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Ernesto Vargas en su vida en Mallorca

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Repartía diarios, un brujo le dijo que pasaría de Peñarol a Nacional y fue ídolo de los dos: la vida de Pinocho Vargas

Debutó en la selección antes que en la primera de Peñarol, con quien luego ganó la Libertadores y la Intercontinental; luego pasó a Nacional y también se consagró con dos copas: la vida de Pinocho Vargas

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21 de agosto de 2021 a las 05:01

“Llamame a eso de las 5 de la tarde de ahí, que son las 10 de la noche de acá, porque trabajo todo el día con los niños”, dijo del otro lado del teléfono Ernesto “Pinocho” Vargas a Referí.

Hace 15 años que se fue por unos días a ver a su cuñada a Palma de Mallorca y no regresó más. Es feliz dirigiendo al club Son Caliu de la Federación de Fútbol de las Islas Baleares. Antes lo hizo en Sant Marçal, Consell y Cide.

Con Son Caliu fueron campeones cuatro años seguidos en distintos equipos, y lleva siete títulos en total con el resto de los clubes.

Incluso la arquera de la selección española que fue campeona del mundo en el Mundial sub 17 realizado en Uruguay en 2017, Catalina Coll, jugaba en Sant Marçal, pero de defensa. Fue Vargas quien la colocó en el arco porque le veía condiciones. Luego la compró Barcelona y ganó la Liga de Campeones de este año.

PInocho en la actualidad en uno de los equipos que dirige en Mallorca; el último de los jugadores parados hacia la derecha es uno de sus hijos

“Trabajo dirigiendo niños de cuatro años, hasta jóvenes de 20. Estoy en el club, en la Escuela de Fútbol, y estoy muy contento”, dice Vargas.

“Antes que yo, estuvo (el técnico de la selección argentina campeona de la Copa América) Lionel Scaloni, así que me tocaría dirigir a Uruguay después”, ironizó.

Pinocho se crió en las cercanías del Hipódromo en Montevideo y a los 14 años repartía diarios por todo el barrio montado a un triciclo que para su edad, era enorme.

Ernesto Vargas también trabaja con los más chicos en Mallorca

“Vendía diarios en el barrio y empezaba a las 6 de la mañana. Después, trabajaba en una mueblería, y a las 2 de la tarde, era el goleador de Peñarol en las inferiores. Después escucho eso de que a veces los jugadores están cansados. ¡Por favor! Antes sí que nos cansábamos entre el laburo y el fútbol”, explica.

Aquellas tardes en las canchas de tierra de los clubes de baby fútbol que lo supieron tener como Niágara, Chacabuco e Intermezzo Pocitos, ya comenzaba a mostrar su destreza. Jugaba de centrodelantero.

Y un día a los 13 años, se fue a probar a Peñarol. “Yo era ‘9’. Me fui a probar y me recibieron (Osvaldo) Balseiro y Segundo González, quienes estaban de técnicos. Me acuerdo que estaba (Eduardo) Belza de arquero y le hice un gol por los caños. Estuve a prueba una semana y me dejaron anotado. Cuando volví estaban Pepe Etchegoyen, el Tito Goncalves, que me dio una mano bárbara porque me subió de Sexta a Quinta directamente. Jugábamos en la selección de Quinta, me vio Raúl Bentancor y me llevó a la selección juvenil uruguaya”.

Uno de los puntos altos del fútbol de Vargas en Peñarol era el desborde y la velocidad por la punta

Pinocho quería ser, como muchos niños de aquella época, como Ladislao Mazurkiewicz, el gran golero de Peñarol que explotó en la mitad de la década de 1960. Pero también se fijaba en otros futbolistas. “Morena era mi ídolo y con el tiempo, pude jugar con él. Pero recuerdo a (Raúl) Castronovo, (Julio) Losada, el Indio (Olivera) que la rompía. En esos me fijaba. Después conocí a Marito González, (Ildo) Maneiro, cuando ya crecí y estaba en el club. Si sabías escuchar, te dejaban pensando cuando te hablaban”.

Tiene un récord compartido con glorias eternas del fútbol uruguayo y de Peñarol: al igual que Juan Alberto Schiaffino y que Néstor “Tito” Goncalves, debutó antes con la selección mayor que con su club, en este caso, los aurinegros.

