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Pellejero: “La transparencia no existe en el fútbol uruguayo”

Con 43 años, es el futbolista más longevo en la Primera división y dice: "Acá el fútbol no es pobre, sino que el dinero está mal repartido. Aquí el jugador nunca va a ser rico, pero hay gente que se hace rica con el jugador"

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20 de julio de 2019 a las 05:02

Es el futbolista más longevo en Primera división con 43 años. Richard Pellejero es un símbolo de Cerro. Campeón de la Liguilla 2009, ascendió las dos veces, nunca descendió, fue capitán en dos de las tres Libertadores del club y en las dos Sudamericanas. Además, es quien más partidos disputó con esa camiseta. Su visión moderada y madura del fútbol de hoy y su trayectoria, en esta entrevista con Referí. Por apoyar al Movimiento Más Unidos Que Nunca, en su momento perdió su puesto de titular en el equipo y sostiene que "acá el fútbol no es pobre, sino que el dinero está mal repartido. Es lo que decía hoy. Aquí el jugador nunca va a ser rico, pero hay gente que se hace rica con el jugador".

¿Cuál es el secreto para mantenerse en forma a los 43 años y ser el futbolista más veterano en la Primera división?

Por suerte tengo una genética que me ayuda muchísimo. Siempre me cuidé, fui muy profesional y esas características son las que me tienen dentro de una cancha. Me siento bárbaro. Sí decidí que este es mi último año como jugador, pero más que nada porque a uno lo cansa un poco la cabeza por estar detrás de todo, es un poco complicado. Uno se hace cargo por ser el referente del equipo en el que estoy y eso pesa y la verdad que cansa un poco. Pero en la parte física me siento bárbaro.

Cuando era adolescente le pidió a sus padres dedicarse al fútbol y dejar de lado los estudios.

Fue un momento difícil para mí hablar con mis viejos. Con 16 años, estudiaba en la UTU y se me contraponían los horarios con las prácticas. Decidí hablar con mi padre y decirle que quería dejar de estudiar porque el fútbol me apasionaba, sentía que podía llegar. Él me dijo que si lo tenía decidido e iba a dar todo de mí, que ellos me apoyaban. Así fue. No terminé tercero de liceo y me dediqué al fútbol. Por suerte de grande tuve la posibilidad de terminarlo. Tengo una anécdota jocosa: cuando decidí dejar el estudio con 16 años, vivía en un complejo de viviendas, con un grupo de amigos muy grande y en esa época muchas amigas cumplían 15 años y hacían su fiesta. Yo me vestía para ir y cuando llegaba a la puerta de casa mi viejo me preguntaba a dónde iba: “A un cumpleaños de 15 con mis amigos”, le contestaba yo. “Pero vos me dijiste que querías jugar al fútbol y vos me dijiste que querías seguir en el fútbol y mañana tenés partido”, me decía él. Imaginate con la bronca con la que me iba a acostar. Pero con el paso de los años, entendí que con el apoyo incondicional de mi familia, tal vez hubiese dejado el fútbol por el camino también.

¿Y qué pasa si dentro de pocos años su hijo Valentino le pide lo mismo, dejar de estudiar para jugar?

Hoy hay más armas para cualquier jugador para poder estudiar. Los juveniles tienen el plan “Gol al Futuro” para hacer las dos cosas, y estudiar y jugar es lo mejor que le puede pasar a un futbolista. ¿Por qué? Porque la carrera es corta y sabés que esto se termina y si no tenés estudio encima, es difícil el futuro para un jugador que deja.

A su hermano Darío que hoy juega en General Rawson en Argentina, lo enfrentó una vez cuando él jugaba en Villa Española, pero nunca pudieron jugar juntos. ¿Es una materia pendiente que le quedó?

Sí, era uno de los anhelos que tuvimos los dos. Nos enfrentamos en el Nasazzi y a él  lo expulsaron todavía. Es algo que nos quedó siempre.

¿Qué sentimiento le despierta la Agrupación Richard Pellejero?

