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Políticos vs economistas: “basta de realidades, queremos promesas”

Los augurios de los analistas muchas veces chocan con la necesidad de hacer política y dar esperanzas a la gente, opina @leopereyra5

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29 de abril de 2022 a las 12:48

En la década de los 70, en un muro de una ciudad latinoamericana cuyo nombre no recuerdo, alguien plasmó en una pintada su desconsuelo por la escasez de esperanzas y la abundancia de privaciones: “Basta de realidades, queremos promesas”, decía el reclamo.

El recuerdo viene a cuento tras la andanada de críticas lanzadas por economistas y analistas hacia la decisión del presidente Luis Lacalle Pou de subir los sueldos de los empleados públicos y las jubilaciones, y pedir a los empresarios que adelanten los correctivos salariales previstos para el próximo año.

La solución tuvo como objetivo, entre otros, cumplir, y seguir cumpliendo en el futuro, con la promesa que había hecho el presidente de mantener el poder adquisitivo de los salarios. Pero esa promesa, que supone también una esperanza para los trabajadores, fue catalogada de “inconsistente” y “preocupante” por especialistas en sacar cuentas pero no en hacer política.

“Esto puede repercutir en mayores costos para las empresas, que luego pueden trasladar a precios. También conspira contra el canal de las expectativas inflacionarias”, advirtió Pablo Rosselli, socio de la consultora Exante. Puede que ello no ocurra, pero el especialista eligió advertir sobre una supuesta, futura y negativa realidad.

En la misma línea de  negros augurios, Alfonso Capurro, socio de la consultora CPA Ferrere, consideró que las medidas “son indexatorias y pueden acelerar el espiral entre precios y salarios”.

El economista Javier de Haedo dijo que fue “insólito el giro del gobierno, solo explicable por procurar mantener la cohesión en la coalición”.

¿Y si así fuera? Si Lacalle buscó cohesionar a la coalición de gobierno, ¿dónde está la falla? De eso se trata también la política, de negociar para lograr acuerdos que permitan gobernar con mayor eficacia y, para eso, el presidente necesita que sus socios no se le desbanden antes de tiempo.

Tal vez el rol de los analistas económicos sea siempre ingrato: el de no ser nunca generadores de esperanzas sino siempre augures de lo peor que puede pasar. Particularmente en un mundo donde el populismo de las promesas fáciles e incumplibles ha llevado al gobierno a figuras con facetas oscuras como Donald Trump y Jair Bolsonaro o el otrora líder venezolano Hugo Chávez.

Pero esa promesa, que supone también una esperanza para los trabajadores, fue catalogada de “inconsistente” y “preocupante” por especialistas en sacar cuentas pero no en hacer política.

Ante la magia falsa de los populistas, los economistas se presentan muchas veces como la voz de la sensatez a veces extrema. Pero la política es otra cosa. Se trata de equilibrar lo posible con lo necesario más allá de lo que digan los números fríos, números que, por otro lado, no tienen una única lectura.

“No tengo ninguna objeción, me parece una medida alineada a lo que se buscaba que era la preocupación por el mantenimiento del poder adquisitivo de los trabajadores, en esa línea creo que es una medida correcta”, dijo el presidente del Banco Central, Diego Labat, a radio Sarandí y lo mismo piensan los integrantes del equipo económico de gobierno sobre el aumento salarial dispuesto y criticado.

Esa clase política tradicional tantas veces denostada, muchas veces con razón, es acaso la principal barrera para proteger a los gobernados de populistas de última hora y de economistas que se enamoran de los números sin reparar que la gente necesita de otros romances para vivir con la expectativa de que las cosas pueden mejorar.

Y no se debe olvidar que en circunstancias de crisis como la de 2002 fueron políticos más que economistas los que se pusieron de acuerdo para timonear un barco escorado que amenazaba con hundirse. Allí estuvieron Alejandro Atchugarry haciendo números pero también dialogando con los partidos para salir del pozo, y allí estuvo el presidente Jorge Batlle obteniendo del Fondo Monetario Internacional –gracias a su buena relación con su par norteamericano George Bush- un fundamental préstamo millonario.

Seguramente serán los políticos los que resuelvan cómo se saldrá, o no, de esta nueva crisis disparada por la pandemia del covid y por la guerra en Ucrania.

Volviendo a los analistas que cuestionaron la suba salarial, el presidente Lacalle definió la situación con acierto: “Ellos analizan y nosotros tomamos decisiones”.

Decisiones que, como fue dicho, muchas veces deben tener en cuenta mucho más que el cierre exacto de las cuentas del Estado. Decisiones en las que son necesarias dejar la luz del horizonte prendida para intentar que ningún desesperanzado, como aquel del muro de una ciudad latinoamericana, prefiera una ilusión, por vana que sea, a un presente al que le está vedado toda posibilidad de un mañana más afortunado.

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