Milongas y Obsesiones > Milongas y Obsesiones - Miguel Arregui

Por el Camino de Santiago: aldeas que parecen de juguete

El Camino de Santiago (VIII)

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26 de diciembre de 2018 a las 05:00

El Camino de Santiago francés, entre Navarra y Galicia, discurre entre una constelación de pueblos y aldeas que parecen de juguete, con sus ineludibles campanarios y nidos de cigüeñas, en los que a la hora de la siesta no se ve un alma. También hay algunas ciudades medianas, casi siempre hermosas y distendidas: Pamplona, Logroño, Burgos, León, Astorga, Ponferrada, Lugo. 

En todas partes hay una gran cantidad de servicios para los peregrinos: albergues, pensiones, restaurantes, bares, tiendas. Los comercios suelen ser atendidos por hombres y mujeres rústicos, brutalmente serviciales, al modo español; o bien por dependientes de Europa del Este o latinoamericanas robustas.

Muchos españoles pasan largas horas en el bar, el café y la mesa familiar. Los comercios cierran entre el mediodía y las cinco de la tarde, un horario absurdo para la modernidad, y para los extranjeros. Al verlos, parece que hay un abismo insalvable entre su notorio bienestar material y sus esfuerzos. Hay más empeño en Cataluña, el País Vasco o Navarra, pero hasta por ahí nomás. 

La economía de España le debe mucho a la complementación industrial con la Unión Europea, y al turismo. España es probablemente la primera potencia turística del mundo, con 47 millones de pobladores y 82 millones de visitantes. Y el Camino de Santiago, con sus 300.000 peregrinos al año, es parte de ello. 

Los campos del norte de España

España es también una potencia agrícola, a pesar de la sequedad de buena parte del territorio: se cultivan frutas y hortalizas bajo plástico en el sur, sobre el Mediterráneo; trigo, cebada, girasol, remolacha y forrajes en el norte; vides y olivo aquí y allá.

La belleza rústica de los campos de Castilla y León, por los que serpentea el Camino de Santiago francés, es difícil de igualar. Los campesinos se muestran retraídos aunque siempre serviciales.

A principios de otoño los interminables campos de Castilla y León, que parecen un mar, se siembran con trigo y cebada. Se ven por todas partes los grandes fardos rectangulares de forraje para el ganado. El girasol está a punta para la cosecha, en tanto el maíz se concentra más en la zona de Palencia y León.

El Canal de Castilla, una obra gigantesca de más de 200 kilómetros de extensión cavada entre los siglos XVIII y XIX, provee agua para los cultivos de las Provincias de Palencia, Burgos y Valladolid. El riego artificial sostiene las grandes huertas y los cultivos de remolacha.

En Palencia el territorio es llano y completamente agrícola. Las aldeas huelen menos a criadero de cerdos y más a lechería. 

El camino en Palencia, sin mayores pendientes, de piedra y polvo blancos, es una bendición para los peregrinos, que salen antes que el sol. 

A pie o en bicicleta

En lo alto de una colina agreste un gringo grandote, cargado como una mula, me ofreció todo su equipo a cambio de mi bicicleta. Se llama Mike, tiene 68 años, y es de Seattle, en el extremo noroeste de Estados Unidos.

—Where are you from? —me preguntó tras conversar unos minutos.

—Montevideo, Uruguay.

Mike abrió muy grande sus ojos:

—¡Oh, no! ¡Oh, no! ¡Uruguay!

Resulta que su hija está casada con un uruguayo y viven en San Diego, California. Encontrar otro uruguayo, en la cima de una colina pedregosa del traste del mundo, le provoca extrañeza.

 Hablamos sobre las ventajas y desventajas de caminar o ir en bicicleta por el Camino de Santiago.

Sólo el 7,3% de los peregrinos hicieron el Camino de Santiago en bicicleta el año pasado. 

Los caminantes creen que el verdadero Camino se hace a pie. Hacerlo en bicicleta puede ser duro; ir a pie es indescriptiblemente duro. 

Próxima nota: Todo lo que proporcionan una bicicleta y un teléfono móvil

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