Cuando uno finalmente llega a París siente que algo ha cambiado. La vida ya no será la misma después de haber conocido esta ciudad, sus calles, su arquitectura, su historia y su estilo. París es única, aun comparándola con otras hermosas ciudades de Europa, y a veces sin siquiera saber por qué, a París siempre se busca volver.
París tiene coraje, indiscutida personalidad y un estilo único. Ella sabe que lo tiene y lo muestra con total desparpajo. El visitante la incorpora, le teme o la abraza sin querer soltarla, pero lo cierto es que jamás va a pasar desapercibida en medio de un viaje. Es una ciudad que puede tener un efecto de amor retroactivo, que nos enamoremos de ella cuando ya nos fuimos, porque lentamente va ingresando en lo profundo, en la consciencia, a la que el deslumbramiento diario del viaje nos impide llegar. Así es su complejidad y la fascinación que provoca.
La manera más sencilla de ‘dividir’ París en nuestra cabeza y en los mapas es entenderlo por barrios y por arrondissements (distritos). Los distritos son 20, de manera que en los mapas veremos la señalización por números, y si ya tenemos claro los que queremos visitar será más sencillo. Pero las denominaciones de los barrios que queremos visitar también facilitarán la tarea, por ejemplo, si sabemos que queremos visitar Le Marais, y que ese barrio se encuentra en el 3er y 4to arrondissement, lo ubicaremos muy fácil en el mapa y no tendremos cómo perdernos.
Incluso nos alojemos en un hotel, un apartamento o en casa de un amigo, siempre es importante ubicarse en el arrondissement en el que se está como base de operaciones, y de ahí trazarse los objetivos para los diferentes días. También es importante ubicarse si se está de un lado o del otro del Sena, la gran división a la mitad (derecha o izquierda). No está de más tener en cuenta que la orilla derecha del Sena está considerada la zona más ‘sofisticada’ de París, por lo que al momento de elegir alojamiento siempre será más económico hacerlo en la orilla izquierda. Son muchos y con diferentes atractivos los quartiers parisinos, pero aquí van algunos seleccionados para quienes quieren explorar el lado bohemio, étnico, intelectual y artístico de la multicolor París.
Le Marais
Si bien para un primerizo en París Le Marais no está dentro del circuito puramente turístico, es una gran recomendación para quienes tienen otras inquietudes y un poco de tiempo extra para ver algo diferente. Le Marais es un barrio muy parisino en cuanto a la diversidad, los contrastes de un lugar que pasó por varias etapas y propietarios .Es una de esas zonas fantásticas (como el Soho de Londres o el Meatpacking district de New York) que otrora fueron completamente diferentes en cuanto a estructura y propósito de lo que son hoy. Le Maris era una zona de pantanos (su traducción es ‘marisma’). Luego de la construcción de la plaza Des Vosges, el barrio que hasta ese momento había sido habitado en mayor manera por monjes religiosos comenzó a atraer a nobles y aristócratas, donde construyeron mansiones y palacetes. Luego de la Revolución Francesa la nobleza debió huir de sus propiedades y lentamente fueron los comerciantes y artesanos quienes ocuparon la zona. A partir del siglo XX, en la década del 80 comenzó a adquirir una estética más diversa y bohemia, transformándose en un fuerte epicentro de la comunidad gay así como de la movida artística que atrajo músicos, pintores y personajes nocturnos y pintorescos. Hoy en Le Marais conviven variadas tradiciones y esa es una de sus características más atractivas. El corazón de Le Marais es la Place des Vosgues, lugar donde, en épocas de buen clima, los parisinos suelen ir a descansar y tomar sol y en cuyo entorno se puede disfrutar del trabajo de artesanos y de puestos de ropa usada, galerías de arte y, la estrella del lugar: la casa del escritor Víctor Hugo, hoy convertida en museo. Fundamental es adentrarse, desde la plaza de la Bastilla, por la rue Saint Antoine, con sus pequeños comercios y lugares de comida kosher para vivir la cotidianeidad del parisino. En la esquina de la rue Saint Antoine y la rue Saint Paul se encuentra el famoso café Au Bouquet Saint Paul, donde degustar clásicos franceses como los croissants. Otro clásico del barrio es el café y bar Cox. En Le Marais es obligado para los turistas realizar una práctica muy habitual entre los lugareños de comer un bocado compartiendo un banco público, ya sea de una delicia árabe o tradicional judía (es un barrio donde reside una gran comunidad hebrea), pasando por toda la gama de posibilidades étnicas. Para quienes disfrutan de los lugares de antigüedades el paseo obligado es por el Village Saint Paul.
