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Pablo Lecueder sobre Océano: "La radio de alto presupuesto no sobrevivía"

A dos meses de levantar la programación hablada la FM 93.9, el empresario habló con El Observador

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14 de agosto de 2020 a las 05:04

Ya no queda un rincón de Océano FM en el que a Pablo Lecueder no le hayan sacado una foto. Se queja, bromea con que no le gustan las cámaras. Igual se acomoda el pelo y posa. Es un jueves tormentoso de agosto. Pese a la fecha, el empresario no dará las típicas notas sobre la Noche de la Nostalgia. Y no solo porque Uruguay está ante una emergencia sanitaria. La radio que desde hace casi 30 años dirige, pegó un giro drástico. Desde el lunes 1° de junio la emisora bajó toda su programación hablada y pasó a ser 100% musical.

Mientras mastica un chicle de nicotina, Lecueder afirma que está seguro de la decisión que tomó, que era lo necesario, que la música le encanta y que no siente culpa. Para el dueño de la radio ubicada en la rambla del Buceo no hay mucha vuelta. En abril la pauta publicitaria cayó entre un 70% y un 80% y si no pegaba un volantazo se le hundía el barco. “Hay demasiadas cosas a favor como para empecinarse en seguir luchando por un mercado que es chico, costoso y con muchas radios”, afirma el empresario.

Entonces, agarra una hoja y una lapicera y dibuja. Lecueder ilustra un rectángulo largo y marca gran parte de su superficie. “Acá estábamos todas las radios musicales”, indica en referencia a cómo era la distribución del mercado cuando recién comenzó Océano. “Vimos que acá (la pequeña superficie restante) había un nicho de gente a la que le interesaba el contenido hablado y casi no estaba ocupado. Entonces nos movimos”, prosigue. Esa es su explicación sobre el cambio de paradigma que implicó ser “la FM que cambió la FM” hace tres décadas. Ahora, el eslogan es “volvió la FM”. El empresario dice que con los años casi todas las FM se movieron hacia el espacio de las radios habladas y “dejaron todo un salón semivacío que es el más lindo”. Por eso se convence de que correrse nuevamente para ese sector es un acierto.

¿Qué lugar ocupa ahora la música en una radio que hasta hace dos meses tenía buena parte de su programación hablada?

En Océano la música no es un bache, es contenido. En estos momentos cuando te ponen música en la radio es porque no llegó el invitado o el conductor está en el baño. Acá es un contenido muy seleccionado y pensado. Hay programadores y DJs que están pensando la música por el día de la semana, la hora, y hasta por el clima. Porque no suena lo mismo en la noche de hoy que está lloviendo que ayer con la luna llena y una música divina. ¿La gente lo nota? No sé, pero estamos trabajando para eso.

Actualmente el universo musical está al alcance de cualquier celular.

Es como si tuvieras todos los ingredientes para hacer la mejor comida y todos lo pueden usar. Pero nosotros tenemos un chef. Es como una curaduría, ponemos gente que saborea y sabe de música. Los que están en la programación son tres y cada uno con su perfil. "Pelu" Pereira tiene una visión más general de lo viejo y lo nuevo, (Alejandro) D'angiolillo está más en lo nuevo y rítmico y Ricardo Navarro más en lo viejo. Pero están los tres reunidos e intercambiando opiniones sobre lo que programa cada uno. Aunque en Spotify haya listas, te cansás un poco de escuchar siempre lo mismo. La idea acá es sorprenderte. En total están trabajando 29 personas. Hubo una redistribución grande. Entraron Ricardo Navarro, Alejandra Labraga -que es encantadora- y Daniel Jorge, que forma parte de la historia de Radio Mundo y Océano. No es la FM de los años 80, volvió el concepto enfocado de otra manera. Somos una FM del siglo 21. Tenemos la música y un sonido totalmente distinto, lo cuidamos y se nota. Hicimos cambios técnicos para tener sonidos más puros.

¿Piensa en este cambio como una solución temporal ante la coyuntura?

Fue una decisión estratégica y estamos convencidos de que es el tipo de radio que queremos hacer. Esto no es porque pasó algo. No es una programación que estamos haciendo mientras tanto. El covid quizás precipitó algunas decisiones que ya veníamos con ganas de tomar. Es verdad que el año pasado se habló de una compra de radio y cambios en los que un comunicador venía para Océano. La idea era tener una radio musical. Lamentablemente hay cosas que se dicen antes de tiempo que complican las negociaciones. Como teníamos la idea de la radio musical en la cabeza, enganchamos por ese lado.

En su momento Océano era “la FM que cambió la FM”, ¿ahora?

