En casi todos los países, los políticos que no aparecen favorecidos en las encuestas suelen desmerecerlas con el desafío clásico: “Hay una única encuesta que importa, y es la de las urnas el día de las elecciones”. Pero en Argentina esa premisa suele sufrir una mutación: quienes descreen de las encuestas sobre imagen pública de los gobernantes o candidatos esgrimen que el verdadero, único e inapelable juicio de la opinión pública se expresa en el precio del dólar.
De acuerdo con este criterio, la jugada de Cristina Fernández en el sentido de radicalizar su pelea contra los fondos buitre y la justicia estadounidense le ha salido mal, por más que las encuestas marquen una mejora en su nivel de aprobación por parte de la ciudadanía.
En las tres jornadas siguientes al anuncio sobre un cambio de jurisdicción para el pago de bonos soberanos –cuyo pago original en Nueva York está congelado por el juez Thomas Griesa–, la economía acusó movimientos preocupantes.
El dólar paralelo llegó a su récord, con un precio de 14 pesos argentinos, mientras que el tipo de cambio oficial vivió su semana más movida desde la devaluación de enero: tras una suba de 15 centavos en la semana, llegó a un nivel de 8,44 pesos argentinos. Ayer el dólar blue se transaba a 13,93 pesos, mientras que el oficial se ubicaba en 8,4.
El primer efecto es una parálisis en la economía: todos quienes tienen activos dolarizados, como los productores sojeros, suspenden las ventas, porque se genera la expectativa de tensiones cambiarias futuras.
Pero, además, la suba del dólar provoca un problema político: los funcionarios K quedan mal parados, porque habían negado expresamente que pudiera haber correcciones bruscas en la cotización de la divisa. El viceministro de Economía, Emanuel Álvarez Agis –que suele repetir en público los argumentos de Axel Kicillof–, planteó el jueves de mañana que el gobierno resistiría las presiones para devaluar que están realizando empresarios industriales liderados por Héctor Méndez.
“Nosotros no vamos a reinventar la historia. Siempre que el tipo de cambio aumenta bruscamente, Argentina enfrenta situaciones de tensión. Si Méndez quiere volver a esos esquemas que ocurrían a principios de los 80 de devaluación, inflación, nueva devaluación, este gobierno no va a aplicar ese programa”, afirmó Álvarez Agis.
Horas después, el tipo de cambio oficial se deslizaba abruptamente desde una paridad de 8,33 pesos argentinos hasta un nuevo nivel de 8,4. El mercado interpretó esto como que la devaluación, lejos de haber sido una medida estudiada y decidida por el gobierno, fue una imposición del mercado que “se llevó puesto” al tipo de cambio oficial.
Peor aun, la propia Fernández, en la noche del miércoles, hablando ante inversores en el acto del aniversario de la Bolsa de Comercio, había destacado cómo resultaba más conveniente apostar a títulos en pesos del mercado de capitales local y no al billete estadounidense.
Lo que se dice un mal “timing” de la presidenta. Con los movimientos de ayer, el dólar oficial lleva acumulada una suba de 29% en el año. Y el blue, ya cómodamente instalado en el valor de 14 pesos argentinos, les dejó a sus seguidores una ganancia de 40% desde enero hasta ahora.
La pelea interna
Hay también otra interpretación posible para la nueva incertidumbre cambiaria: la existencia de una “pulseada” entre dos facciones internas del gobierno: la del ministro Kicillof –partidario de la expansión monetaria y fiscal y de planchar al tipo de cambio– y la de Juan Carlos Fábrega, el presidente del Banco Central –partidario de dejar deslizar la moneda, subir la tasa de interés y moderar el gasto–.
Hasta ahora, no habían dudas respecto de quién estaba ganando: la reciente baja en la tasa de interés, los anuncios de mayor gasto público y la radicalización en la pelea con los “buitres” hacían pensar que Kicillof se estaba imponiendo. Ahora, no está tan clara la situación, porque la suba del dólar fue producto de que el Banco Central se retiró del mercado ante la agudización de la falta de divisas. Y, de esa forma, terminó convalidando la nueva paridad cambiaria.
“Hubo un efecto arrastre por la suba del dólar paralelo; creo que el Banco Central trata de dar la señal de que la ampliación de la brecha no va a ser infinita y que el actual nivel no es tolerable”, observó el economista Jorge Todesca, exviceministro de Economía.
Recordó, incluso, que la reducción de la brecha era un objetivo que Fábrega se había fijado al asumir la presidencia del Central.
En la misma línea, el consultor Federico Muñoz apunta que la suba del blue refleja un empeoramiento en las expectativas del mercado, que ahora espera un escenario de menos dólares para respaldar una base monetaria mayor.
“En un escenario como el que tenemos hoy, lo que ocurre es que se desincentiva la oferta de divisas. Todo aquel que tenga dólares, o un activo dolarizado, tratará de retenerlo, porque siente que es inevitable otra corrección cambiaria. Y, del otro lado, hay una gran demanda de dólares para hacer funcionar la economía y para pagar obligaciones”, describe. Para Muñoz, lo que el gobierno está transmitiendo es que interpreta la señal del mercado y que no puede tolerar que la brecha llegue a niveles de 70%, porque ello produce un “estrangulamiento” en el mercado de divisas.
Olor a enero
Lo cierto es que el panorama actual se empieza a parecer peligrosamente al de enero pasado, y no solamente por el retraso cambiario o la escasez de sojadólares, sino también porque vuelve a instalarse el temor a una caída de las reservas del Banco Central.
Luego de algunas semanas relativamente tranquilas, el Central terminó con una pérdida de US$ 89 millones, con lo cual las reservas llegaron a US$ 28.860 millones, un nivel similar al que se había caído el 18 de junio pasado.
El informe oficial del Central destacó que había cancelado diversas obligaciones –principalmente en la importación de energía– y que, además, lo había afectado negativamente la caída de 1,4% en el precio del oro y el saldo “en rojo” de la cotización de los títulos externos que forman parte de su activo. En definitiva, lo que está decodificando el mercado es que Fábrega está volviendo a mostrarse firme en su objetivo fundamental: proteger las reservas. Y que, en esa cruzada, hasta puede llegar a dejar mal parados a Kicillof y a la misma presidenta.
Bonos argentinos cayeron casi 20% tras default
Los títulos públicos argentinos que cotizan en Nueva York llevan perdidos hasta casi 20% de su valor desde que el país entró en default el 30 de julio pasado. Precisamente fue el bono que no se pudo pagar por el fallo de Thomas Griesa en el caso holdouts, el Discount en dólares bajo ley estadounidense, el que se desplomó 18% en lo que va del mes, poco más de 20 días. A su vez, el bono Par en dólares, con la misma ley, perdió 13% de su valor. Por su parte, los títulos de corto plazo también cayeron: el Bonar X, 11,4%, y el Boden 2015, 5%. De todas formas, los precios de cierre del último viernes se mantienen por encima de los valores que mostraban los bonos en los primeros meses del año, cuando fueron golpeados por las medidas del Banco Central de fines de enero. La decisión de la autoridad monetaria más recordada de esa época es la devaluación, sin embargo fue la imposición a los bancos de deshacerse de parte de su cartera en dólares lo que hizo que los precios de la renta fija se derrumbaran. (El Cronista)