Fue un grupo de hinchas y amigos cuando estaba en Sud América. Se rumoreaba que podía volver a Cerro y cuando volví en 2014, se juntaron conmigo para hacer una agrupación con mi nombre con la idea de ayudar a la gente del barrio, los centros CAIF, Jardines, colegios muy carenciados como hay en el Cerro. No solo dije que sí, sino que me puse a su disposición. Sentía que era algo hermoso que con poca cosa uno podía ver a un niño feliz. Anduvimos por varios Jardines. Cada vez que jugábamos en el Tróccoli ellos vendían rifas, llaveros, para poder ayudar a pintar un salón, arreglar un sube y baja, un tobogán en un Jardín. Había gente que se arrimaba y donaba cosas. Ir a un colegio, a un saloncito de 4x4 con 20 o 30 niños y poder refaccionarlo, a mí me alegraba el alma. Y mi familia también me apoyó mucho porque imaginate que esas cosas las hacíamos un fin de semana y si yo jugaba un sábado, íbamos un domingo, en mi día libre, que podía compartir con mi familia. Dejaba tiempo con mi señora o mis hijos. Pero me siento más que satisfecho por poder haber colaborado y ver a un niño con esa felicidad de tener un juego en las mejores condiciones que para uno no era mucho. Yo era uno más: si había que pintar, poner tornillos, salir a buscar las cosas que la gente donaba. Ahora estamos un poco stand by, pero lo vamos a seguir.

En 2001, su hermano mayor César, se fue a vivir a España por la crisis que vivía Uruguay y no pudo estar en su casamiento. ¿Cómo vivió ese momento?

Somos tres varones y muy unidos. César me dijo un mes antes de mi casamiento que se iba. Imaginate lo que fue para mí y para mis viejos. Me pegó fuerte. Entendía la situación que él vivía con sus hijos, pero me hubiese gustado que estuviera a mi lado. Igual estuvo porque gente amiga me hizo llegar un video en el casamiento y para mí fue muy fuerte. Fue hace más de 20 años y me pasaron un video. No era como ahora que había celulares para filmar. Era todo un trabajo que se mandaron mis amigos para sorprenderme.

En 2001 lo llamaron de Nacional. ¿Cómo vivió ese momento?

Estaba en Cerro haciendo la pretemporada y el técnico era el Culaca González. Él me ponía como titular. Faltaban 15 días para empezar el campeonato. Me llamaron para irme faltando tan poco y yo no entendía. Siempre se dice que el futbolista es el último en enterarse y es así. Me dijeron que me presentara en Los Céspedes y yo llamé al Culaca. Y me contestó: “Yo ya sabía.  El tema es que si te sacaba del equipo titular y siempre habías sido titular conmigo, no ibas a entender nada, ibas a pensar ‘este me saca de la nada’. No quería crearte falsas expectativas por si no salía, te mantuve”. Y fue así. Me tuve que presentar en Los Céspedes. Con Culaca tengo una gran relación de amistad.

Fue bicampeón uruguayo. Hugo De León fue importante para usted.

Sí, fue uno de los entrenadores que me marcó por el respeto que se merece y el respeto que él  le tiene al jugador. Él fue quien me pidió y yo traté de responderle. Me llevé la alegría de haber sido campeón él como entrenador y yo como jugador.

¿Qué diferencias encuentra entre el clásico Nacional-Peñarol y el de Cerro-Rampla?

El clásico que vivo con Cerro y Rampla, lo vivo diferente.  Lo vivo desde juveniles y es algo barrial.  Cada vez que sale el fixture, lo primero que miro es cuándo enfrentamos a Rampla. Porque es algo que vivo hace muchos años. Salgo a la puerta de mi casa y tengo vecinos de los dos clubes. Es un partido que se vive meses antes. Esas cosas hay que vivirlas para entenderlas. Pero no descuido lo que es un Nacional-Peñarol con un Centenario lleno. El haber podido jugado los dos, es algo que uno se lleva con orgullo.

¿Qué se siente ser ídolo de Cerro?

Capaz que la palabra ídolo es demasiado. Sí siento que la gente de Cerro me quiere muchísimo porque soy un afortunado de haber estado las veces que el club tuvo la suerte de ganar una copa. Alguna cuota de suerte tengo y algo habré hecho para poder lograr eso. Pero siento el cariño que me tiene la gente y el que yo le tengo a la gente. Es un club que tiene muchas carencias y la gente está siempre.

