El vicecanciller uruguayo Nicolás Albertoni había terminado su discurso hacía pocos minutos cuando Nicolás Maduro irrumpió en la sala al son de una pregunta que irradiaba molestia.
“¿Quién está hablando mal de mí? ¿Quién está hablando mal de mí?”, repitió ante los secretarios de la delegación venezolana que estaban en el salón del hotel en Kingstown donde se desarrollaba la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).
Aunque sabía que el destinatario de sus palabras se sentaba a su lado, el chavista quería transparentar el malestar que alguien –en este caso Uruguay– hubiera reiterado sus críticas al régimen.
“Nos resultan inadmisibles las proscripciones arbitrarias (...) sin competencia en libertad no hay democracia”, había dicho Albertoni en un discurso breve pero que resultó suficiente para que algunas horas después, ya en el avión, Maduro dijera en una entrevista que Lacalle Pou tenía “doble rasero” y “doble moral” porque hablaba de asuntos internos de Venezuela pero no levantaba la voz de la misma forma sobre lo que ocurría en Palestina.
El intercambio ilustra las nuevas tensiones entre Uruguay y Venezuela tras la decisión del chavismo de impedir a María Corina Machado de participar en las elecciones que se realizarán este año y expulsar al representante del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
Consultado por El Observador, Albertoni señaló que la posición de Uruguay fue "la misma desde que comenzó el gobierno en defensa de la libertad y la democracia”. A su vez, prefirió no referirse al malestar de Maduro aunque no negó que al terminar el discurso se dieron algunas “situaciones incómodas” que prefirió no profundizar.
Sin embargo, pese al nuevo aumento de la temperatura, la intención de la administración de Lacalle Pou es volver a enviar un embajador, esta vez de carrera, y mantener en ese nivel la relación diplomática. Según dijeron fuentes oficiales, el fundamento está en que Uruguay tiene "relaciones con Estados y no con gobiernos".
En política exterior, Lacalle Pou ha dicho que sigue la doctrina de Lord Palmerston que citaba con frecuencia Luis Alberto de Herrera: "Los países no tienen amigos permanentes ni enemigos permanentes sino intereses permanentes".
Inés Guimaraens
Omar Paganini y Nicolás Albertoni
Renuncia y campaña
El 19 de febrero, tras recibir el informe del embajador saliente Eber da Rosa, el canciller Omar Paganini ratificó la preocupación del gobierno por la situación en Venezuela.
“La viabilidad del proceso de normalización democrática está en cuestión por una serie de acciones del gobierno. Debe haber elecciones libres y transparentes. Con persecución y proscripción de candidatos, con prisión de líderes sociales y expulsión de representantes internacionales no se llegará a la normalización democrática que se buscaba con el Acuerdo de Barbados”, escribió en Twitter.
En ese hilo, Paganini mencionó que Uruguay consideraba “conveniente y necesario” mantener los vínculos diplomáticos con Venezuela por lo que el gobierno evaluaría la representación a mantener en Caracas mientras seguía con atención la “evolución política” del país.
Además del informe sobre la situación política, Da Rosa le entregó al canciller su renuncia definitiva por lo que no retornó a Caracas sino que se fue a Tacuarembó, ya que su intención es participar activamente de la campaña electoral.
Cuando se instaló en Venezuela, el dirigente político llevó solo ropa que se trajo en el vuelo por lo que no necesitó hacer otro viaje para organizar el retorno definitivo. La embajada quedó a cargo de Ana María Pérez, una funcionaria de carrera del servicio exterior que está en la misión diplomática desde el año pasado.
Idas y vueltas
En 2015, el gobierno de Tabaré Vázquez había bajado el rango de su relación con Venezuela y decidido tener enviados de negocios en lugar de embajadores, pero en 2022 Lacalle Pou resolvió volver a elevarla y designó a Da Rosa al frente de la misión.
Camilo dos Santos
Archivo
Desde el Ejecutivo habían dicho a El Observador que si bien se consideraba a Maduro un dictador, la decisión de enviar a un embajador fue una señal de respaldo y consideración a la negociación que desembocó en los “Acuerdos de Barbados”, en el cual Maduro se comprometió a realizar elecciones libres y con participación de la oposición.
El envío generó polémica entre el oficialismo y la oposición, ya que la izquierda señaló que era una contradicción aumentar la relación diplomática si no había democracia en el país caribeño.