“Llegué de conseguir el tercer puesto con la selección juvenil en el Mundial de Japón de 1979 y casi del aeropuerto me llevaron a concentrar con la mayor. En ese año progresé un montón con Bentancor y (Esteban) Gesto.

Estaban (Víctor Hugo) Diogo, el Hugo De León y varios más, y yo pensaba ‘¿qué hago acá con estos monstruos?’. Jugué el segundo tiempo contra Paraguay por la Copa América. Entré por Daniel Alonso, el padre de Iván quien ahora trabaja en Nacional. Debuté en la selección sin haber jugado en Primera”, explica.

Poco después sí llegó su primer partido en la Primera de Peñarol que dirigía Dino Sani en 1979.

Ernesto Vargas con su esposa y dos de sus hijos en Mallorca

“Entré contra Bella Vista y (Daniel) Quevedo me dio un gol y yo le di otro. Empecé de ‘9’ porque Morena estaba jugando en España. El que me hizo puntero a mí fue Raúl Bentancor en la selección juvenil”.

Pero antes de debutar, sin haber tocado la pelota y sin haber jugado en Primera, el técnico Dino Sani le puso una multa de $ 1.000.

Es que Vargas tuvo un año muy movido en 1979. De la Cuarta división de Peñarol se fue a entrenar todo enero con la selección juvenil que en ese mes jugó y ganó el Sudamericano. En abril, se fueron a jugar un torneo en Cannes y también la celeste fue campeona. Luego, llegó el Mundial en setiembre. Así, no aparecía nunca en Peñarol, ya que entrenaba siempre con la celeste. A eso hay que agregarle su debut con la mayor de Uruguay ante los paraguayos.

“Cuando terminó el partido contra Paraguay, estaba contento por mi debut en la selección. Me fui para casa. Hacía mucho tiempo que no iba a Peñarol. Entonces me quedé tres días con mi familia. No sabía qué hacer, si presentarme en la Cuarta o en la Primera, ya que nunca había sido citado y nadie me avisó nada. Manolo Facal me fue a buscar a casa. ‘Dale, tenés que ir a Los Aromos con los jugadores de Primera’, me dijo. Y allá fui. Cuando llegué, Dino Sani me puso una multa porque no había ido a entrenar. Yo no solo no había jugado aún en el primer equipo de Peñarol, sino que no había entrenado, y no había cobrado porque recién empezaba a ser profesional. Antes de cobrar mi primer sueldo, ya tenía una multa. Y la tuve que pagar”, dice.

Como todos quienes lo tuvieron al brasileño Sani, explica que “le pegaba descalzo a la pelota con una precisión bárbara. Me pasó después cuando fui a préstamo a Quilmes con (Miguel Ángel) Basílico”.

En la tapa del diario uruguayo Mundocolor salía un título en el que desde Chile, Cobreloa decía que si no jugaba Vargas la final en Montevideo, la ganaban

En ese equipo de Peñarol jugaban Venancio Ramos, Ruben Paz y él de centrodelantero. Pero luego llegó Luis Cubilla como técnico “y trajo un ‘9’, el paraguayo Carlos Yaluk, y también a Alfredo Arias, entonces me pidió si podía jugar de puntero derecho. Arias me decía: ‘Ayudame, méteme buenos centros para que pueda hacer goles’. Después, me pidió que jugara de ‘9’ y (el ghanés John) Yawson jugó de ‘7’. El Negro jugaba bien. Hasta que vino Fernando (Morena) con aquella campaña que decía ‘A Morena lo traemos todos…’, y contra Valencia, jugué yo de puntero derecho. El Negro quedó sorprendido, porque venía muy bien. ‘Te doy la oportunidad para que te ganes el puesto’, me dijo Cubilla, y no salí más”.

Con el tiempo llegaron los títulos de la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental de 1982.

En la Libertadores, Vargas terminó con cinco goles detrás de Fernando Morena -máximo goleador de ese certamen- con siete.

“Jugamos contra todos los mejores y había gente que decía ‘Peñarol no juega a nada’. Enfrentamos a San Pablo y Gremio en la serie -que tenía a Hugo De León-, y en la segunda fase a River Plate argentino -con Tarantini, Gallego y Alzamendi- y a Flamengo. Fuimos a esos campos a hacer historia y lo conseguimos. El ambiente era tremendo porque la gente de Peñarol siempre apoyó mucho, como después la de Nacional”.

