16 de noviembre 2012 - 21:56hs

Son 11 historias que tienen en común la participación, más o menos protagónica, de lo sobrenatural. Esa era la consigna que se le ocurrió al escritor, guionista de historietas, editor, periodista y gestor cultural Rodolfo Santullo. La selección de los autores es su responsabilidad y la calidad general de los cuentos es un aval de su ojo clínico. Los estilos son muy diferentes pero, en casi todos los casos, lo que exhiben son buenas historias, bien contadas.

Santullo hizo un llamado a escritores uruguayos y argentinos. Había que entregar un cuento fantástico de no menos de tres páginas y no más de 30 antes del final de febrero. Once escritores respondieron enviando sus cuentos: nueve uruguayos y dos argentinos.

Con el conjunto armado, Santullo se contactó con ilustradores que aportaron un dibujo para cada uno de los cuentos: Soledad Otero, Dante Ginevra, Jok, Elián Stolarsky, Leo Sandler, Fernando Ramos, Matías Bergara, Alejandro Rodríguez Juele, Fernando Calvi, Nicolás Brondo y Mr Exes.

Cuando todo estuvo listo, el libro llegó a manos a la editorial Estuario. La editora designó al escritor Daniel Mella para el prólogo.

Las palabras de Mella son un inicio curioso del libro. El prologuista se extraña por el hecho de que le hayan dicho que no podía escribir un cuento y se ocupa de admitir que no leyó el libro, así que decide hablar sobre la primera imagen que le viene a la mente cuando se enfrenta con la palabra “sobrenatural”, lo que encontró en Google sobre el número 11, lo que se le ocurrió a él sobre ese número y dos historias autobiográficas sobre fantasmas.

Después de ese primer asombro, no del todo agradable, empieza la historia de Daniel Baldi, Los muertos tienen derecho a un abogado. Es un relato truculento, no de los mejores del volumen, pero con un pulso narativo firme y decidido.

Sigue Dominación, de Martín Bentancor, en mi opinión el mejor del libro. Me impresionó cómo en tan pocos trazos se dibuja el drama de los agonistas, en medio de una amenaza sobrenatural. Les creí, sufrí con ellos y disfruté de los paisajes de esa pesadilla tan bien dirigida.

La niña que convocaba a las gaviotas, de Horacio Cavallo, es otro buen relato. Desde la óptica infantil, el misterio se abre paso, paradójicamente, con naturalidad.

No pude seguir El viaje hacia El Charlie, de Fernández de Palleja. Me perdí en algún recodo de un camino que se hizo muy empinado.

Algunas notas sueltas sobre el país de los gigantes, de Luciano Lamberti, es un ejercicio lúdico a lo Ítalo Calvino o Alberto Moravia. Se plantea todo un mundo paralelo al del lector, con similitudes y diferencias que se van desdibujando. No es una historia sino “algunas notas” y, con la complicidad del lector, la maquinaria funciona.

El fantasma, de Pablo Makovsky, tiene el encanto de un cuento realista, aunque es lícito que figure en esta colección. Sus páginas transitan el camino de la melancolía, con un aire de misterio.

La historia de Santullo, Los predicadores, es de las que más disfruté. Es un policial que se agrava a lo sobrenatural, en una Punta del Diablo invernal edificada de buena literatura. El relato no tiene fisuras, el ritmo está muy bien sostenido y la trama tiene ingenio. Hay, a mi juicio, un pequeñísimo desliz, que brilla en esa historia tan bien construida: una mención a cómo la vida se parece a los clichés, una reflexión del investigador protagonista, que se vuelve lector y espectador, y teme estar protagonizando una historia previsible. Fue un pudor innecesario. Santullo debería tener la confianza suficiente en su arte como para saberlo.

No dejes que te toque, de Manuel Soriano, crea una atmósfera opresiva y extraña, una amenaza que se despereza y provoca una incomodidad creciente.

Un rabdomante, de Valentín Trujillo, deja que la maravilla se manifieste en un relato naturalista, a plena luz del día, cuando dos desconocidos se encuentran para cumplir los designios del destino y su inevitable crueldad.

En Un encuentro anterior, de Germán Videla, el misterio acecha y ataca y vuelve a acechar con una estrategia asfixiante muy bien dosificada.

El libro, como un todo, es una experiencia muy placentera. Da la impresión de que sus autores son buenos representantes de su generación.

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