Quartier Latin
Si bien quienes transitan las calles del Barrio Latino ya no son exclusivamente los estudiantes de la Sorbonne –como lo vienen haciendo desde el siglo XIII- este lugar todavía conserva (y se enorgullece) de su impronta bohemia e intelectual, hoy visitada por el mundo entero. Clásicos como la Rue Mouffetard o la Rue Huchette son infaltables a la hora de visitar el Quartier Latin. La Rue Mouffetard es una de las calles peatonales más amadas de París. Para una verdadera experiencia parisina, no te pierdas el mercado de los domingos, adentrarse en las calles del Quartier Latin y disfrutar de sus cafés, bares y de su enorme oferta gastronómica de –literalmente- todo el mundo, es un disfrute pleno. Para quienes gustan de descubrir tesoros literarios, este es el lugar. Librerías donde encontrar maravillosos libros usados y donde pasar un lindo rato pululan en esta zona. La histórica Shakespeare and Company es la gran recomendación (en el 37 de la calle Boucherie), con su buhardilla donde escritores como Oscar Wilde o Hemingway han escrito y dormido en sus camas del piso de arriba (hoy se usan para viajeros escritores que pagan su estadía trabajando en la librería). Uno de los lugares más pintorescos de París sin duda.
Montmartre
Este es uno de los barrios bohemios por excelencia, al punto de ser también conocido como ‘el barrio de los pintores’. Sólo peligra el romanticismo de Montmartre con las invasiones de turistas que se agolpan tomando fotos por doquier. Sobre finales del siglo XIX el barrio poseía muy mala fama por ser reducto de asiduos a cabarets y a gente de ‘vida licenciosa’. Pero lo que para algunos era motivo de escándalo y rechazo, para otros era un imán; de esa manera Montmartre se transformó en el epicentro de la bohemia nocturna, el arte y el absenta. Gran protagonista e incubadora de la fama mundial que tuvo Montmartre fue el ‘Gato Negro’ (Chat Noir), un centro ‘de creación’ donde artistas y escritores de la época vivieron y proclamaron su espíritu de libertad, además de su famoso Teatro de Sombras. Más recientemente, para los cultores del film Amelie Poulin, las calles de Montmartre sin duda tendrán un encanto particular, ya que en varios lugares encontrarán escenas de la película.
Belleville y Menilmontant
Exóticos, con una mezcla de de culturas asiáticas, africanas y árabes, imponen su carácter estos dos quartiers. Desde hace un par de años se considera el área más de vanguardia. A medida que los límites de la ciudad se fueron expandiendo a finales del siglo XIX, estos dos barrios (que otrora proveían a la ciudad de vino, y también servían como escapes de fin de semana) fueron fagocitados por París central y en sus calles comenzaron a instalarse familias que migraban del campo a la ciudad, así como también colonos del norte de Africa y Asia, por sus precios económicos, características que siguen hasta el día de hoy, lo que le da a esta zona un ‘unique’ toque cosmopolita y multiétnico apreciado por visitantes de todo el mundo, sobre todo tomando en cuenta su variada gastronomía y sus económicas posibilidades de comer (bueno, bonito y barato). Uno de las atracciones más famosas de la zona es el cementerio de Pere Lachaise, donde se encuentran las tumbas de Jim Morrison, Oscar Wilde y Edith Piaf. Y a propósito de esta mítica cantante, es en la zona de Menilmontant donde se encuentra el apartamento de una Piaf que se encontraba al inicio de su carrera. Fue transformado en museo y posee objetos personales de la artista como una colección de loza y su famoso vestido negro.
Butte aux Cailles
Si visitamos esta zona volveremos con un plus, y es que todavía este barrio es muy poco conocido por turistas, y qué mejor que tener la exclusiva en una reunión de amigos ‘viajados’. Es un lugar donde el sentir escapa a la gran ciudad, de calles empedradas, pequeños restaurantes, cafés, tiendas de diseñadores locales y un aire vintage hasta en su arquitectura. Otrora un barrio de trabajadores, se fueron instalando artistas, gente joven y de vanguardia, que fueron generando una impronta alternativa. Las calles principales a recorrer y curiosear sus tienditas, tomar un cafecito y disfrutar de la tranquilidad, son la Rue des Cinq Diamants, la Rue de la Butte aux Cailles, Place Paul Verlainn y la Rue Daviel.