No fuimos los que cambiamos la FM. Quizá fuimos los que definimos el concepto. Es como cuando me preguntan si inventé la noche de música vieja. No, yo inventé la Noche de la Nostalgia. Le puse nombre, le puse un contenido y la envolví. Cualquier propuesta que hagas, tenés que definirla. La única forma de hacerlo es creando una imagen en la mente de tu consumidor. En aquel momento hicimos un estudio de mercado. Vimos que había un nicho. Tomamos la decisión, pusimos a (Gustavo) Rey de noche y mató. Después nos jugamos y pusimos a un loco como (Orlando) Petinatti de tarde. Al poco tiempo teníamos 10 puntos de audiencia. Después decidimos cortar con Petinatti y crear otro tipo de programación, empezamos con Segunda Pelota y Justicia Infinita. Pero con el tiempo, todas las radios fueron moviéndose para el lado del contenido hablado. Nos apretamos todos en el lugar más chico. Y dejaron todo un salón semivacío que es el más lindo (el de la música). Todos afanaron o copiaron el formato. Ahora están todos los periodísticos en la mañana y de tarde están los graciosos. Además, ese formato es carísimo. Porque hoy todos son comunicadores de alto vuelo. 

El sector de la música quedó vacío, y es una programación más económica porque necesitás menos gente. Además, sabemos de esto, estamos convencidos. Soy optimista pero bien informado. Esto se va a seguir agravando y por bastante tiempo más. Veo difícil mantener medios de alto costo, porque hay muy poca publicidad. Además han bajado precios. Esto fue una mezcla de convencimiento, estrategia, investigación de mercado y conocimiento. Un montón de cosas se fueron dando.

Más allá de que lo viniera pensando desde hace un tiempo, ¿hubo un punto de inflexión que lo llevara a levantar toda la programación que tenía?

Sí. Sobre abril, cuando bajaron entre un 70% y un 80% las pautas publicitarias de un momento para el otro. Pasó en todos los medios. Ahora, lo peor que le puede pasar a una marca es desaparecer de la mente del consumidor. Acá hay muchas radios que están desapareciendo. Océano apareció en los últimos meses, porque en el momento en el que había que comunicar lo hicimos. Y comunicamos un cambio. Esto no es un mientras tanto, vino para quedarse. Si Sarandí no llegó a un acuerdo con Nacho (Ignacio Álvarez) por un tema económico, que estaba primero entre los periodísticos, ¿qué dejás para los demás? Sé que hay radios y comunicadores que están haciendo un gran esfuerzo por mantener sus programas. Océano fue criticado por tomar una decisión drástica. Pero no fue que yo un día me calenté y lo hice, era algo que ya estaba programado para hacer. El tema musical está en nuestro ADN. Nos encanta y creemos que estamos en el lugar donde tenemos más posibilidades económicas de crecer. Hay demasiadas cosas a favor como para empecinarse en seguir luchando por un mercado que es chico, costoso y con muchas radios.

¿Cómo quedó el vínculo con los comunicadores que trabajaban en Océano?

Con todos mantengo una relación excelente. Hasta con los que se fueron en la primera época, con el 90% o con los más importantes tengo una excelente relación. Siempre entendí que cada uno tiene posibilidades de crecer. Ahora, hay maneras y maneras. Yo tomé la decisión dos meses antes, después la trasladé a cuatro meses después. Acá la gente sigue cobrando seis meses de salario después de que terminaron los programas. Esta era una especie de despido. La mayoría facturaban. La radio quería llegar a un acuerdo económico con ellos, no buscaba hacer un corte económico de principio. Sí necesitaba un corte a nivel artístico. Por eso me tranquilizó más saber que ellos iban a estar cobrando hasta fin de año.

“Esta radio es la radio en la que todos alguna vez soñamos trabajar”, dijo Florencia Infante cuando se despidió en el último programa de De arriba un rayo. Hace algunas décadas, Océano era el lugar donde los comunicadores jóvenes querían estar. ¿Cómo ve eso ahora?

Una cosa era Segunda pelota con chicos de 22 y 23 años. Otra con chicos de 40. Hay un momento en el que la pavada no juega más, tenés que tener mucha creatividad. Por otro lado, creo que hoy en día existen otras plataformas para los jóvenes. ¿Cuál es el futuro de la radio? Es brillante. Pero, ¿cómo se va a escuchar? ¿A través de qué? No sé. Para mí la radio es un sonido que te llega. Hoy es a través del celular. Creo que siempre va a haber en el mundo una persona dispuesta a escuchar un sonido.

¿Qué momentos de la radio le generan mayor nostalgia?

