2 de abril de 2023 5:01 hs

Entre 1973 y 1999 hubo cinco episodios de La Niña, pero hubo 10 entre 2020 y 2022 y los tres últimos fueron severos.

Como dice el meteorólogo Mario Bidegain, “en los últimos 20 años la anormalidad es la norma en el clima”.

Esta realidad lleva a profundizar en las estrategias de uso del recurso agua. Mitigar los efectos de la falta de lluvias y optimizar la gestión del agua suben posiciones en la agenda de prioridades agropecuarias. El presidente Luis Lacalle Pou dijo en la Expoactiva Nacional que el riego debería ser la próxima política de Estado. Se habla incluso de un “GACH de riego”.

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Sebastián Frade Campos secos, cero oferta de pasto natural y costos crecientes por la necesidad de alimentos extra para los vacunos.

En los cultivos de verano el impacto del déficit hídrico extremo y prolongado es inmediato: pérdida de lo sembrado y caída pronunciada de rindes en las chacras que se salvan.

En la ganadería, además de efectos a corto plazo que en marzo empezaron a sentirse con más fuerza, como la escasez de ganado terminado, los de largo plazo son aún más graves: baja en la preñez de las vacas y reducción del stock futuro de hacienda, que se reflejaría en la faena y la capacidad exportadora.

En los campos la seca se expresa en la pérdida de amplias áreas de pasturas y mejoramientos, así como en el retraso de siembra de forrajeras por falta de humedad. La preocupación por la disponibilidad de comida para el invierno está instalada.

Informe: sistemas ganaderos.

Informe: sistemas ganaderos.

El interés cada vez mayor por conocer sistemas de riego de praderas llevó a más de 130 asistentes a la jornada “Produzca pasto y carne en años de La Niña” en Cerro Colorado, Florida, el 10 de febrero.

Allí fueron presentados resultados de investigaciones por parte del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), así como experiencias de productores.

“La realidad es que no hay tanta costumbre y cultura de utilizar el riego en ganadería ni de carne ni lechería; hay lecheros que riegan para hacer reservas o para producir maíz. El productor todavía no se ha logrado convencer de que es una herramienta que sirve”, dijo el ingeniero agrónomo Juan Pablo Marchelli, que presentó resultados de un ensayo en lotus maku bajo riego desde 2010, con dos sistemas: pivot y desnivel.

Control de pasturas, en un predio ganadero en Uruguay.

El riego no hay que verlo como un año puntual sino a largo plazo, dice Marchelli, del SUL: “las pasturas en algún momento del año van a necesitar agua para potenciar su producción”. Incluso, como este verano, para sobrevivir.

La supervivencia de las pasturas es fundamental. En secano duran de dos a tres años. El déficit hídrico retrasa el crecimiento y las invaden las malezas. El suelo requiere más nutrientes. Es necesario sembrarlas a fines del verano y pastorearlas recién en la primavera. La amortización de la inversión en pasturas se calcula a tres o cuatro años, si duran dos años los costos se duplican.

Uruguay tiene una precipitación promedio de 1.200 milímetros anuales, lo que puede ser suficiente para cualquier cultivo realizado en secano, pero su distribución es muy aleatoria, de manera que se puede considerar el riego como una práctica ocasional para los momentos de deficiencia de agua, señala el ingeniero agrónomo Joaquín Ponce de León, que ha dedicado más de 50 años a impulsar la ganadería desde “las plantas”.

Considera “deficiente” no utilizar con frecuencia el riego para producción de forrajes y pasturas: “Las necesidades de agua no son cubiertas todo el año por las precipitaciones, de manera que se hace necesario el riego en los momentos de deficiencia de agua”.

Para Claudio García, investigador principal del INIA, la falta de riego es un problema estructural en un país con una ley aprobada pero nunca reglamentada, que podría atraer inversores ajenos al sector. Para las empresas agrícolas sí están vigentes beneficios y descuentos.

Las necesidades de riego de las pasturas se concentran entre octubre y marzo. En los campos del SUL que evalúa Marchelli en Florida “fue necesario un riego para ayudar a la pastura en su crecimiento” en todos los años desde 2010 excepto uno.

El promedio de riego fue de 185 milímetros por temporada: en 2022-23 llevaban 285 mm a principios de febrero en riego con pivot y 450 mm para riego en desnivel.

Las precipitaciones hasta la semana pasada eran las más bajas en 12 años, apenas 272 mm y la mitad de ellas en octubre de 2022.

En todo ese periodo la producción de forraje lotus maku fue de 14,5 a 15 toneladas de pasto por hectárea según el método de riego. Más del doble de las 7 toneladas del mismo cultivo en secano, afirma Marchelli.

“Indudablemente que el riego soluciona problemas de abastecimiento de forraje al estabilizar la producción todo el año”, afirma Ponce de León, “la rentabilidad del cultivo está directamente relacionada a la transformación del forraje, si esta es eficiente, la rentabilidad está asegurada”.

