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Revisa tu manera de criticar

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22 de noviembre de 2020 a las 05:04

Cada uno de nosotros tenemos un estilo para dar mensajes a los demás y también a nosotros mismos.  Configura una inclinación que en un alto porcentaje es aprendida y la que aún, siendo rígida en ocasiones, la podemos cambiar… ¡si queremos!

Algunas preguntas para hacerte y que te ayudarán a reconocer tu inclinación:
•    ¿Me es más fácil decirle al otro lo que le sale bien o mal?
•    ¿Me interesa decirle al otro lo que le sale bien o mal?  
•    ¿Me es cómodo decirle al otro lo que le sale bien o mal?
•    ¿Doy feedback?
•    ¿Cuándo doy feedback, propongo un compromiso?
•    ¿Me guardo lo que pienso? Si tu respuesta es si, ¿qué te lleva a callar?

Entre estas respuestas tendrás otras y más preguntas, que te dejarán claro ese, tu “estilo” actual.  A partir de este breve y rápido análisis, podrás tomar acción.  Tanto para fortalecer lo que aporta, como para cambiar lo que entiendas como oportunidad de mejora.

Un feedback bien dado es un regalo para el otro y también para uno mismo. Construye y fortalece relaciones, orienta en la dirección deseada, permite la participación de los involucrados y genera conversaciones generativas que proponen creatividad.

En ocasiones, ese feedback podría ser una crítica.  Siendo aquellas destructivas las que afectan la autoestima de quien la recibe.  Quien de una forma u otra se defenderá y posiblemente, aportará menos y disminuirá su compromiso.

La crítica destructiva es una descarga de alguien que apoyado en la propia carencia, le escupe al otro.  Es un mensaje con falta de empatía y menos asertividad aún que no logra un efecto positivo -ni en el mensajero ni el receptor-. Muchas veces es un acto impulsivo, que contienen en sí mismo agresividad o frustración. Así que, si sos de esos que deambulan criticando en forma destructiva, está bueno que te preguntes qué es lo que te motiva a esta práctica.

¿Conoces los tres famosos filtros de Sócrates?

Cuenta la leyenda que en la antigua Grecia, Sócrates un día se encontró con alguien que le dijo:
_ ¿Sabés lo que escuché acerca de tu amigo?
_Espera un minuto -contestó Sócrates-. Antes de decírmelo, te propongo el examen de los tres filtros.

_ ¿Tres filtros?

_ Correcto, continuó Sócrates. Antes que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro que lo que vas a decirme es cierto?
– No -dijo el hombre-. Realmente solo escuché sobre eso.
– Bien -dijo Sócrates-. Entonces no sabés si es cierto o no. El segundo filtro, es el de la bondad: ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
– No, por el contrario…
– Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
– No, la verdad que no.
– Bien -concluyó Sócrates-. Si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿Para qué querría saberlo?

¿Quizá te preguntes si aporta hacer una crítica?   La respuesta es si, luego de haber pasado estos tres filtros, la verdad, bondad y utilidad. Y haber tenido en cuenta que el contenido y la forma de comunicar tu mensaje, hará la diferencia.  Diferencia que estará dada entre la crítica que lastima y la que construye. Entre la crítica destructiva y la constructiva.

Vale la pena señalar que entendemos la crítica como opinión, perspectiva o juicio – positivo o negativo- que una persona aporta a otra, a un grupo, un proyecto, entre otros.  Que se basa en un análisis -formal o no- y se relaciona con expectativas y resultados, conteniendo en sí misma, una apreciación de valor.  

En muchas ocasiones la crítica se basa en evidencias que fueron previamente acordadas por los involucrados.  En este sentido las cosas están claras.  Pero, en otras oportunidades, -que no son pocas- la subjetividad juega un papel importante.  Momento en que se hace necesario preguntar más, escuchar más y arribar a conclusiones conjuntas.

Decirle al otro algo negativo puede ser tan importante como difícil. Un ejemplo: Javier es una persona que gerencia un área y es muy buen técnico además de estar orientado a las personas. Tiene una oportunidad en relación con la delegación y mucho más con transmitir aquellas criticas constructivas que contienen un mensaje de algo que no dio los resultados esperados.  Para él es una necesidad agradar y llevarse bien con las personas.  Y esta práctica de no ser claro le juega en contra, al punto que algunos lo consideran “veleta” que se acomoda según el viento. A Javier le costaba dar mensajes negativos, a otros les cuesta dar mensajes positivos y a algunos les cuesta siquiera dar un mensaje. ¿Cuál es tu caso?

La crítica constructiva puede ir desde unas felicitaciones hasta un total desacuerdo y en todos los casos mueve hacia el desarrollo, la construcción y el futuro. Las personas valoramos eso que el otro nos trasmite, siempre que cumpla con ciertas condiciones:
- Se base en la observación, es decir que no es pura interpretación.
- Es específico.
- Concreto.
- Con evidencias.
- Contiene reflexión, cuidado, preparación.
- Una buena cuota de asertividad.
- Ofrece la posibilidad de intercambiar opiniones.
- Genera compromisos hacia lo que se aspira lograr.
- Permite establecer nuevos acuerdos.
-  Promueve creatividad.
- Orienta a un futuro aún mejor.

El mismo estilo que utilizamos con los demás, lo utilizamos con nosotros, de la misma manera que quien exige es autoexigente.  Y como se cumple la regla de: ¡todo empieza por uno mismo! Te invito a observar tu inclinación.  Es una gran oportunidad para aumentar tu bienestar.  Aportará positivamente en tus interrelaciones personales y también contigo mismo.

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