En 2013 usted era la cara visible del club y había problemas económicos. Luchó mucho contra la directiva y el presidente Stalin Keuroglian e incluso pararon al plantel. ¿Cómo vivió ese momento?

Fue un problema económico. Había deudas como pasa hoy. Habíamos tomado con todo el plantel una decisión de no viajar a Brasil a un amistoso. Hubo reuniones y malestar y el presidente me citó para manifestarme que no quería contar más con mi presencia en el club. Yo tenía seis meses más de contrato y les dije que no tenía problema, que al otro día me pagaran el finiquito y me iba. Fui a presentarme con mis compañeros de particular y les comuniqué y enseguida me apoyaron: “Vos sos el que transmite las cosas, pero acá tomamos decisiones entre todos. Si te vas vos, nos vamos todos”. Sentí un apoyo importante. Hubo reuniones y terminé mi contrato.  Cuando fue a empezar el otro torneo, me llamó el mismo presidente que querían reunirse conmigo. Yo sabía que querían contar conmigo de nuevo. El presidente me dijo que querían limar las asperezas y querían contar conmigo en el plantel. Yo les dije que donde no me sentía cómodo no quería estar y que les agradecía, pero que en el club no seguía más. Y cuando me iba, me di vuelta y les dije: ‘Miren que me voy sin trabajo de acá. Porque sé que ustedes van a pensar que tengo otro club, pero no es así. Me voy sin trabajo pero gracias a Dios tengo dos manos y dos piernas y puedo trabajar de cualquier cosa”. Y me fui. Ahí fue que me llamó el Turco Apud para que jugara en Sud América. Fue una institución que me abrió las puertas en el peor momento de mi carrera y siempre le voy a estar agradecido.

Hace algunos años, repentinamente falleció su mamá Ana María que lo había acompañado a todas las prácticas y partidos sin faltar nunca. ¿Cómo influyó eso en su juego?

Fue fuerte porque yo era muy pegado a mi vieja. Era muy apasionada y era hincha de sus hijos, se ponía la camiseta y no le tocaras a los pollitos… Fue duro para todos. Muy sorpresivo, de muy pocos días. Volver a jugar era duro. Mirar para el lugar donde estaba siempre ella y no encontrarla, era fuerte, pero también sabía que lo que yo hacía, ella lo disfrutaba. Yo sabía que ella donde estuviera, iba a estar feliz si yo estaba jugando en una cancha. Siempre me decía: “Vos tenés que entrar a divertirte y ser como sos vos”. Es lo que hago hasta el día de hoy y trato de decírselo a mis hijos, que lo que hagan, lo disfruten. Porque si hacés algo y no lo disfrutás, no lo estás haciendo con ganas. Hay que ponerle dedicación y respeto, pero hay que divertirse. Hay gente que no lo entiende. Esas cosas que me enseñaron a mí y a mis hermanos, fue fundamental a la hora de volver después de esa pérdida que fue muy fuerte.

Es que si no se divirtiera, seguramente ahora no estaría jugando.

No, ni loco. Se lo digo a los muchachos más jóvenes. Siempre trato de ser el más bromista en el vestuario por muchas cosas. Por los momentos que vivimos en el club, con problemas y carencias. Si no lo llevás así, divirtiéndote y con alegría, no lográs nada. Siempre digo “lo malo es lo primero que se contagia” y se contagia rápido. Si llego al vestuario con mala onda, cuando vamos a entrenar, imaginate el fastidio. Obviamente con responsabilidad. Eso es fundamental.

¿Qué opina de lo que significó el Movimiento Más Unidos Que Nunca (MUQN)?

Me identifiqué mucho y por muchos motivos. No nos sentíamos representados por la Mutual por su directiva porque veíamos que había muchos errores y falencias. Fue un paso importantísimo para que la Mutual tuviera una nueva directiva y hoy me siento representado. Desde que soy futbolista profesional esta fue la primera vez que fui a votar. Antes ni siquiera nos comunicaban, ni nos enterábamos. Esas cosas no van a pasar más. MUQN fue muy importante y la gente se interiorizó mucho, la gente se hizo sentir también. Nosotros lo que exigíamos era algo tan fácil y sencillo como la Mutual. Entendíamos y entendemos que la Mutual es del jugador y en su momento no nos sentíamos representados.

