5 de agosto 2017 - 5:00hs

La buena noticia de la nueva baja de la inflación, a su nivel más bajo en casi 12 años, ayuda por partida doble. Le quita presión al gobierno en uno de los índices más preocupantes en los actuales momentos de angustias financieras, al mantenerlo en la mitad de la meta oficial de entre 3% y 7%. Y fortalece algo el bolsillo de los consumidores al evitar los aumentos de precios que los castigaban hace pocos meses. Este factor debería ayudar a desactivar la persistente conflictividad desatada en las últimas semanas, avivada por una escalada de paros por reclamos salariales en la educación, la salud, los judiciales y otros sectores del sector público al discutirse los cambios presupuestales en la Rendición de Cuentas. Con mayor poder adquisitivo de los ingresos por una inflación en descenso, esos reclamos pierden (o deberían perder, si se sigue la lógica) fuerza.

La baja se dio en el componente doméstico de la canasta de consumo, que era el factor de mayor incidencia en un nivel que trepó hasta el 11% tiempo atrás. El modesto incremento de 0,32% en julio redujo al 5,24% la suba anualizada del Índice de Precios al Consumo (IPC), marginalmente inferior al porcentaje acumulado a junio. La cifra a julio refleja atenuación de la inflación en bienes y servicios no transables, que son los que se producen en el país para consumo interno e incluyen muchos rubros en el área vital de los alimentos. Este componente bajó tres décimas en julio, equilibrando con creces un aumento de cuatro décimas en la inflación transable, que cubre los bienes y servicios importados cuyos precios devienen de mercados externos y en los que inciden las variaciones en el tipo de cambio .

El resultado de julio fue una placentera sorpresa para todos, incluyendo a los economistas privados e instituciones que El Observador encuesta mensualmente sobre la evolución de la economía. El promedio de los consultados había anticipado que, luego de la reducción en junio, la inflación retomaría una gradual marcha ascendente, con 5,6% a julio, llegando a 6,5% a fin de año y volviendo a sobrepasar el tope del rango meta al cierre de 2018, con 7,4%. No es fácil predecir lo que sucederá en un plazo de uno o dos años. Dependerá de los factores estacionales que inciden especialmente en los rubros alimentarios y de los niveles de demanda de los consumidores a medida que mejoran los ingresos de los asalariados.

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El tipo de cambio, elemento de peso en la determinación de muchos de los precios, no anticipa variaciones bruscas en el futuro previsible. Pero la forma en que evolucione la demanda determinará la marcha del IPC, ya que un aumento en ese rubro por mayor disponibilidad de dinero de los consumidores automáticamente tiende a encarecer la oferta de bienes y servicios y a presionar al alza el IPC. Pero todo indica que la inflación, aunque aún bastante por encima del nivel deseable que ostentan los países desarrollados y con economías estables, ha dejado de ser una pesadilla, por lo menos en el mediano plazo.

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