Es una sumatoria de cosas. Obviamente, me gusta hacer radio y hacerlo en este lugar. Momentos vividos, millones. Este fue un excelente negocio inmobiliario que usó la radio. Acá llenábamos de gente, hacíamos cualquier cosa. Petinatti hacia caravanas. "La bajada" -idea de Carlos Tanco por quien me saco el sombrero- se transformó en un éxito cuando empezamos a poner los parlantes afuera. El deber de un empresario de radio es tener gente talentosa pero también potenciarlos. El único que no necesitó nada de eso fue Tanco. Yo me traje Justicia Infinita sin saber que era Darwin. Me enteré cuando renunció en Sarandí.

Más allá de que esté convencido de apostar a lo musical, si tuviera que traer nuevamente contenidos de los que tuvo antes en Océano, ¿a qué programa o comunicadores le gustaría tener?

A Tanco, no hay lugar a dudas. Es un despegado. Tiene una inteligencia superior. Creo que acá estaba más cuidado. Tenía dos secciones de 15 minutos. Y me encantaría tener a un Petinatti que fuera más permeable a los consejos. Tiene un potencial brutal de comunicación que se descansa en los formatos ya conocidos de él. 

¿Parte del negocio con Azul tenía que ver con tener de nuevo a Petinatti?

Soy amigo de (Alejandro) Beisso y me dijo que quería vender la radio. Yo estaba buscando una radio para hacerla musical. No fue que estaba buscando a Petinatti, de haberlo querido a él lo iba a buscar solo a él. 

¿Por qué no se concretó?

Llegué a hacer el cálculo de poner una sola antena en el gaucho con las dos frecuencias, todo bárbaro. ¿Pero qué hacía con Petinatti? Le pedí permiso para reunirme con él a Beisso. Le pregunté por cuánto tiempo más iba a hacer Malos pensamientos. Le dije, “si no pegás un cambio se te va a acabar”. Eso sí, tiene las condiciones para hacer lo que quiera. Para mí es el mejor comunicador que existe. Es un animal. Le dije que tenía que pasar a la mañana. Tenés la misma audiencia y dejás a todo el mundo en offside, porque los graciosos están de tarde y vas contra los periodistas. 

Lo que pasa es que cuando se habla antes, se ensucian los negocios. En un momento confirmé la compra y me dijeron, “pará que ahora tal cosa y tal otra”. Y no, así no se maneja. Propuse algunos cambios, me dijeron que no. Entonces puse una última condición que fue retirar la oferta. Hubo gente que trabajaba acá con la que hablé para consultar, porque no estaba seguro. Me dijeron que sí, que podían compartir. Pero lo que hicieron después fue salir a la calle a decir que venía Petinatti. Entonces, lo mejor es callarse la boca y en determinado momento sacar el revólver. Pero no es mi forma de actuar. 

Mi idea original era hacer la radio musical en Azul, poner las dos antenas en el mismo lugar y tener en Océano a Justicia Infinita, a Mariano López en la mañana y a Petinatti en la tarde. Estaba bárbaro.

Y ahora que Ignacio Álvarez no está en ninguna radio, ¿hubo algún contacto?

Levanté el teléfono pero para atender. Fue importante para mí porque entiendo que es el comunicador que tiene más claro el concepto infotainment. Porque si vos querés información escuchá a Emiliano Cotelo, ahí tenés la mejor. Ahora, ponés a Nacho Álvarez y tenés algo de información pero te vas a divertir mucho más. Le agradecí enormemente porque fue una distinción que haya pensado en Océano. Y por el día y hora creo que fui la primera opción. Me llamó el primer lunes que no salió al aire en la mañana. Le dije que no porque el cambio de Océano es en serio, es pensado. Para eso me quedaba con Mariano (López). Además, no es la idea. Sin lugar a dudas es un gran comunicador que va a tener éxito donde esté. Es una lástima que se desarme un programa de ese tipo. 

¿Qué piensa de la concentración de medios?
Son estrategias que no son nada malas. Tener muchos medios bajo un mismo techo baja los costos y tenés un poder comercial importante. Después cómo la repartas internamente es otro tema. A Sarandí le respeto que ha tenido un grupo de medios y ha mantenido el perfil de cada uno. No puedo criticar a otros pero a veces tenés una diversidad de medios y los tenés compitiendo entre ellos mismos. No entiendo mucho eso. Pero cada uno tiene su estrategia.
¿Sabe si este año se van a hacer las mediciones?
Este año se van a hacer, no sé quién lo va a hacer. Soy fundador del Buró de radios y me fui por no estar de acuerdo con algunas formas. Un sistema de medición que se hace una sola vez al año no sirve. No creo que los hogares sean un lugar para medir. Pero son un marco de referencia para el mercado y se necesita urgente una medición y sobre todo con los cambios que han habido. Por ejemplo, ¿se escucha Las cosas en su sitio igual que antes? ¿Entró público nuevo a Océano?. No se sabe. Uno puede tener sensaciones.