El hecho de apoyar a MUQN a usted lo radió del equipo.

Yo sentía eso y mirá que yo soy de hablar las cosas y de preguntarlas. Estaba ese rumor y lo pregunté en el club. Me parecía raro que me sacaran de un día para el otro. Cuando uno es jugador, el que manda es el entrenador. Si te da la camiseta, entrás y jugás y si no, apoyás desde donde te toque. Siempre y cuando sean sinceros y te digan las cosas como son. Yo sentía que no lo eran, preguntaban y me decían que no tenían nada conmigo. Sumaba como si estuviera dentro de la cancha. Hasta el día de hoy tengo la duda.

¿Qué le falta al fútbol uruguayo?

Primero, que los equipos sean profesionales. Si hay dos o tres equipos profesionales es mucho. Cuando digo profesional es que el jugador se debe preocupar por entrenar y el domingo por querer jugar. En un vestuario somos 30 y vos no sabés si el compañero de al lado tuyo desayunó, almorzó, si durmió, si pudo pagar las cuentas. Cuando el jugador tiene muchas cosas en la cabeza, a la hora de entrenar,  es mentira que va a entrenar 100%, es imposible, porque vos tenés una familia detrás y sabés que tu familia necesita alimentarse, pagar las cuentas. Y eso la gente no lo sabe. En algún momento estas cosas se van a tener que terminar y ojalá que mañana el jugador sea profesional que es lo que exigimos todos. El jugador en Uruguay no se va a hacer rico jamás, pero tampoco queremos que se hagan ricos los demás con el jugador.

¿Usted vivió algún caso con compañeros que estaban muy complicados?

Claro. Lo que pasa que nosotros no salimos a contarlo. En un club somos unos 30, y tenés cierta relación con 15 o con 10, pero llega un momento que el jugador tiene vergüenza. Y no sabés si algún compañero se anima a decirte que no desayunó o no almorzó o que mañana le cortan la luz. Ese tipo de cosas existe.  Y uno se entera por parte de otro compañero y ahí intentamos ayudarlo.

¿Hubo alguna situación que más lo haya golpeado?

Viví varias. Pero recuerdo que una vez le cortaban la luz a un compañero al otro día y sacamos todos de nuestro bolsillo para pagarle. Y lo haríamos 100 veces. Pero esas cosas no salen de dentro de un vestuario. Jamás. Dentro del fútbol, las generaciones han cambiado muchísimo, pero nosotros, los que somos referentes, tenemos que hablar con ellos para explicarles que hay cosas que no deben salir del vestuario. Porque se pasan cosas buenas, pero en estos clubes se pasan más de las malas y solo nosotros sabemos lo que vivimos día a día.

A veces es difícil entender al hincha.

El hincha paga una entrada y quiere que ganes. Y el hincha no sabe si almorzaste o qué problemas tenés. Ellos exigen resultados. Hay mucha gente que trabaja toda la semana, paga su entrada el fin de semana y se desahoga en un estadio de fútbol. ¿Cuánta gente veo por la calle y los ves de una forma y en un estadio se transforman? Son muy pocos los hinchas que pueden entender esa situación, pero bueno, nosotros también los entendemos a ellos. Ellos quieren ganar y lo que no entienden es que nosotros también lo queremos, que jamás vamos a querer que al club le vaya mal. Porque es mentira eso que muchas veces se habla: “Pah, ¡cómo hay equipos que van para atrás!”. Yo tengo casi 30 años de carrera y nunca me pasó. No soportaría tener un compañero al lado sabiendo que está deseando que nosotros perdamos. No existe en el fútbol.

En Cerro hubo muchos juveniles en los últimos tiempos y parece que el club hubiera crecido. Sin embargo, como pasa con tantos, es al revés y siempre hay deudas.

