Veinte años después de la última victoria del Real Madrid en el estadio Camp Nou, con un partido de Liga en juego, el equipo madridista rompió con la larga sequía sin obtener un triunfo y esta noche se hizo con los tres puntos de forma incontestable en el coliseo barcelonista (1-2).
Dos años atrás (temporada 2001-02), el Real Madrid ya había saboreado el triunfo en Barcelona, pues con motivo de las semifinales de la Liga de Campeones europea, el conjunto madridista venció por 0-2.
Un punto en cuatro jornadas, con el Espanyol en el horizonte la próxima semana, definen en qué estado de desgracia se encuentra el equipo que entrena el holandés Frank Rikjaard: completamente desdibujado y falto de aire.
Necesitaba el Barca un ambiente de esta carga emotiva para incrementar su maltrecha autoestima. Venía de vivir con la soga al cuello en los anteriores episodios de la Liga española en los que sólo amarró un punto contra el Valladolid de tres choques disputados, y derrotas contra el Villarreal (2-1) y Málaga (5-1).
En estas, y a pesar del ánimo incansable de su jugador número 12, y de minar el ánimo del portugués Luis Figo con insistentes insultos, el once barcelonista comprobó que la función no iba a con él.
Varios minutos le costó al Barca sacar el balón de su campo y hasta el 36, cuando Xavi lanzó una falta directa, el conjunto catalán no había inquietado a su rival. Para desgracia del Barca, en la siguiente jugada marcó el Madrid (0-1).
Vista la primera parte, nadie hubiese apostado por el resurgimiento en el segundo tiempo del Barca; miedoso y cobarde en los primeros 45 minutos, la segunda parte del choque vio la mejor versión del Barca desde hace unas semanas.
Pero el Madrid ya no le perdona nada al Barca, ni cuando, como este sábado, lo vio realmente herido de muerte. Kluivert marcó y se pensó en el sueño, pero el Madrid hacía ya muchos minutos que había decidido ganar el partido.
Era esta noche o nunca. Llevaba tres temporadas saboreando buenas actuaciones pero sin un triunfo en el Camp Nou. Esta noche el Madrid sabía que no iba a fallar. Vio la alineación del Barca minutos antes de arrancar el choque y sonrió; el Barca había facilitado el trabajo.
(EFE)