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Pizza, porro y homicidios: una detective montevideana que aterriza en pantalla

Protagonizada, escrita, producida y dirigida por Eva Dans, Carmen Vidal mujer detective ya está en salas de Montevideo y el interior

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06 de noviembre de 2020 a las 05:03

Carmen Vidal fuma porro. Toma cerveza. Come todo el día pizza del Bar Hispano –se pide la promoción de dos muzzarelas, una común y un fainá–. Limpia poco. Se baña poco. No tiene muchos amigos. En realidad tiene uno, pero muere. Carmen mira todos los días por la ventana como la niebla se enrosca en los hierros oxidados del gasómetro de Montevideo. Camina por baldosas y veredas salidas del film noir. Pregunta, averigua cosas, sale con una bata negra, pasa la madrugada metida en una oficina/cuarto/cocina llena de papeles y un panel de corcho con fotos e hilos rojos clavados. Carmen está investigando una serie de femicidios que se relacionan, al parecer, con un senador corrupto. Carmen es detective. Y por eso está a punto de resolver el caso. Aunque antes tiene que resolverse a ella misma.

Esta mujer, que se pliega a un prototipo detectivesco universal extendido y que sin embargo resulta profundamente montevideana, salió de la cabeza de la realizadora uruguaya Eva Dans y es la protagonista de Carmen Vidal mujer detective, película que acaba de estrenarse en un buen puñado de salas y cines del país. Dans, que vive en Buenos Aires y que en esta producción debuta en la realización de un largometraje, es además lo que podríamos denominar una mujer orquesta: escribió la historia, dirige la película, es una de las productoras y, además, la protagoniza. Sí: ella también es Carmen Vidal. Sí, terminó exhausta pero feliz.

La película –que tuvo su preestreno en el festival Detour– se inscribe en una reciente pero cada vez más consolidada tendencia del audiovisual nacional a apostar por narrativas de género y modelos establecidos, un alejamiento de los temas que caracterizaron a la producción local en la primera década del milenio y que ha encontrado exponentes recientes como La noche que no se repiteEn el pozo, Al morir la matinée y, ahora, Carmen Vidal. El film de Dans toma los elementos del film noir o cine negro más clásico para darle forma y contexto a una ficción que, sin embargo, prefiere correrse del camino ya transitado por otras obras y le extiende la mano a la comedia a través de personajes histriónicos entre los que se encuentra, claro, la detective del título. Y por allí anda también Roberto Suárez, que en este caso le pone el cuerpo al principal sospechoso de los esfuerzos investigativos de la protagonista.

“Me gusta separar a Carmen Vidal del policial, o al menos no digo que lo es. La defino como una comedia noir, porque eso es lo que siento que realmente es: una comedia que transita por los universos del cine negro”, cuenta Dans, que llegó a Montevideo para el estreno de la película y que ambientó su historia de muertes, investigaciones y pizza ahí: en las calles de Palermo, Barrio Sur, frente a la enorme estructura de metal del gasómetro de la rambla, en sus veredas. Es un Montevideo conocido, pero que bien podría, por sus calles neblinosas y sus esquinas difusas, ser parte de una película de los años 50.

“Creo que todos conocemos, hemos visto y vivimos ese Montevideo, pero no estaba quizás muy presente en el cine nacional. Y en ese sentido cómo lo mostramos tiene algo de novedoso también. Algunos me han dicho que parece una película francesa por las locaciones, y en realidad yo pienso que no, que Montevideo tiene esa impronta de verdad. Lo que pasa es que depende mucho de cómo se la mire y, en este caso en particular, de un lente antiguo que usamos y que le da una textura particular, que le quita lo de realidad. A mí no me gusta esa imagen digital y quería que se viera como cine. Y lo necesitaba para narrar, para sostener todo ese universo”.

Si bien este contexto conspira para llevar la película a registros más asociados al noir, lo que termina uniendo a ese género con la comedia es su particular protagonista. Propensa a olvidar el aseo personal, más preocupada por descubrir al culpable que por llegar a fin de mes y pagar el apartamento en el que vive, Carmen Vidal podría a priori causar rechazo pero, en realidad, dan ganas de abrazarla. De palmearle la espalda y decirle que todo se va a solucionar.

“Ella cae bien”, dice su directora, “y pasa porque todos somos un poco eso, todos estamos luchando contra nuestra dejadez, con la desidia. Es como el mito de Sísifo: la vida es todo el tiempo una lucha para no caer. Uno lo vive con mayor o menor naturalidad dependiendo del lugar en el que esté o el momento de la vida, pero es algo muy humano”.

En varias salas

Carmen Vidal mujer detective se estrena en un momento propicio. Al menos para los intereses de la producción. No hay grandes tanques acaparando salas y eso ha hecho que, de alguna manera, el camino sea más aplanado. Dans sabe que en otro contexto su película hubiese conseguido horarios malos y poca disponibilidad de salas comerciales. Por eso, en parte, agradece que la pandemia haya logrado que su primera realización, además de llegar a lugares habituales para el cine nacional como Cinemateca o la Sala B, haya conseguido un lugar en las cadenas más grandes y en varias ciudades del interior. Sabe que las perspectivas, en el mundo “normal”, serían bastante más desalentadoras.

En ese sentido, Dans cree que una ley de cuotas podría beneficiar a ese puñado de películas nacionales que no encuentran un espacio más allá de las salas que las programan, y de paso lograr conquistar públicos que, quizás, todavía no se han topado con producciones como Carmen Vidal.

“Si bien hay una voluntad implícita de parte de los exhibidores que no son Cinemateca o Sala B de que te van a programar en algún horario, una ley de cuotas en salas es urgente y necesaria, porque estamos incitando la competencia más desleal. No tenemos manera de comercializar el cine por fuera de Cinemateca y la Sala B, que nos apoyan, pero cuyos espectadores son los que de por sí ya consumen estas películas. Tenemos que buscar la manera de llegar al público masivo, a la pareja que sale el viernes de noche, que se compra pop y que va a una de las salas de las cadenas. Ese público lo estamos perdiendo y a las películas al final las terminamos viendo los que las hacemos, los periodistas, los críticos y los cinéfilos. Y el cine es para que lo vean todos. O al menos cierto cine. Esta película, en ese sentido, lo es. A mí me gustaría que Carmen Vidal trascendiera para que dejemos de nicharnos a nosotros mismos. Para dejar de encasillar todo tanto, porque si no, no permitimos que florezca nada”.

Pero pandemia o no, Carmen está ahí. En salas de Montevideo y el interior. Esperando. Investigando. En pijama. Comiendo pizza, fumando porro, tomando cerveza y mirando por la ventana con unos binoculares. Pronta para dar el golpe.

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