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21 de agosto de 2011 22:17 hs

Peñarol está 2-0 en su debut en el Apertura en una tarde en la que juega cargando con la obligación de ganar, a pesar de que en la cancha anda una oncena casi nueva. Marcelo Zalayeta, que volvió después de 14 años a jugar en Peñarol, regresa con todo el fútbol que lo lanzó a Europa, un gol y el 50% del otro –por la forma en la que le sirvió el balón a Rossano–, y en el ambiente queda la sensación de que de la mano de Diego Aguirre nuevamente arranca otro Peñarol con aire de campeón. Pero desde la tribuna baja un reclamo, que suena a rezongo y a cachetada para el director técnico. Todo el estadio a grito pelado recuerda a Antonio Pacheco coreando su apodo y, con sutileza, le tiran la bronca al entrenador. Está bien, usted podrá decir que nadie insultó a Aguirre, pero tampoco nadie le dedicó un repertorio de canciones, aplausos ni le corearon su nombre. Lo dejaron en un segundo plano. ¿Hay algo peor que eso?

Lejos de sorprenderme, esa actitud confirma lo que creo acerca de los hinchas, que suelen ser pasionales y muchas veces injustos, porque se expresan desde el corazón y no desde el análisis, lo que se presenta como un riesgo para mantener el equilibrio en la balanza de la justicia. Pero también me deja tranquilo de que son coherentes con ese estilo, así como ayer lo pusieron en penitencia a Aguirre, en unos días lo llevarán en andas por sus éxitos. Y nadie se acordará de la tarde del rezongo de todo un estadio.

Al margen de los momentos que marcaron la sensibilidad de la tribuna, en la cancha quedó reflejada la superioridad de Peñarol después que el equipo aurinegro engranó y tras sufrir un grosero error de MacEachen, que debió terminar en roja para el defensa por una falta al borde del área cuando corría el minuto 11.

De allí en más, con un 4-4-1-1, con Zambrana delante de los cuatro volantes y detrás de Zalayeta, Peñarol manejó el fútbol y dispuso del partido a su antojo, porque Walter López fue un pistón de lujo en ese ida y vuelta, entre marcar y atacar. Entonces Zalayeta apareció en su máxima expresión: recibió en el área, arrastró todas las marcas, giró y le entregó el balón a Rossano para que se luciera: 1-0. Antes de que Zalayeta dejara solo a Zambrana, que le pegó mal a la pelota y se perdió un gol a los 26 minutos, la defensa dejó en evidencia que no está consistente, pero Carini sacó la cara por sus compañeros. Y cuando Peñarol apretaba el acelerador, otra vez Zayaleta. Esta vez Zambrana lo dejó solo y el delantero, con ese tranco seguro, firme, en el que vya cayendo todo lo que se le cruza a su paso, estableció el 2-0. Y partido. En el final del primer tiempo Darío Rodríguez pudo marcar de cabeza.

En el complemento, con la ventaja en el tanteador, Peñarol se recostó en su cancha y el técnico de El Tanque Sisley, obligado a descontaron en el marcador, le aplicó lo mejor de su propuesta con un Matías Saavedra que fue incontrolable, pero no pudo vulnerar la valla de Carini. Paralelamente, Peñarol pudo ampliar diferencias, pero se lo perdió Zambrana otra vez.

Aunque El Tanque Sisley no calza puntos para hacer tropezar a los grandes, era un gran desafío empezar de nuevo, renovado y obligado a reencontrarse con la solidez que brindan los triunfos. El Peñarol de Aguirre empezó con aires de ganador, aunque desde la tribuna se acuerden de Pacheco y pongan en penitencia a Aguirre.

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