El club saca todos los años dos o tres jugadores de mucho tiempo a esta parte.  El tema pasa por la parte dirigencial. Van a tener que empezar a capacitarse. Yo para ser jugador tuve que pasar diferentes etapas, gracias a Dios hace poco me recibí de entrenador, pero no me recibí porque tengo 30 años de carrera. Tuve que estudiar para ser entrenador. Y el dirigente es primero hincha, después socio y luego ya es dirigente. Y es difícil tener una institución a cargo y más en estos clubes. Debería haber una capacitación para dirigentes. Los últimos tres jugadores que se fueron del club fueron importantísimos para Cerro y no dejaron nada económicamente. ¿Y eso cómo puede pasar? No es un tema que nos ocupa a los jugadores, sino a la directiva que lamentablemente la seguimos sufriendo.

Hace tres años el Chapita Blanco le dijo a Referí: “Yo me comí el verso de que el fútbol uruguayo es pobre”. ¿Qué piensa de eso?

Uno como referente que va mucho a la Mutual, también lo notó con el tema de MUQN, se dio cuenta de lo que decía el Chapita. Nos dimos cuenta después de ese cachetazo: de que acá el fútbol no es pobre, sino que el dinero está mal repartido. Es lo que decía hoy. Acá el jugador nunca va a ser rico, pero hay gente que se hace rica con el jugador. Yo estoy en Cerro, pero ¿cuántas instituciones pasan penurias económicas? Muchas. Y a eso no le podemos llamar fútbol profesional.  Por eso yo digo que el futbolista uruguayo cuando va al exterior triunfa.  ¿Por qué? Porque allí se preocupa por entrenar y jugar, nada más que eso. La cabeza la tiene ahí. Sabés que cobrás todos los meses, te depositan la plata, ni siquiera tenés que pasar a cobrar. Y cuando uno entrena con la cabeza limpia, es totalmente diferente.

¿Qué cosas no se negocian, no se transan en el fútbol?

La transparencia. Tenés que ser transparente en el fútbol.

¿Y hay transparencia?

Creo que no. Por algo apareció MUQN, por algo están todos los problemas de la AUF, con las empresas, todos los inconvenientes que ha sufrido la selección. Si el dinero está mal repartido, quiere decir que algo está mal. Por algo los jugadores y los árbitros se pusieron de un lado. Falta que cierta parte se ponga de ese lado también. Queremos que el fútbol crezca. Que mis compañeros con 18 años tengan las mejores canchas para entrenar, un desayuno y una merienda, que puedan concentrar.

¿Tiene algún enemigo el fútbol uruguayo?

No sé si tiene un enemigo. Sí creo que hay algo que no le hace bien al fútbol. No sé si enemigo, porque por algo sigue dentro del fútbol. Quiere decir que alguien está saliendo favorecido.

¿Y quién sería?

Todo el mundo habla de que cuando reparten el dinero, siempre la mayor parte se la lleva una empresa. ¿Y eso por qué pasa? Hay alguien que está avalando eso. ¿Son los directivos? ¿Quiénes son? Por eso digo que quizás para nosotros los jugadores sí podría haber algún enemigo, pero no sé si para el fútbol en general, porque mirá que no solo los jugadores viven del fútbol.

También hay que decir que la empresa durante muchos años apoyó económicamente a Cerro…

Tal cual. Pero es lo que hablábamos. Lamentablemente es lo que pasa. Cuando estás agarrado de la empresa, y sabés que hoy o mañana vas a tener que ir a golpearle la puerta, la directiva que viene no tiene otro lado para sacar el dinero y va a tener que ir a golpear. Sin ir más lejos, es lo que ocurrió con El Tanque. Cada seis meses le reclamaban y en el último minuto en la AUF conseguía la plata. ¿Y eso por dónde venía? Es así. ¿Pero por qué esperar hasta último minuto? Es lo que no entiendo. ¿Por qué 30 familias deben estar con la soga en el cuello para saber si vas a jugar, si vas a tener trabajo? Esas cosas no se entienden. Así como la empresa ayudó a los clubes, también te digo, los clubes, ¿cuántas cosas le han dado?

¿Cómo le gustaría que lo recordaran?

Siempre fui frontal y miro a la cara a todo el mundo. Puedo ser bueno o malo como jugador, pero a la hora de decir las cosas, soy muy sincero. Mientras se queden con la imagen de mi sinceridad y de que cada vez que pasé por un equipo dejé todo, ya con eso estoy tranquilo.

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