El sistema de Marchelli produce entre 750 y 800 kilos de carne por hectárea, con picos de hasta 1.100 y 1.300 kilos entre vacuna y ovina, una relación de 18 a 22 kilos de forraje por kilo vivo. El margen bruto obtenido es de US$ 283 a US$ 626 por hectárea desde 2010.

Mejorando la persistencia se puede duplicar o triplicar la producción de carne. Otro estudio realizado en Salto entre 2015 y 2017 por INIA concluye que la producción de carne (vacuna y ovina) en dos años de investigación muestra que es posible aumentar más de 40% la producción de carne de todo un establecimiento regando solamente el 10% del área. El riego, y un adecuado aporte de nutrientes vía fertilizantes (fósforo, potasio), contribuye a obtener altas producciones de materia seca de buena calidad, manteniendo un buen balance de las especies y mejor competencia con las malezas.

“La producción de materia seca bajo riego aumenta más del 100% en relación a situaciones sin riego en el periodo primavera-verano”, según este sistema. El sistema se mantiene estable y tener un pulmón verde cobra especial relevancia en situaciones de déficit hídrico.

Informe: sistemas ganaderos.

Informe: sistemas ganaderos.

Informe: sistemas ganaderos.

Agua en la parcela

Elena Patrón, creadora del programa de producción Agua y Leche basado en agua en la parcela, afirma que “el riego no es una solución a la coyuntura” y que en un sistema pastoril tiene más complejidades que en uno agrícola.  

Aumentar la materia orgánica del suelo para recuperar la fertilidad perdida en los ciclos agrícolas es fundamental. “Si el animal tiene agua cerca de donde come, se recupera mejor el suelo”. Esto garantiza una fertilización pareja al homogeneizar el bosteo en la parcela.

Los nutrientes que son removidos por producciones de 1.000 kilos de carne por hectárea y 10 mil litros de leche “son bastante moderados” y deben ser repuestos luego de cada ciclo de producción, lo que incluye la correcta fertilización, explica Patrón.

El agua en la parcela no solo permite reciclar el 95% de los nutrientes consumidos, y comenzar la fase de recuperación orgánica del suelo, sino que también conduce a un aumento de la producción animal.

El riego en estos sistemas de agua en la parcela puede ser un recurso más dentro del paquete de insumos: “una vez que están todos los deberes hechos ahí vamos a poner el agua para crecer en fertilidad”. Pero el riego solo, sostiene, no va a solucionar todos los problemas en el manejo de las pasturas.

La infraestructura de riego requiere inversiones de largo plazo. Según Marchelli hay que pensar en una amortización de 10 a 15 años para equipos de pivot, y de 25 a 30 para una represa, lo que excluye a muchos arrendatarios.

En el ensayo de Marchelli la relación de producción de forraje es de 18 a 22 kilos por kilo de carne y el margen bruto obtenido varía de US$ 283 a US$ 626 por hectárea.

Ponce de León resume que un pastoreo racional, con pequeñas áreas diarias y con grupos pequeños de animales hace que la producción de carne se incremente hasta 1.200 y 1.500 kilos de carne anual por hectárea. “Son valores que llaman la atención pero que son posibles cuando agregamos el agua en la parcela, que teniendo un sistema de riego es más fácil de implementar y ahí se crea un circulo virtuoso, donde no solo estamos produciendo más carne, sino también transformando el suelo por el aporte de materia orgánica y ciertos minerales”.

Lo principal de esta crisis es aprender las lecciones para las próximas sequías, sostiene García. “El método y el sistema son secundarios si estamos bien planificados y sabemos a dónde apuntar con sistemas intensivos”.

Las ganancias, relativiza, no son tan importantes como la reducción de la vulnerabilidad y la posibilidad de tener un pulmón verde que mantenga el sistema estable en situaciones de déficit hídrico.

Piqsels La lluvia, un insumo fundamental en la producción ganadera.

Cuánto cuesta ponerle “el segundo piso” al campo

Para implementar el riego es fundamental evaluar el agua disponible y cuánta área puede regar. Una inversión inicial “razonable” está en el eje de US$ 4.000 por hectárea regada por concepto de instalación e infraestructura, señala Gastón Sebben, técnico de la asociación Regadores Unidos, fundada en 2016. Y un costo operativo anual de US$ 400 por hectárea, que incluye la energía.

Los números de Regadores Unidos fueron tomados como referencia para el estudio “Riego y Productividad” presentado por el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES) en la Expoactiva, que considera cultivos y pasturas.

Para proyectar la viabilidad del riego en ganadería este análisis considera módulos de 100 hectáreas regadas en predios de 1.200 hectáreas que requieren una inversión de US$ 160 mil y un beneficio fiscal de Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones) por el restante 60%.

Se estima que durante el período de repago de 5,4 años las ganancias aumentan a un promedio anual de US$ 10 mil y “cuando se complete el repago y el pago de intereses las ganancias adicionales rondarían los US$ 40 mil cada año”.

Juan Samuelle Cuando llueve de modo adecuado, el sistema se desarrollo con fluidez y sin costos adicionales.

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