Vargas le hizo un gol a Defensor, uno a Flamengo (vigente campeón de la Copa) para ganarle 1-0 en el Centenario, uno a River de visita y los dos de local para vencer 2-1.

Aquí se puede ver el gol de Pinocho ante Flamengo para ganar 1-0 de locales:

Pero en el triunfo por 1-0 sobre Flamengo en Maracaná, Pinocho se lesionó la rodilla ni bien comenzado el encuentro.

En esa época “no había resonancia magnética, pensaron que era un menisco. Yo estaba vendido a Real Madrid y me iba a ir después de la copa. Pero por más que me esperaron, esa lesión me lo impidió y contrataron a (Jorge) Valdano poco tiempo después. Era uno de los goleadores de esa copa. Me dijeron que era el menisco, pero me operaron los dos meniscos, ligamento interno, externo y los cruzados. Cuando me recuperé, dos médicos, me dijeron que no jugaba más. (El médico de Peñarol de entonces, Walter) Rienzi me dijo: ‘No creo que juegues más al fútbol’. (El médico Carlos) Maquieira habló con (Carlos) Suero, me operaron y me devolvieron al fútbol”.

Recuerda a Hugo Bagnulo, el técnico campeón con ese equipo:Era más bien como un padre. De repente dejaba un poco el fútbol de lado y te hablaba más de las cosas humanas. Había jugadores muy veteranos que sabían lo que querían y a qué jugábamos. Jugábamos por hambre de gloria, el fútbol uruguayo siempre fue pobre. Si no ganabas, no cobrabas. Lo mismo pasó en 1988 con Nacional”.

Pinocho Vargas jugando la final de la Copa Libertadores de 1982 contra Cobreloa en Chile; solo jugó los primeros 30 minutos, hasta que la rodilla aguantó

En enero de 1982 arreglaron el contrato y los premios de la Copa Libertadores. “Firmamos que si éramos campeones cada uno cobraría $ 100.000 que eran como US$ 10 mil y reventó la tablita del Goyo Álvarez (que hizo pasar el precio del dólar de $ 12,50 a $ 20 y casualmente, el día de la final de ida entre Peñarol y Cobreloa en el Centenario que terminó 0-0)”.

Esto implicaba que el Estado dejaba de fijar el precio del dólar -como venía ocurriendo desde 1978- y lo dejaba libre.

“Terminamos cobrando US$ 3 mil y no US$ 10 mil. Fuimos a hablar con Cataldi y nos dijo que no nos iba a pagar, entonces cobramos mucho menos. En mi caso fue peor porque estaba lesionado y no me dieron aumento porque no jugaba. Pero siempre Dios te da una buena segunda oportunidad y a mí me la dio”, dice.

Fue campeón uruguayo en 1986 en el clásico que se jugó el 6 de enero de 1987 en el torneo que los grandes acordaron que si uno de los dos terminaba hasta dos puntos arriba del otro en la última fecha, se jugaría una final. “No jugué, pero integré ese plantel”.

Pinocho Vargas con la camiseta de Nacional también ganó la Libertadores y la Intercontinental

El preparador físico uruguayo del Atlético de Madrid del Cholo Simeone, Óscar Ortega, lo ayudó “muchísimo” en su recuperación. “La vez pasada hablamos y recordamos cuando fuimos a la India en 1985 con (Hebert) Revetria, y varios de la Tercera de Peñarol, como (Óscar) Ferro, el Pepe Herrera, Jorge Goncálvez, Carlos Sánchez. Anduve muy bien y fuimos campeones”, indicó.

Vargas se fue a préstamo por seis meses a Quilmes de Argentina y el club lo quiso retener, pero Peñarol pretendía dinero. Entonces Vargas, regresó.

“Peñarol me dejó libre, no entendió que yo podía seguir jugando. Me dejaron tirado”, explica.

Después de quedar libre y de todo lo que sufrió por su rodilla, de meses y meses de recuperación, chocó con su auto y la rodilla se le inflamó otra vez.

Allí uno de los médicos que lo atendían le dijo: "Yo hice todo lo posible. Andá a un brujo".

El equipo de Nacional que ganó la Copa Libertadores 1988

Y allá fue Pinocho en busca de un brujo. No solo lo ayudó “un montón” para mejorar toda esa mala liga que tenía con la rodilla, sino que le hizo una predicción de la cual se rio en su momento, pero luego se cumplió.

