7 de mayo 2021 - 12:30hs

En 2021 se prolonga una fuerte suba de la mayoría de las materias primas y el rezago de algunos tipos de lana ha causado preocupación, pero en el mercado de la fibra sucede una diferenciación muy fuerte que puede generar cambios importantes en la producción uruguaya. Dentro de esa lógica, el ascenso fuerte es para las lanas finas y superfinas, mientras que las más gruesas casi no cambian de precio.

Aunque sin subas tan fuertes como en el resto de  los rubros, el 2021 es de firmeza y muestra una fuerte recuperación luego de dos años consecutivos de caída.

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El Indicador de Mercados del Este (IME) –referencia del precio promedio de toda la lana que se vende en Australia– recupera lo perdido desde mediados de marzo de 2020 y alcanzó al final de abril el mayor valor desde febrero de 2019, apoyado (para variar) en una sólida demanda, fundamentalmente china.

Pero, como en caminos que se bifurcan, mientras las lanas de 17 micras subieron en lo que va de esta zafra más de 60%, las de 30 micras se mantuvieron estables.

El valor del IME ha reflejado la situación sanitaria global. Se desplomó a lo largo de 2020, desde US$ 11,50 por kilo al comienzo del año a poco más de US$ 6 en setiembre, para volver a ubicarse por encima de US$ 10 en abril.

Durante la pandemia se compra mucho menos ropa 

La lógica es la de la vida cotidiana: con encierro por pandemia se compra mucho menos ropa, aunque en los países desarrollados esa fase está terminando y las expectativas se encienden.

La lana venía en auge junio de 2018 y la fibra alcanzó el mayor precio de su historia, con el indicador australiano en US$ 15,47 por cada kilo de lana limpia. Los productores de lana fina en Uruguay vendieron el kilo de vellón a más de US$ 13 por kilo y retuvieron tanto vientres para generar más corderos como borregos y capones para producir más vellones de lana.

Durante el año pasado y hasta fines de 2020 la tendencia fue de ajuste a la baja. Primero por las incertidumbres que generaba la guerra comercial entre China y Estados Unidos y después por el confinamiento, como consecuencia de la pandemia que significó el desplome de la demanda y arrastró al IME a los niveles más bajos en 10 años (US$ 6,31 por kilo base limpia).

Lanas gruesas en un mercado frío y dificultoso 

Según datos proporcionados por el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), en el mercado local por las lanas de 17 micras el precio se ubica en el eje de los US$ 10 por kilo, casi US$ 2 más que el año pasado, pero por debajo del pico de US$ 13,50 de 2018, mientras que las de 21 micras con certificación rondan los US$ 7 y sin certificar los US$ 5.

Por lanas más gruesas el mercado sigue frío y dificultoso, con un precio promedio de US$ 2,2 por vellones de 28 micras.

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En el último mes, el SUL reportó la venta de un lote voluminoso de lana grifa verde certificada de 17 micras de finura a US$ 10,50 por kilo y otro de 17,7 micras a US$ 10 por kilo.

Además del micronaje, el acondicionamiento y certificaciones de los lotes tales como Responsible Wool Standard (RWS) o certificaciones de lana orgánica, Global Organic Textile Standard (GOTS), son priorizados por la demanda a la hora de definir precio y compra, tendencia que se ha acentuado más en el último año.

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Que un kilo de vellón de lana fina se pague en el entorno de los US$ 10 ya no sorprende: ha sido, con altibajos, la lógica desde 2017. Incrementar la producción de lana y afinar la fibra a través de la genética y un adecuado manejo se confirma como un camino que se expresa con claridad en las cuentas de los productores involucrados.

Eso se pudo observar en la jornada virtual realizada por el Consorcio Regional de Innovación de Lana Ultrafina (Crilu), en la que se presentaron los resultados finales económicos y productivos de los cinco predios integrantes del proyecto “CriluMerino$” del Fondo de Promoción de Tecnologías Agropecuarias (FPTA), que ya cumplió su cuarto año.

Aun con una caída en el precio de la lana, los productores lograron incrementar por tercer año consecutivo el producto bruto ovino –lana y carne– y alcanzaron los US$ 30 por hectárea.

El ingreso promedio de las cinco empresas sin considerar el costo de la tierra fue de US$ 101/ha, US$ 32 o 19% por encima que en sistemas productivos similares (CREA). ¿El motivo? Más kilos producidos de lana Merino fina, súper fina y ultra fina y el diferencial de precios de la misma y una relación lanar vacuno tres veces superior.

La incorporación de tecnologías como diagnósticos de gestación, monitoreo de peso, de condición corporal, manejos diferenciales en función de esto –suplementaciones– y control sanitario –lombritest, control de enfermedades podales y ectoparásitos– permitió incrementar la producción de carne y lana en un 49% y 15%, respectivamente, en los cuatro años de trabajo.

Pablo Platero, integrante del equipo técnico, indicó que “se vio un gran aumento de la productividad individual de los animales que, junto con un incremento en la carga –por una mejora en la señalada y retención debido a los altos precios de la lana–, llevaron a una mayor producción por unidad de superficie”.

Carnero con lana fina.

Lo que enseña el proyecto “CriluMerino$”

Juan Bazzano, productor integrante del proyecto “CriluMerino$”, destacó a Blasina y Asociados la importancia de la utilización de padres con datos y de la selección por diámetro de fibra y peso de vellón a través de la medición de estas características en la majada, sin perder estructura o peso de la oveja. Esto llevó en muchos años de trabajo a que, de 2006 a la actualidad, la finura de la lana pasara de 22 micras a 17 micras y a que la producción de lana por animal aumentara de 4 kg a 4,5 kg.

Sistematizar la pesada y la condición corporal de los animales permite un manejo más eficiente de la majada. En el sistema productivo de Bazzano, en el caso de la recría, las borregas se pesan y se les da una alimentación diferencial –pasturas mejoradas– a las más livianas para que lleguen a la encarnerada con un peso de 38-40 kg, repercutiendo esto, junto con un mayor control sanitario, en un incremento en el porcentaje de la señalada.

La raza Merino permitió derribar el mito de que no es posible producir lana ultra fina sin lograr aumentar peso de vellón y del cuerpo e incluso mejorar largo de mecha, el coeficiente de variación del diámetro de fibra y la resistencia a los parásitos gastrointestinales.

Crilu es una alianza público-privada entre el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Sociedad de Criadores de Merino Australiano del Uruguay (Scmau) con la colaboración del SUL y del Instituto Plan Agropecuario (IPA).

Son cinco los predios participantes del proyecto CriluMerino$ FPTA, ubicados en zona de basalto al norte del Río Negro, desde Paso de los Toros al norte de Salto. Ocupan un total de 12.400 ha con una población de 19.600 ovinos y todos los predios son sistemas mixtos de producción ovina (ciclos completos) y vacuna. Los diámetros de lanas van de 16,3 a 18 micras. Hay predios que tienen área mejorada, entre un 17 y 30%, pero la mayoría producen en campo natural.

Este es un año importantísimo en el ovino. Muchos productores se cuestionan la continuidad en el rubro, golpeado por pérdidas que causan robos y depredadores, pero por los avances de vacunación en países desarrollados y en China y una proyección de mejora en la economía de los mismos que permite que se restablezca la demanda por carne y vestimenta, el sector piensa en el inicio de la recuperación del crecimiento. 

Producción: Cecilia Pattarino

Animales productores de lanas finas.

Temas:

Lanas Carne ovina Rubro ovino Indicador de Mercados del Este Member

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