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23 de agosto 2023 - 12:41hs

Para la defensa del hombre que en primera instancia fue condenado por explotación sexual, no era lógico de acuerdo a las dinámicas de las relaciones humanas actuales que, después de haberle preguntado tres veces a una adolescente si era mayor de edad, además tuviera que haberle pedido la cédula. Sin embargo, para la jueza María Laura Sunhary que lo condenó en primera instancia y para el Tribunal de Apelaciones, el hecho de que las dos primeras veces hubiera evadido contestar debió haberle generado sospechas a él que era el adulto.

Además, sostuvo el tribunal, según consta en la sentencia a la que accedió El Observador, "son notorias las diferencias entre una menor de 15 años y otra de 18 por más desarrollada que pueda ser aquella". El fallo de Sunhary fue el año pasado y en mayo de 2023 el tribunal lo confirmó en todos sus términos.

La adolescente tuvo dos episodios con el condenado, ambos en junio de 2019, en un lujoso hotel del Centro donde él se estaba alojando. Concurrió acompañada de una amiga de 19 años y ambas habían entablado comunicaciones previas con él a través de una red social en las que se ofrecen encuentros sexuales a cambio de dinero. 

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El tribunal remarcó lo "insólito" de que le hayan permitido el ingreso al hotel sin presentar documento de identidad, más allá de que ella hubiera dicho en ese momento que no lo traía consigo. A su vez, la describieron como una menor "carenciada y con muchas vulnerabilidades". 

Criticó que la defensa haya intentado descalificar a la víctima llamándola "manipuladora" y "mentirosa" y se refirieron a "sus particulares concepciones de la ideología de género". Pese a todo ello "no logran instalar en lo más mínimo una duda razonable" que permita fallar a su favor.

Cómo fue el caso

Al momento del hecho, en junio del 2019, la joven y la adolescente se encontraban viviendo temporariamente en la casa de tres hombres, de las que eran víctimas de explotación sexual. En ese contexto, a raíz del perfil de la joven mayor de edad en una página web de trabajadoras sexuales, comienzan a intercambiar mensajes con el luego condenado.

Allí convienen la tarifa, que por dos encuentros terminó siendo de 18 mil pesos y otra parte en cocaína. Les planteó determinadas prácticas sexuales a realizar "siempre que las dos estén de acuerdo”. “Muéstrenme que me van a dejar explotar dentro de las dos y les compro a las dos”, expresó en otro pasaje. 

En el hotel céntrico en el que las convocó, no se controló debidamente su edad. El acusado declaró en el juicio que no tuvo sexo con la menor, dado que ella se encerró en el baño las dos veces mientras él mantuvo relaciones con la mayor, pero esto para la jueza de primera instancia "no resiste el menor análisis", porque no tuvo ningún correlato en los mensajes de texto posteriores. 

Tampoco entendió de orden el argumento de que el hombre (de origen estadounidense) no conocía la dinámica del Uruguay, puesto que él en un mensaje escribió que estaba pagando un precio elevado por el servicio que obtendría. 

A su vez, la jueza le dio la razón a la defensa en que hubo contradicciones en las declaraciones de la joven y la adolescente. La víctima dijo en sede judicial que ella sí le había transmitido al acusado que era menor de edad, pero para la magistrada eso no tiene valor porque surgió ante "la insistencia del funcionario judicial" que le tomó la declaración y una "pregunta sugestiva". 

El condenado es un funcionario de seguridad que ofrece servicios tercerizados y que viajaba seguido. La Fiscalía interviniente fue la de 5to Turno, que cuando inició el caso tenía como titular a Darviña Viera y luego el caso lo continuaron sus adscriptas, Fulvia Favretto y Nicole Lebel. 

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Explotación sexual Fiscalía de Delitos Sexuales

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