“El tipo me dijo: ‘Vos vas a jugar en Nacional y yo te voy a llevar yo a la puerta de Los Céspedes’. Yo lo miraba como que estuviera loco. Fue dos años antes. Yo estaba desahuciado por la rodilla y con el paso del tiempo, se cumplió lo que me dijo y me llevó él porque habíamos quedado que, si se cumplía lo que me había dicho, yo le avisaba para que me llevara él a Los Céspedes. A veces hay que creer o reventar. Le dio en el clavo”, contó.

Afirma que “siempre se lo voy a agradecer a Daniel Scheck y a (Néstor) Scavino, porque ellos confiaron en mí y me llevaron a Nacional”.

Pero tuvo un acuerdo muy particular: arregló para cobrar por partido, por si le sucedía algo más en la rodilla.

Así explica aquel momento: “Volver al nivel que estuve fue increíble, jugué más de 70 partidos y gané todo”.

No obstante, tuvo que luchar mucho para conseguirse un lugar en el equipo. Debutó justo contra Peñarol por la Copa Juan Sebastián Elcano que ganaron por penales en marzo de 1987. El técnico era Sergio Markarian.

Pinocho con su hijo Lucas de paseo por Valencia

“Con Markarian llegué a ser el goleador del equipo. Después lo echaron cuando perdimos el clásico de los ocho contra 11 y 6-1 con Progreso en el Paladino. Vino el Profe (José Ricardo) De León y en los entrenamientos, ponía dos sillas en los arcos. (Juan Ramón) Carrasco estaba contento porque había que correr poco y nos reíamos. Luego vino (Roberto) Fleitas, quien no me quería porque pensaba que mi rodilla no iba a aguantar y Suero le dijo que jugué como 70 partidos en un año. Antes de la Liguilla que se jugó en enero de 1988, estaba concentrado y me iba para mi casa. Les dije a los dirigentes que me iba, que no jugaba más. Pero se lesionó un compañero y quedé concentrado. Terminé como goleador y desde allí, Fleitas me tuvo un poco más de confianza”.

Pero el tema no terminaría ahí. Pinocho sostiene que Fleitas “renunció dos veces por mi culpa. Un día, hizo un cambio ante Danubio, puso a Mario López y me sacó. La gente lo empezó a silbar, se dio vuelta y le hacía gestos a los hinchas: ‘¿Me silban a mí?’ Esa noche renunció. En los siguientes partidos me sacaba faltando 15 minutos y volvió a renunciar por los silbidos. Finalmente se quedó y fuimos campeones de América. Me tuvo que poner porque hacía goles. Las pasé con él. Al principio fue jodido”.

Después de aquella famosa Liguilla, dejó de cobrar por partido y firmó un contrato con Nacional.

Fue autor del primer gol de los tricolores en la final de la Libertadores ante Newell’s Old Boys en Montevideo. Esa copa de 1988 que todos los bolsos recuerdan.

Aquí se puede ver el primer gol de Vargas ante los argentinos:

“En Cali, cuando conseguimos aquel empate ante América con gol de (Juan Carlos) De Lima, ya sabíamos que íbamos a ser campeones de América. Soportamos varias cosas que nos hicieron allá, pero supimos sobreponernos”, recuerda.

Fue anfitrión en los festejos del plantel, porque él tenía un restorán con espeto corrido y todos fueron para allí tras consagrarse campeones. Ya había pasado con la celebración del plantel de Uruguay que un año antes había ganado la Copa América en Argentina.

“Fuimos varios de Nacional con la familia porque ser campeón de América no es todos los días. Estar dentro de la historia de los grandes y del fútbol uruguayo es lo más lindo que le puede pasar a un futbolista. Hoy los valores se perdieron un poco, está el dinero por delante”, dice.

Nacional posando en Tokio 1988 ante PSV Eindhoven; un rato después, ganaría la Copa Intercontinental por penales, Vargas fue titular

Y agrega: “Nosotros jugábamos lesionados. Hoy el contratista no se los permite. Nos infiltrábamos los tobillos, los hombros, hoy no lo hacen”.

También explica que “desde chiquito soñaba cómo iba a hacer el gol, cómo iba a ser campeón, como iba a gritar el gol que iba a hacer”.

