recomendable reservar porque suele estar llena. Ambos abren los sábados pero están cerrados los domingos. 

Marcelo Danza

*Urbanista, decano de la Facultad de Arquitectura

En Semana de Turismo ya es otoño y normalmente queda poca gente en la capital. Cuando eso pasa la ciudad queda vacía y se da una situación bastante atípica: se genera una especie de domingo prolongado en el tiempo. Esos momentos son ideales para caminar, especialmente en áreas que normalmente están hipercongestionadas, como la Ciudad Vieja o el Centro. En esta época el clima acompaña, los árboles agarran una coloración fantástica y podés ir mirando las fachadas, los edificios, valorando la ciudad. En ese sentido, el Prado también tiene lugares fantásticos para recorrer en otoño. La calle 19 de abril, Buschental, el Jardín Botánico y el Rosedal se ponen especialmente atractivos en esta época. 

En el Prado hay que tratar de entender cómo se fue conformando el barrio. El parque, por ejemplo era una quinta, la “Quinta del buen retiro” de Buschental, que vino de Francia y trajo especies vegetales de todos lados. Luego se adosaron más quintas y se generó ese entorno. Las casas que dan sobre Camino Castro y tienen fondos sobre el Miguelete eran lugares de veraneo. Es interesante aprovechar para entender qué es lo que generó la ciudad que estás viendo. En el caso de este barrio, además, es muy fácil reconstruir mentalmente la época. Hay varias casas que vale la pena ver, como las que están sobre 19 de abril, algunas con perfil oriental, mudéjar y más; eran casas para momentos de ocio y se generaban escenografías para la fantasía. Es fantástico también ver la Iglesia Las Carmelitas; allí se quiso hacer algo gótico a conciencia de generar una ilusión. 

Uno de los edificios emblemáticos del Centro

En Ciudad Vieja o el Centro es otra cosa. En Ciudad Vieja tenés piezas del Montevideo colonial y también de fines del siglo XIX e inicios del XX. Hay cosas fantásticas; el pase del siglo XIX al XX fue un momento muy potente para la arquitectura, porque fue el paso de la arquitectura historicista al art nouveau primero, y luego a la arquitectura moderna y náutica. Empieza a aparecer la arquitectura “renovadora”, una arquitectura que quería tener el aire que se veía en las películas, el cine y las revistas que llegaban desde Europa. 

Una de las cúpulas del Centro

Noelia Campo

*Comunicadora

Uno de los lugares de Montevideo que me encantan y, cuando puedo camino por ahí, es el barrio Jardín del Parque Rodó. A pesar de que lo rodean dos bulevares y una avenida, entrás al barrio y te invade la tranquilidad y el silencio. Poca gente suele caminar por allí. Y por lo general, los que caminan, andan paseando a su perro. Muchas veces te cruzás algún gato. Se escucha cantar a los pájaros y el arbolado es abundante y variado, con flores en primavera.

Detalle del Barrio Jardín

Lo que más me fascina son los distintos estilos arquitectónicos que uno encuentra. Típicos edificios con motivos náuticos, casas majestuosas tipo neocoloniales, edificios más modernos, de hace cuarenta años. Es un resumen de la variedad arquitectónica existente en Montevideo. Y me encantan los nombres de dos de sus calles, Gurí y Macachines. Debe ser lindo vivir en una calle que se llame Gurí.

Manuel Rivoir 

*Gestor cultural

La mejor forma de conocer una ciudad es en bici o caminando; yo siempre elijo pedalearla. La bicicleta me da muchas posibilidades, como ir a mi ritmo, parar cuando quiera, disfrutar las bajadas y de los aromas de la ciudad. En ese sentido, Montevideo tiene gran variedad de árboles; en octubre disfruto de los lapachos rosados de Bv. Artigas, y en diciembre me escapo de la rutina para pedalear por Bv. España, entre Bv Artigas y el ombú para oler los tilos en flor, o también la tranquila calle detrás de TNU, llamada calle Quijote, con sus inmensos y añejos tilos.

La calle Queguay

De los barrios que me gusta pedalear destaco Peñarol y Colón. En Peñarol, el pueblo ferroviario construido entre 1890 y 1907 es un viaje al pasado. En un circuito de siete cuadras hay mucho para recorrer y descubrir sobre nuestro patrimonio. Las vías ferroviarias, los trenes, la estación, las viviendas de los obreros —que fueron construidas por los ingleses a fines del siglo XIX—, todo es parte de la esencia del casco histórico. No se olviden de buscar el "trompo" en Aparicio Saravia esquina Newton, y crear su propia historia.

En Colón hay que recorrer las calles e imaginarse las casas en su época de villa, apreciar los añejos eucaliptus plantados por el francés Giot y dar un descanso en el Monte de la Francesa, al lado del popular Teatro de Verano de Colón, que lamentablemente este febrero estuvo adormecido y sin la fiesta barrial más maravillosa del verano: el Carnaval.

Gabriela Pallares

*Arquitecta

Un lindo paseo puede ser ir al jardín japonés por la tarde y luego terminar la jornada en el bar Vivero, que está a pasos del Parque Posadas (Patriotas 4329). Es un bar que ocupa un sector de un vivero, y en en las noches de verano adquiere su magia entre plantas, esculturas, muebles reciclados y luces tenues.

También recomiendo recorrer casas de antigüedades de la calle Tristán Narvaja, entre Paysandú y Cerro Largo. Es un viaje al pasado matizado con piezas modernas, las charlas con los dueños y curadores de los lugares que aportan muchos datos.

Otro paseo lindo para hacer con niños es recorrer los 17 murales del barrio Palermo. Se puede bajar la aplicación Books on Wall y se interactúa con los celulares mientras van contando historias*.

Murales de Palermo

Para niños también la Plaza Seregni es un lindo destino de juegos al aire libre para variar la Rambla, con varias canchas y espacios de sombra para leer o hacer un picnic “urbano”.

*El recorrido está momentáneamente inactivo debido a que se encuentra en restauración.

Mariano Arana

*Arquitecto, exintendente de Montevideo

Recomiendo el Parque Capurro. Es un parque que utilizan sobre todos los vecinos, que estaba de capa caída y del que se ha hecho una recuperación notable, bien hecho y con mucho cuidado. Le agregaron juegos para todas las edades y lugares donde practicar deportes, buena iluminación. Pero además tiene una muy buena forestación, la cantidad de bancos y mesas están muy bien. Tiene, además, una vista al Río de la Plata espectacular que deja grandes atardeceres. 

Parque Capurro

Luego, hay una calle que me encanta que es Santiago Vázquez, porque rompe con el damero estricto cuadriculado que viene desde las leyes de Indias y tiene variantes en altitud. Además tiene las urbanizaciones de Bello y Reborati, de las que me acuerdo de que, si las mencionabas en Facultad estabas quemado, pero que igual me parecen grandes construcciones.

Tali Kimelman

*Fotógrafa

La fotógrafa Tali Kimelman va al Parque Rivera cuando quiere estar en contacto con la naturaleza. Asegura que es un parque lo suficientemente grande para recorrer, con variedad de árboles y un lago en el corazón del espacio. El ojo fotográfico también juega su parte: destaca que tiene una luz muy linda al amanecer y al atardecer. “Dentro del caos de la ciudad y con los pocos parques que hay es de los más bonitos”, dice Kimelman, que destaca también el Jardín Botánico.

Parque Rivera

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