Uruguay alcanzó este lunes el 50% de la población vacunada con las dos dosis del fármaco contra el covid-19. En un contexto de vertiginosa caída de casos nuevos y una tasa de letalidad que salió de su peor momento, el gobierno y la comunidad científica advierten el incipiente comienzo de otra etapa en la pandemia. Vigilancia epidemiológica, control sobre los casos graves y el trazado de contactos fue la fórmula que concibió el virólogo Santiago Mirazo y con la que se alinean miembros del ex Grupo Asesor Científico Honorario.
El surgimiento de nuevas variantes es la principal amenaza a la efectividad de las vacunas. La variante P1 -también conocida como de Manaos- le significó a Uruguay el pico de casos y un retraso en la manifestación del efecto de la vacunación, señaló Mirazo a El Observador. Si bien el eventual ingreso de la variante Delta encuentra al país en otra situación inmunológica, el virólogo entiende que la vigilancia epidemiológica “es una herramienta invaluable” para saber “realmente cuándo ingresa (la nueva variante) y qué tanto se dispersa”.
Este trabajo lo realiza el Grupo de Trabajo Interinstitucional (GTI) en Vigilancia de SARS-CoV-2 del Instituto Pasteur, que comenzó a funcionar el 15 de marzo de 2021 y fue el que detectó el ingreso de la variante P1 al país. Mirazo destacó que la herramienta es “muy cara”, pero indispensable.
Además indicó que en una gran porción de la población vacunada y con los casos en descenso -en los próximos días el país saldrá de la zona roja del índice de Harvard- se debe empezar a tomar como referencia el número de hospitalizaciones y la letalidad en lugar del número de casos diarios. Esto es producto de que, sobre todo las Coronavac de Sinovac, no disminuyen preponderantemente el contagio si no los casos graves.
En ese sentido, subrayó que no habrá que tomar nuevas restricciones a partir del ingreso de la variante Delta si se continúa avanzando en el ritmo y porcentaje de la vacunación.
Andrés Ferragut, miembro del disuelto GACH, señaló a El Observador días atrás que "hay que encontrar alguna manera de retomar las actividades" a pesar del ingreso de la variante, tomando los recaudos necesarios.
Otro punto clave obedece al trazado y rastreo de contactos como forma de evitar la propagación del virus, estrategia propuesta por el GACH que permitió al país permanecer en zona verde -en el índice de Harvard- la mayor parte del 2020. Fernando Paganini, coordinador del grupo científico, había dicho este enero que Uruguay debía registrar 200 casos nuevos diarios para volver a tomar “control de la epidemia” y “que el sistema de rastreo pueda volver a estar operativo”.
“Sin dudas habría que volver a trazar los contactos, para poder volver a abrir todas las actividades que se quieren abrir y en un país entrando en zona naranja, habría que empezar a pensar de retomar el trazado de los casos.”, sugirió Mirazo.
Ferragut adelantó que "va a ser mucho más difícil" reanudar el rastreo en una población mayormente vacunada, por una eventual falta de detección por ausencia de síntomas. "Si recuperamos el trazado volviendo a los 200 casos diarios que decía Paganini, van a haber muchos asintomáticos. A esos 200 casos hay que poder encontrarlos", explicó en ese entonces.
Durante la interpelación de este martes en el Parlamento, el ministro de Salud, Daniel Salinas, negó que el rastreo se haya discontinuado. Aseguró que en Montevideo hubo 58 rastreadores trabajando en el mes de diciembre, 90 en enero, 97 en abril, 100 en mayo y 94 en junio a lo que se sumó la colaboración de 40 médicos voluntarios. "Nunca, nunca, nunca, nunca se abandonó el tetris (del trazado). Sí se pudo haber perdido el hilo epidemiológico ex ante (antes del evento), pero el posterior no", indicó. Los describió como "un verdadero pequeño ejército de 134 personas rastreando en Montevideo y 157 en el interior".
El día 95
El 3 de junio, a 95 días del comienzo de la vacunación en Uruguay se documentó el quiebre en la tendencia ascendente en los casos de covid-19 en el país, según el informe de efectividad de las vacunas difundido por el Ministerio de Salud Pública este fin de semana.
A partir de las experiencias de otros países del mundo, se esperaba que el quiebre ocurriera cuando se superara el 30% de la población con las dos dosis de la vacuna. En efecto, ocurrió cuando esa cifra llegó a 36%.
El virólogo Mirazo explicó que esto pudo deberse a la predominancia de la variante P1 en Uruguay y advirtió que, una vez alcanzado el quiebre, la curva descendente fue mucho más rápida que la esperada. Aunque destacó que los resultados de la vacunación ya se venían mostrando en la letalidad y los casos en cuidados intensivos.
“Si uno viera la tasa de contagios que debía esperarse con vacuna y sin vacuna había un pequeño desfasaje, pero creo que tiene que ver más que nada con la transmisibilidad de las variantes (…) Ni el más optimista esperaba este quiebre en la curva", desarrolló.
Lo diferenció de la situación de Chile -que vacuna con Sinovac, Pfizer y AstraZeneca al igual que Uruguay- porque en el país trasandino tienen menor proporción de vacunas de ARN Mensajero.