En casi 30 años al frente de Océano, ¿tuvo errores o frustraciones que lo hayan marcado en la toma de decisiones posteriores?

Qué difícil. Con la gente nunca tuve grandes errores. Acá había un dicho de que “Lecueder no echa a nadie”. Una vez que lo hice me criticaron. Más que errores tuve oportunidades que no pude captar. Frustraciones enormes pero con los ojos abiertos. Me criticaron mucho la compra de otra radio. Gente que me asesoró me decía, no hagas eso. Lo hice por el cariño a la radio. Yo quería tener la radio musical además de Océano. Pero no lo noté como una equivocación. De repente si miraba los números tenía que levantar toda la programación en diciembre del año pasado. Y en enero no hablaba nadie de esto. Pero no. 

Cuando tuve la ida de un montón (de comunicadores, en 2017 a Del Sol), pensé en la radio musical. Pero uno en la vida tiene que tomar decisiones y jugársela por determinadas cosas para después no quedarse con la sensación de que no lo probó. Pese a que los números decían lo contrario, armé una radio prácticamente igual a la que tenía en dos meses cuando lo lógico hubiera sido cambiar y ahorrarme todo eso. Pero me fue bien. La programación era muy buena.

¿En algún momento sintió culpa por haber bajado toda la programación y dejar a varias personas sin su fuente laboral?

No. Porque uno no tiene culpa si hace las cosas que necesita hacer porque no tiene más remedio. Culpa hubiera sido no avisarles con tiempo o no darles las posibilidades de tener un tiempo para readaprtarse. Les avisé dos meses antes que teníamos problemas graves. Al mes los reuní de vuelta y les dije que la situación estaba peor. Después tomé la decisión. Económicamente no les cambió nada por ahora.

Soy un empresario porque no tengo más remedio. Pero me gusta la radio y tomar esta decisión fue mucho más doloroso en la parte personal. Pero la tenía que tomar. Además, la radio de alto presupuesto no sobrevivía. Se ve cada día que pasa. Océano hizo esto, Sarandí con Nacho. Y hay otras cosas en otros medios. Tengo entendido que en Latina no queda nadie, no sé qué cambio van a hacer. Sacan programas, mandan gente al seguro de paro que no va a volver. Si mañana te bajan el 80% de tu salario, vas a tener que cortar determinadas cosas que te gustaba hacer. Y bueno. Doloroso fue. 

A dos meses de haber tomado la decisión, ¿cómo se siente?

Estoy disfrutando de esto. Tengo la alegría de tener buena relación con todos los que se fueron. Con los de De Arriba un rayo tengo fotos abrazados en el estudio del último día. Hay una cosa lógica, tenía que garantizar que la gente cobrara. No podía decirles a fin de mes que no tengo plata para pagarles. Les dije lo que podía hacer. Además estoy seguro del cambio. Tampoco es changa tener a 29 personas trabajando como tengo ahora, no sé cuántas radios tienen este número. Y hay que ver cuántos están en planilla. Para mí la gente de programación tiene que facturar y la gente que trabaja las 8 horas tiene que estar en planilla. Porque uno no puede tener un programa, que ande mal y todavía pagar un despido. El que es artista o comunicador se la tiene que jugar para tener además la libertad de movilidad en la programación. ¿En publicidad de dónde sacas para los aguinaldos y salarios vacacionales? Ahora, hay radios que no saben lo que es tener a alguien en planilla.

 

¿Cómo se siente que después de 43 años ininterrumpidos de celebrar la Fiesta de la Nostalgia este año no se haga?
Me pregunto, ¿hasta cuando voy a hacer yo esta fiesta? Bromeo con que mi sueño es estar un 24 de agosto a las 12 de la noche de acá en la Polinesia, en pleno mediodía. Cuando la fiesta cumplió 40 años, pensé “ya está”. Creo que la Noche de la Nostalgia se tiene que ir transformando como en fiestas más particulares donde cada grupo etario recuerde las cosas que quiera recordar. 
¿Piensa, entonces, reformular la fiesta a futuro?
Creo que lo tiene que reformular la propia gente. Cuando me cuentan que no salen en la Noche de la Nostalgia porque va mucha gente y que se juntan con amigos en una casa me parece la mejor manera de festejar. No lo tomo como un negocio. Que se junten a bailar y a recordar temas viejos según cada edad puede ser el legado. Porque es muy difícil concentrar todo, creo que a esta altura el único lugar donde se pueden mezclar generaciones bailando es en un casamiento. De todas formas hacemos el esfuerzo, y esa es ahora la programación de Océano hoy. No es una radio de música vieja, es una radio de buena música.
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