Llegó a Peñarol calladito, como uno más, aunque ya era un caudillo por lo que había mostrado en Central Español con el cual fue campeón uruguayo en 1984.
De a poco, se fue afianzando en la zaga mirasol hasta ganar primero el Uruguayo (1986) y después la Copa Libertadores de América de 1987 dirigido por el Maestro Tabárez.
Tanto confiaba en él, que el actual director técnico de la selección nacional, lo llevó a Deportivo Cali de Colombia, porque era un futbolista sensacional en su puesto. Único para su época.
Pero en los días que corren, Obdulio Trasante, de él se trata, tiene una nueva faceta. No solo es hincha, sino que va a todos lados.
Ya se lo pudo ver hace poco más de un mes cuando se inauguró la bandera más grande del mundo ante Independiente. Era uno más de los tantos seguidores del club que hicieron el esfuerzo necesario para llevarla hasta el Estadio Centenario.
Este jueves volvió a cumplir con su misión. Mientras uno de sus compañeros de aquel histórico Peñarol se debatía entre nervios y más nervios en el banco de suplentes como técnico –Diego Aguirre– y otro hacía las veces de periodista en la audición partidaria del club –Eduardo Da Silva–, el Loco, como todos lo conocen desde hace años, estaba con la barra de 700 hinchas que viajaron desde Montevideo para seguir el partido en directo desde el Estadio San Carlos de Apoquindo.
Pero no fue un hincha más. Enfundado en una campera amarilla, soportó el frío como cualquier botija al cual le dobla la edad. Gritó, sufrió, movió los brazos cada vez que el grueso de la hinchada lo hacía. Es decir, lo vivió de una manera muy distinta a lo que se puede imaginar.
“Mirá el Loco”, decía previo a la transmisión “Dito” Da Silva, sorprendido por cómo se manejaba su ex compañero de equipo en la tribuna.
En otro sector del estadio, se encontraba Patricio Yañez. “El Pato”, ex campeón de América con Colo Colo en 1991 y gran delantero histórico de la selección chilena, no confiaba en lo que pudiera hacer Universidad Católica antes del partido.
Consultado por El Observador acerca de cómo veía el encuentro, fue categórico: “Realmente no lo veo bien para Católica. Peñarol sacó una ventaja muy importante en Montevideo. Dos goles son muy difíciles de levantar y, además, Católica nunca vivió una situación así en el pasado en esta Copa, por lo que lo veo muy complicado”. Y fue así no más.
Pese a que Universidad Católica le dejó solo unos 700 lugares a los hinchas de Peñarol en su cancha, los seguidores carboneros se hicieron notar en la gélida noche.
A un pasito de la cordillera, en un estadio mezcla del Parque Franzini con el Campus de Maldonado, cantaron desde dos horas y media antes del compromiso y mantuvieron un duelo intenso con los seguidores cruzados que de a poco poblaron su cancha.
Antes del inicio del partido, ingresó para calentar el arquero Paulo Garcés, quien resultó fundamental para los dos goles de Peñarol en el Estadio Centenario.
El uno fue a hacer los ejercicios justamente en el arco detrás del cual estaban los seguidores mirasoles, que comenzaron a corear: “Olé, olé, olé, olé, Garcés, Garcés”, de manera irónica por lo que resultó para el 2-0 en la ida.
“Uno más y no jodemos más”, le gritó una vez más la hinchada que ya deliraba imbuida en su propia ironía.
El reclamo casi da frutos, pero un rebote en la mano de Mier evitó liquidar la serie más temprano.
El mensaje siguió latente y al final el golero dudó ante un centro largo de Aguiar y el “Lolo” Estoyanoff festejó un gol acorde a la historia.