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Redención guantanamera

Luego de salir de su país, el refugiado sirio Ahjman busca realizarse en Uruguay

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16 de agosto de 2018 a las 05:00

La historia mundial a veces se empeña en pasar por Uruguay. Ocurrió cuando el acorazado de bolsillo alemán Graf Spee se hundió en las afueras de la bahía de Montevideo en tiempos de la segunda guerra mundial.

Entonces la población de Montevideo se agolpó en la rambla para ver un espectáculo inolvidable, y Uruguay ingresó de lleno en los libros que narran que en sus orillas sucedió la última gran batalla naval sin submarinos ni aviones de la historia. La devastadora guerra del siglo XX estaba en su apogeo y los uruguayos la veían desde la escollera. Algo similar ocurre con la peripecia personal del sirio Ahmed Ahjman, un joven con cara común que fue capturado por fuerzas del ejército estadounidense en Pakistán y acusado, nada más ni menos, de ser chofer del autor intelectual de los atentados de las torres gemelas y el Pentágono el 11 de setiembre de 2001: el temido y denostado Osama bin Laden.

Ahjman padeció el destierro en la cárcel militar de Guantánamo en la isla de Cuba. Allí fue torturado de las formas más crueles e increíbles hasta que, debido a un extraño acuerdo entre el gobierno de José Mujica y el de Barack Obama, quedó libre en esta desconocida y lejana república del sur del continente americano.

Junto a Ahjman, llegaron otros cinco exdetenidos de Guantánamo que desde su arribo al país recibieron atención mediática y diversos intentos de apoyo para su inserción en Uruguay. El más famoso fue Jihad Diyab, quien se hizo célebre por sus intentos de fuga, su importante carisma, sus huelgas de hambre y su potente presencia. Ahjman parece ser la otra cara de Diyab. En lugar de buscar la polémica y la confrontación, intentar escapar y vociferar improperios y blasfemias contra la tierra que le dio un lugar donde volver a caminar en libertad, a diferencia de Diyab, Ahjman se preocupó por encontrar su camino y rehacer su vida. La última información que se tiene sobre Diyab es que fue deportado a Siria luego de haber intentado ingresar a Turquía con un pasaporte falso y que habría sido enviado a la frontera entre ambos países y liberado en suelo sirio. En su país natal, hoy devastado por años de guerra, deberá vivir de incógnito, ya que está condenado a muerte por el régimen de Bachar Al Asad. Es más que probable que nunca más sepamos de la vida de Diyab, si es que aún respira. Sin embargo, Ahjam fue noticia por un suceso relacionado con la gastronomía.

El exjoyero de Alepo buscó su reinserción en Uruguay. Quienes lo ayudaron lo guiaron a la gastronomía, ya que no parecía haber mucho mercado para el desarrollo de su oficio manual en Uruguay. El lunes con presencia de intendente de Montevideo, Daniel Martínez, inauguró en el Mercado Agrícola un puesto de comida siria donde buscará brindar productos de la comida típica de su país a los consumidores uruguayos. "Ahmed Ahjam, gastronomía árabe", dice la isla que lleva el nombre del exprisionero de Guantánamo en el MAM.

Solo ponerse un segundo en los zapatos de estos dos exreclusos de Guantánamo, sometidos a cárcel y tortura sin juicio, desterrados de su patria y alejados de sus familias; arrojados en la República Oriental del Uruguay donde no se habla su idioma ni se practica su religión, puede permitir dimensionar lo curioso de la aventura de la vida y lo complejo de los caminos que a veces hay que optar para seguir andando.


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