El 23 de febrero de este año, faltaba un día para que Peñarol debutara en la actual edición de la Copa Santander Libertadores. Ese día, Nacional enfrentaba en su segundo compromiso de su grupo a Fluminense en el Estadio Olímpico Joao Havelange luego de haber caído con América en México en el debut.
El equipo albo se jugaba mucho y esa noche carioca terminó siendo un punto de inflexión en la figura táctica del entrenador del equipo por entonces: Juan Ramón Carrasco.
Fluminense tampoco llegaba bien a ese compromiso, ya que en su primer encuentro había igualado también jugando como local 2-2 ante Argentinos Juniors.
A ese equipo tricolor brasileño lo dirigió en esa jornada Muricy Ramalho, actual técnico de Santos, rival de Peñarol el miércoles cuando se defina el nuevo campeón del máximo torneo continental de clubes.
Si bien obviamente los jugadores con los que contaba Ramalho para ese encuentro no eran los mismos que tendrá ahora, ya que estaba en otro equipo, la figura táctica como local fue la misma que va a aplicarle a los aurinegros en Pacaembú.
Paró un claro 4-4-2 con Rafael Moura –verdugo de Peñarol en las semifinales de la Copa Sudamericana defendiendo a Goiás–, como figura de ofensiva.
Carrasco, hasta ese día, había probado jugar con tres hombres en el fondo y seguía apegado a sus tres hombres de punta incambiados.
Sin embargo, cambió todo en ese compromiso. Se olvidó de su táctica histórica y arrancó con cuatro en el fondo.
El cambio más profundo se llevó a cabo en el complemento cuando le dio ingreso primero a Maximiliano Calzada por Matías Cabrera, con lo que el mediocampo se tornó mucho más de marca que de creación. Eso fue a los 58 minutos.
Después, ingresó el Morro García por Fornaroli a los 61’ y a los 70’ lo hizo el colombiano Flavio Córdoba por Viudez.
Allí se cayó la estantería de lo que venía mostrando Carrasco. Porque Nacional cuidó el 0-0 hasta el final jugándole al equipo de Ramalho con un claro 5-4-1. Córdoba pasó a la zaga poblada de hombres y el Morro quedó como único estandarte arriba.
A jugársela
Peñarol tiene enfrente a otro rival dirigido por el mismo entrenador. Un técnico que como ya se escribió en estas páginas, sabe más por zorro que por viejo. Un hombre que demostró mil veces que tiene oficio y lo supo utilizar en el Centenario como ya lo había hecho en La Olla de Asunción en la semifinal contra Cerro Porteño.
Para el miércoles, el técnico Diego Aguirre sabe que primero no debe perder; después, si logra ganar, mejor para sus intereses.
En ese contexto, seguramente su equipo no saldrá a defenderse –como no lo hizo en casi ningún partido de la Copa de visitante, solo ante Independiente en el debut y así le fue (0-3)– porque si lo hace correrá un riesgo enorme, pues se juega nada menos que el título.
Más allá de cualquier especulación, la figura táctica aurinegra de la revancha de la final de la Copa será la misma que jugó en los últimos encuentros. No habrá sorpresa alguna.
Por lo tanto, Aguirre parará a cuatro hombres en el fondo, dos laterales externos, dos en el medio y dos delanteros, con Alejandro Martinuccio volanteando e intentando llegar con sorpresa al arco rival.
Eso no implica que a lo largo del encuentro y de la manera en cómo se dé, pueda volver a colocar a Emiliano Albín y defenderse en los últimos minutos con cinco en el fondo. Algo muy similar a lo que ya hizo Peñarol en otros encuentros en el exterior y como lo estableció JR en Río de Janeiro enfrentando al Flu de Muricy Ramalho.
Freitas por derecha
Tal como ha venido aconteciendo desde el segundo tiempo del encuentro ante Vélez Sarsfield jugado como locatarios en el Estadio Centenario, Aguirre volverá a colocar a Nicolás Freitas por derecha para lograr una marca más pegajosa por ese sector que es el flanco más fuerte de Santos con las subidas de Alex Sandro y lo que pueda hacer Neymar jugando en casa.
El volante, de esa manera, ayudará tanto a Matías Corujo como a Alejandro González para formar un bloque más compacto.
Peñarol pone rumbo a una final que promete ser histórica.