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Paso a paso: así funciona la Hidrovía como puerta al mundo de la cocaína

El 72% de la cocaína incautada en Uruguay 2021 vino por la Hidrovía Paraná-Paraguay

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20 de agosto de 2022 a las 05:00

En la aparente tranquilidad de la vida cotidiana uruguaya, cada vez se cuelan, con más evidencia, rastros del negocio narco que subyace en el país. A veces, con olas de homicidios narco que parecen no terminar. Otras, con incautaciones que parecen inconmensurables para el tamaño del país. Como por ejemplo, las 4,5 toneladas de cocaína que se incautaron en Hamburgo y que la fiscalía atribuyó al empresario Martín Mutio, absuelto por la Justicia este jueves. Ese cargamento, el más grande detectado en la historia del país, según dijeron fuentes judiciales estaba vinculado al “gerente de la hidrovía”, Sebastián Marset.

La hidrovía Paraná-Paraguay se convirtió en el canal preferido de los narcos para sacar la droga de América Latina y trasladarla a Europa y África. En ese contexto, Uruguay tiene un rol protagónico por el Puerto de Nueva Palmira (Colonia) y el Puerto de Montevideo, donde la mercadería muchas veces pasa en tránsito. Para los operadores es muy fácil saberlo, lo sospechan en cada incautación, pero es muy difícil de probarlo, dijeron investigadores a El Observador. 

El camino suele comenzar en la excapital de la marihuana, Pedro Juan Caballero (Paraguay), donde ahora se acopia cocaína. Desde allí suele trasladarse por vía fluvial a diferentes destinos. Entre ellos, el Puerto de Zárate (Argentina), Nueva Palmira y Montevideo, donde generalmente pasan en tránsito. Si bien los cargamentos se escanean en el puerto de origen y en el destino final, no hay escáner en Nueva Palmira. En la capital hay uno, que se rompe con asiduidad y que falló en la detección de las más de 4 toneladas de cocaína en el caso Mutio.

Luego de eso, el subsecretario de Economía de ese momento, Pablo Ferreri, junto al director Nacional de Aduanas, Jaime Boragni, se comprometieron a realizar una licitación para comprar uno nuevo, pero la adquisición todavía no se concretó. El 5 de agosto, gracias a un dato que pasó una autoridad de otro país, se logró incautar 43 kilos de metanfetamina que se dirigía a Paraguay. Una semana después, la Asociación de Funcionarios Aduaneros emitió un comunicado en el que informaban que el escáner estaba fuera de servicio y lo iba a estar hasta nuevo aviso. Este viernes, 19 de agosto, desde la Administración Nacional de Puertos se señaló a El Observador que el escáner en esa jornada estaba funcionando.

Al Puerto de Nueva Palmira la droga llega escondida en productos como soja, cereales o madera. A partir de allí se abren dos posibilidades: que luego de eso acopien en Montevideo o que pase en tránsito. Las pocas veces que se ha podido detectar el tráfico fue porque policía u oficiales de inteligencia de otros países alertaron que en determinado contenedor había sustancias. En ninguno de los casos es para consumo local, si no para exportar a otros continentes.

El puerto señaliza con color verde a aquellas  cargas con nulo riesgo, amarillo para las que presentan un nivel de riesgo moderado  y rojo para aquellas con alto riesgo.  Las cargas son pasadas por los escáneres del puerto de forma aleatoria, pero aquellas que registran color rojo deben ser revisadas por personal de Aduanas, el cual no solo debe observar el contenido, sino también la ficha de origen y la información sobre el despachante detrás de la carga.

El último caso de incautación de droga que pasó por la hidrovía fue a fines de julio. Cinco toneladas de cocaína salieron de un puerto paraguayo, estuvieron en tránsito en Uruguay sin que nadie lo notara y llegaron al puerto de Amberes, Bélgica, donde pudo ser incautada gracias a una alerta de las autoridades paraguayas. “La jurisdicción del puerto no es mía, pero es importante que nosotros tengamos la tecnología suficiente como para poder fiscalizar (...); la Dirección de Aduanas está haciendo una compra de escáneres como para poder tener mayor control de las cosas que pasan”, había dicho el ministro del Interior, Luis Alberto Heber, en ese entonces. 

Marco Alcaraz, el jefe de los fiscales Antidrogas de Paraguay, dijo que ven al uruguayo Sebastián Marset como “el gerente de la hidrovía”. Según supo El Observador, de los 2.075,85 kilogramos de cocaína incautada en 2021 en Uruguay, aproximadamente 1.500 pasaron por la Hidrovía Paraná-Paraguay.

