11 de julio de 2013 17:38 hs

Una ventana alta que da a 18 de Julio. Todos los ruidos de la tarde en la avenida llegan un tanto asordinados por las paredes y los vidrios. La luz invernal es grisácea e ilumina poco a Fernando Butazzoni, que está sentado en un sillón de cuero.

Sus lentes redondos semejan los de otro Fernando: Pessoa. Sus manos descansan en el regazo, aunque a lo largo de la charla con El Observador revolotean y se mueven para dar más énfasis a las palabras que dice. Luego de ser el diorector del Sodre por tres años, Butazzoni se reitó hace unos meses de la función pública. Refugiado en su apartamento del Cordón, parece un hombre en su cueva. Pero esa imagen de emboscado es falsa.

Guionista de la coproducción venezolano uruguaya Esclavo de Dios sobre el atentado a la AMIA de Buenos Aires (se estrena en Uruguay el próximo 18 de julio, a 20 años de aquella trágica fecha) y con mucho más tiempo ahora para bucear en ideas literarias postergadas, Butazzoni conversó sobre cine, terrorismo, literatura, políticas culturales y el ambiente intelectual nacional y también en Venezuela, donde la película generó polémica. Y además, de su felicidad por volver a consagrarse a la escritura como actividad.

¿Cómo surgió el proyecto de Esclavo de Dios?
Surge a partir del deseo de un amigo, el director de la película Joel Novoa, de hacer su primer largometraje. Ya había hecho cortos, cursaba su maestría en Los Angeles y quería que yo participara en su primer largo. A él le gustaba el tema del terrorismo como fenómeno cultural, como fenómeno sociológico, y las palancas que provocan este tipo de acciones y situaciones. El terrorismo como fenóemo de expresión de luchas políticas de otro nivel: religioso, racista, xenófobo.

Se centra en el atentado de la AMIA...
Tenía una idea de trabajar en dos espejos, aprentemente en veredas opuestas, pero que fueran almas gemelas. Hay dos perosnajes: uno es agente secreto del Mossad judío; el otro es un integrante de una célula islámica. Los dos son muy religiosos. Los dos tuvieron episodios traumáticos y sangrientos de chicos, los dos fueron educados en el odio hacia el enemigo, en principios religiosos esquemáticos y severos. Son historias casi paralelas y sus caminos inevitablemente se cruzan en los días del atentado a la AMIA en Buenos Aires, hace 20 años.

¿Por qué cree que la película generó polémica?
Amigos judíos me dijeron que era antijudía. Otros conocidos me dijeron que era projudía. La intención es tratar de disponer de una historia comprensible que haga reflexionar a los espectadores, acerca del comportamiento de personas que se mueven por fuera de los márgenes sociales pero que hacen cosas que afectan la vida de las personas.

¿Joel Novoa es judío?
Sí, él es judío.

Su relación con el cine tiene mucho que ver con la familia Novoa: con José Ramón y ahora, con Joel.
Claro. Con José Ramón Novoa nos conocimos en 1987, cuando él iba a adaptar mi novela El tigre y la nieve. Fue un proyecto que, como es común muchas veces en el cine, naufragó. Iba a tener a Robert Duvall en el rol protagónico. Luego filmó una adaptación de mi novela Un lugar lejano, donde actuaron el venezolano Erich Windpret y la actriz Marcela Kloosterboer. Joel Novoa, hijo de José Ramón, es el director de Esclavo de Dios. Lo conozco desde que tenía tres años. Ahora tiene 27.

¿Alguna vez actuó en cine?
En esta película hago una pequeña aparición, en el papel de un policía porteño. Es una profesión que admiro mucho. El talento que debe tener un actor para decir a las tres de la tarde: ‘bueno, ahora se me murió mi mujer’. Dos horas después, dice: ‘ahora, soy un ladrón que está robando la plata’.

¿Por qué se produjo la salida del Sodre?
Tengo algunos problemas de salud. Me pareció que lo más prudente, después de un tiempo en que sobrellevé como pude el trabajo, era alejarme del Sodre. Con mucha pena, porque me gustó mucho la tarea. Fueron tres años y fracción al frente del Sodre.

¿Qué destacaría de esa gestión?
El posicionamiento del Sodre como institución cultural de primera línea. Durante décadas el Sodre tuvo muchos problemas. Eso cambió. La gran tarea es mantener al Sodre posicionado como una marca referente de la cultura nacional. Hoy lo es. Cuando asumí, el Sodre había desaparecido del horizonte cultural de la gente. En 2012, tuvimos 200.000 espectadores, un montón de gente de todo el país. ¿Hoy el Sodre es protagonista de la vida cultural del país? Yo creo que sí. Esto no es mérito mío: es mérito de los artistas, de los gestores y los trabajadores que lograron que eso caminara. Con grandes dificultades, peroque caminara.

¿Cuál es el gran debe del Sodre?
Creo que necesita una gran reforma institucional, sin dudas. El Sodre es un instituo muy peculiar: tiene una ley orgánica, por ejemplo. No es meramente una unidad ejecutora. La ley le marca cometidos, objetivos, tareas y formas de ejercerlas. Tiene una dirección colectiva. Su génesis fue muy especial, porque nace a partir de una radio. Pero creo que en pleno siglo XXI habría que replantear a ese insituto y darle una forma más moderna. Su creación es de fines de la década de 1920.

¿Cómo repercutió su rol como funcionario público en su carrera literaria?
El Sodre fue una tarea ardua, que me llevó casi todas mis energías. Y algunas más. Es muy difícil desde la función pública poder trabajar con aire en la creación cultural y artística. Cuando entré, estaba repasando el guión de Esclavo de Dios, que escribí entre 2008 y 2009. Ya hace varios años que tengo una novela a medio terminar; ahora espero poder hacerlo. Tengo un blog con el que durante un año no pude hacer prácticamente nada. Creo que la tarea artística requiere y merece la consagración total a ella. La gestión pública es muy compleja.

¿Qué opina de las actividades de Montevideo, capital Iberoamericana de la Cultura 2013?
Ante la poca interconexión entre actores culturales de interacción, creo que se ha generado un vínculo con otros países a través de esas actividades. Hay que darle la máxima atención porque tienen un peso decisivo a la hora de construir un futuro desde el punto de vista social, de la convivencia, desde el punto de vista económico. La formación cultural y artística es un elemento sustancial para la cultura de un país. Pero también creo que muchas veces los gobiernos de todo tipo (nacionales, departamentales) tienden a tener una visión menos radical de esto. En algunos casos se hace más énfasis en la cultura científica, en otros en la del ocio y el esparcimiento.

Desde el punto de vista político, el Frente Amplio maneja en política cultural un territorio casi “propio”?
Hay una tendencia casi natural de que los principales referentes en las actividades culturales tengan cierta identificación con la izquierda. No sé si eso lleva a que tengan una identificación con el Frente Amplio como expresión política, militando en sus filas.

¿Qué opina de las críticas a esa política cultural?
Mi gestión en el Sodre no ha sido exenta de contradicciones. Ha habido luchas, discusiones, debates. Es natural y es lógico que eso ocurra. Lo que creo que es importante es ver la tendencia general, másallá de ciertos episodios. La tendencia general apunta más hacia la concreción de grandes transformaciones que hacia las dificultades concretas de un sector u otro de necesitar determinados incentivos o mejoras saliriales. Pero por suerte hay mucho para hacer.

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