En ese 1988, llegaron a semifinales de la Supercopa Sudamericana y perdieron con Cruzeiro en Belo Horizonte.

En 2004 se jugó un clásico de veteranos de Nacional y Peñarol en Las Acacias y ganaron los tricolores 3-2; los tres goles los anotó Pinocho Vargas

“Fue la única vez que jugué en un estadio, el Mineirao, que sentí que se movía. Al estar cerrada la tribuna cabecera, se pone la hinchada, tocan y gritan y no escuchás nada, era como que temblaba. Y no me pasó a mí solo, lo sentimos todos. El árbitro nos decía. Perdimos 1-0. Había gente de afuera que no tenía nada que hacer, decían que eran fotógrafos. Ahí, favorecimos a Racing -que tenía a Ruben Paz- y cuando vieron lo que nos hicieron a nosotros, protestaron, jugaron tranquilos y finalmente fueron campeones”, recuerda.

Ernesto Vargas, con 17 años, logró el título de campeón sudamericano juvenil sub 20 en 1979 en Montevideo; es el primero de los de abajo desde la izquierda

Con la selección uruguaya, fue campeón sudamericano juvenil en 1979 y del torneo de Cannes de ese año, y con la mayor, ganó la Copa de Oro.

“Tenía 17 años y ver a la gente en la calle desesperada por Uruguay, era impagable. El fútbol uruguayo necesitaba eso y se aferró con los juveniles. La generación anterior que venía del Mundial de Túnez abrió la esperanza y con nosotros, era impresionante. Lo viví con alegría. Teníamos que demostrar que éramos mejores, teníamos grandes maestros desde Raúl Bentancor en adelante. (Diego) Maradona recién empezaba, Romerito, el paraguayo también, pero nosotros teníamos a Ruben Paz”, sostiene.

Aquí se puede ver uno de sus goles en el Mundial juvenil de Japón 1979; es el primero ante Hungría en el 2-0:

Sobre el Mundialito o Copa de Oro que ganó, también tiene muy buenos recuerdos: “Fue espectacular desde el principio al final. Salíamos de nuestra concentración en San José y hasta llegar a Montevideo, nunca había visto tanta gente en las calles. Nos quedamos sorprendidos. Te lo cuento y se me paran los pelos. No le queríamos fallar a la gente, ¡qué espectáculo!”.

Roque Máspoli era el técnico y entonces creyó en él para que formara parte del grupo. “Tenía mucha suerte, armaba bien los equipos y era muy buena gente, buen entrenador. Fue de los que me llamó. Después, con los años, en Peñarol me tuvo seis meses sin poner”.

Ernesto Vargas palpitando un partido de la Copa de Oro junto al Chifle Barrios, Nelson Marcenaro y el Cascarilla Morales

Y recuerda las Eliminatorias para el Mundial de España 82 del que quedaron eliminados: “Ahí Máspoli le erró en el planteamiento del partido en Montevideo ante Perú con el Chifle Barrios. Lo mandó marcar a Uribe y se tiró para la punta y lo dejó anclado. Oblitas y todos empezaron a generar por izquierda y nos mataron”.

No jugó más en la selección y le quedó una materia pendiente. “Lamento que (Óscar) Tabárez no se la haya jugado para llevarme a la selección de 1990, se ve que tenía miedo por la rodilla. Yo andaba bien, estaba en Oviedo. Me tendría que haber dado una oportunidad. Era lo que me faltaba, poder jugar un Mundial. Me quedó esa espina. Yo andaba muy bien, pero (Antonio) Alzamendi también andaba muy bien, ojo, y fue él”.

La camiseta que le hizo el club Son Caliu por ser campeón en Cadetes en 2020-21; tanto él como su hijo Lucas, aparecen entre los nombres de los campeones

Con los años, formó parte del cuerpo técnico de Uruguay junto a Juan Ramón Carrasco, en 2004. “Éramos amigos y ahí se terminó la relación, me vine a España. Por lo que sabe, Juan podía haber estado hasta ahora en la selección”.

Su hija Florencia está escribiendo un libro sobre la vida de Pinocho. Es, junto a Luis Cubilla, uno de los dos únicos futbolistas que fueron campeones de la Copa Libertadores y de la Copa Intercontinental con Peñarol y con Nacional. Una leyenda viva.

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