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Restricción de recursos: el tire y afloje por más presupuesto

La Rendición de Cuentas evidencia limitaciones económicas, fiscales y políticas de signos opuestos

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21 de junio de 2018 a las 05:00

La Rendición de Cuentas enfrenta restricciones por donde se la mire. A que le impiden aumentar el gasto, pero también restricciones que le impiden recortarlo. El documento que presentará el gobierno al Parlamento y del cual ya dio los grandes lineamientos, está sujeto a un tire y afloje de fuerzas que le impiden ser otra cosa de lo que es: un presupuesto que busca conformar al electorado sin escandalizar a los mercados y al final de cuentas, no deja a nadie tranquilo ni contento.

La primera restricción que evidencia es el magro crecimiento económico que enfrenta la economía. Tanto el gobierno como los economistas privados corrigieron a la baja las expectativas de expansión económica para este año. Se esperaba un crecimiento de 3% y ahora los pronósticos no superan el 2,5%. Eso implica un menor incremento de la recaudación y por ende, menos dinero para repartir.
Hay un agravante adicional.


La lenta pero sostenida pérdida de puestos de trabajo tampoco ayuda porque profundiza el rojo de la seguridad social, que ya de por sí explica una sangría para las cuentas públicas de casi US$ 700 millones anuales.

La segunda restricción tiene que ver con el déficit fiscal y el estado de la deuda. La brecha entre los ingresos y los gastos del Estado se ubica en 3,7% del PIB. Tanto el equipo económico como los analistas privados coinciden que en el escenario actual, mantener ese déficit pone en riesgo la calificación de la deuda.


Si hoy Uruguay mantiene el grado inversor es en parte porque las calificadoras de riesgo confían en los esfuerzos del Ministerio de Economía para cumplir el compromiso de llevar en el mediano plazo el déficit a 2,5%. Pero lo cierto es que esos esfuerzos no han dado, hasta ahora, ningún fruto.

El déficit fiscal se encuentra por encima del 3,5% de 2014 con aumentos de impuestos y de tarifas públicas en el medio. La confianza tiene un límite. Y si las calificadoras pierden su fe en el equipo económico y su capacidad de convencer con su visión al resto del gobierno y al a fuerza política, Uruguay podría verse atrapado en un círculo perverso de encarecimiento del crédito y debilitamiento de su posición financiera al punto tal en que podría verse virtualmente excluido de los mercados financieros.

Si el crecimiento lento supone una restricción sobre los ingresos del Estado y la restricción fiscal impide agrandar el exceso de gasto, todo parecería conducir a una Rendición de Cuentas sin expansión del gasto.

Pero no fue eso lo que presentaron las autoridades. El documento que presentará el Poder Ejecutivo al Parlamento implicará una expansión del gasto pese a que la situación fiscal aconseja lo contrario. Es que hay una tercera restricción que opera en el sentido opuesto. Y es una restricción de carácter político-electoral. La cercanía de las elecciones y el final de esta administración genera tensiones dentro de la fuerza política y en los distintos grupos de presión afines al gobierno. Hay que mostrar lo que no se mostró hasta ahora.

Desde el Frente Amplio y el PIT-CNT, el enunciado es claro: hay que cumplir con el programa de gobierno y para eso faltan recursos. En cierta medida, la administración Vázquez paga el costo de haber presentado una propuesta electoral demasiado ambiciosa y a todas luces imposible de financiar.

La presión es fuerte. El gobierno busca atender las restricciones desde el punto de vista fiscal y del crecimiento, pero sin perder de vista la restricción política. Y al final del día, la Rendición de Cuentas, tan restringida, tan acotada, es difícil que logre resolver nada de lo que se plantea. Ni va a lograr resolver la situación fiscal. Ni va a satisfacer las necesidades que buscaba atender el programa de gobierno.

A lo sumo –y con algo de suerte–, quizás logre ganar tiempo con las calificadoras de riesgo de cara a un ajuste fiscal al comienzo del próximo gobierno. Quizás logre llenar el ojo a algún frentista desencantado y reducir la sangría. Unos y otros dirán, "podría ser peor". Pero nadie se va a quedar tranquilo con la Rendición de Cuentas. Mucho menos, contento.

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