La buena noticia de la nueva baja de la inflación, a su nivel más bajo en casi 12 años, ayuda por partida doble. Le quita presión al gobierno en uno de los índices más preocupantes en los actuales momentos de angustias financieras, al mantenerlo en la mitad de la meta oficial de entre 3% y 7%. Y fortalece algo el bolsillo de los consumidores al evitar los aumentos de precios que los castigaban hace pocos meses. Este factor debería ayudar a desactivar la persistente conflictividad desatada en las últimas semanas, avivada por una escalada de paros por reclamos salariales en la educación, la salud, los judiciales y otros sectores del sector público al discutirse los cambios presupuestales en la Rendición de Cuentas. Con mayor poder adquisitivo de los ingresos por una inflación en descenso, esos reclamos pierden (o deberían perder, si se sigue la lógica) fuerza.
Respiro inflacionario
Todo indica que la inflación, aún bastante por encima del nivel deseable, ha dejado de ser una pesadilla