Las navieras en la mira de las autoridades

Hay varias navieras a las que las autoridades miran con recelo, porque sospechan que pueden ser parte del negocio. Entre ellas está la de bandera italiana, Grimaldi. En uno de sus buques se trasladaron las 4,5 toneladas de cocaína a Hamburgo, por las que Martín Mutio fue absuelto este jueves.
En mayo de este año, por ejemplo, Infobae informó sobre un narco de origen bosnio que cayó cuando intentó enviar 165 kilogramos de cocaína desde el Puerto de Zárate a España. Iban a ser trasladado en el buque Francia de la naviera Grimaldi. 
Grimaldi se vio involucrada en al menos cuatro grandes incautaciones de cocaína en el puerto de Montevideo en los últimos años. La primera fue el 7 de setiembre de 2018, cuando un control de Aduanas halló 417 kilos de cocaína en un contenedor con lana sucia, que tenía como destino, al igual que en el caso Mutio, el puerto de Amberes, en Bélgica. En esa exportación también se utilizó el depósito de Lobraus SA, pero la cocaína fue descubierta antes de ser cargada en una de las embarcaciones de Grimaldi.
En abril del 2019 trasladó al mismo puerto alemán un contenedor con arroz uruguayo que contenía en su interior 400 kilos de droga. La otra, en marzo de 2021, cuando se incautaron 800 kilos en camionetas que llegaron a Montevideo en otro de sus buques. El barco que trajo los vehículos salió del puerto de Santos (Brasil), y que antes de llegar a la capital uruguaya pasó por el de Zárate (Argentina), que da al río Paraná.

La ruta aérea

Aunque los investigadores presumen que la mayor cantidad de droga viene de Paraguay, en algunos casos también parte de Bolivia. Cuando eligen la ruta aérea, vienen desde Paraguay a departamentos norteños y desde el aire tiran bolsones en campos que saben que la policía no está monitoreando. Cuando comprueban que no hay nadie, actúan. Si parten de Bolivia, tienen que hacer una parada obligada en Paraguay a cargar combustible.

El comandante en jefe de la Fuerza Aérea, el general del Aire Luis Heber de León, dijo a El Observador que al norte del Río Negro hay un único radar móvil que va rotando entre los departamentos. Señaló que los radares permiten vigilar “el 45% del espacio aéreo” y que el 55% restante está “sin control” por lo que no se sabe lo que ocurre.

Un ejemplo de esto fue la Operación Gallego, ocurrida en octubre del 2020. La Policía logró detener a una avioneta que presumiblemente venía de Bolivia y que lanzó 450 kilos de cocaína en un campo salteño. La aeronave aterrizó en la mañana mañana y fue filmada por la Policía desde una distancia aproximada de 1.400 metros. Cuando los hombres descargaron la droga en una camioneta y el piloto se disponía a llenar de combustible la nave, la policía procedió a detener a las personas, con el apoyo de un helicóptero de la Fuerza Aérea. Sin embargo, el piloto del avión Cessna logró tomar carrera y despegar antes de ser interceptado, con el combustible de un solo bidón. El helicóptero lo siguió hasta la frontera, en donde debió dar la vuelta. 

El clan del Betito, los reyes del negocio local

Según supo El Observador, el clan de Luis Alberto "Betito" Suárez es el que tiene el mejor contacto en Bolivia y tiene mayor poderío en el mercado local. De esa forma, los solados del Betito, que se hacen de la mercadería a través de diferentes pasos fronterizos, abastecen a la mayoría de los grupos y bocas. 

Todos lo conocen. Saben quién es, qué hace y cómo opera. Nada de eso pudo evitar que, detrás de las rejas, lo único que hiciera haya sido crecer en poder.

Betito Suárez sigue siendo el zar del oeste de Montevideo, el narcotraficante más pesado del país que construyó junto con su familia un clan contra el que, hasta ahora, todos han perdido. Todos son no solo quienes persiguen la delincuencia, sino también los que se atreven a disputarle el control, a hacerle competencia y al alto riesgo de fracasar en el intento.

El poder de la banda del Betito y el Ricardito se mide en bocas de drogas, en sicarios –años atrás se contabilizaban más de 50 personas que habían matado para él por encargo– y en plata: el ministro del Interior anda ahora en un auto Audi Q5 con más de 140 mil kilómetros que le fue incautado al Betito. Ese auto, con esa cantidad de kilómetros, puede comprarse en US$ 30 mil. 

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