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Ronald Ramírez siente "vergüenza social"

Ronald Ramírez, que jugó en Wanderers, Peñarol, México y Colombia, quería hacer el curso de técnico, pero una serie de malos negocios lo obligaron a salir a pelear la diaria y aceptar el trabajo como utilero de Villa Española

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06 de noviembre de 2017 a las 05:00

La bonhomía de siempre. La sencillez habitual. No hay poses. Atrás quedó una carrera de años en Wanderers. Llegó a tocar el cielo con las manos cuando fue a Peñarol. Pero todo se derrumbó. Las luces del estadio se apagaron. El aplauso de los hinchas forma parte del recuerdo. Hoy habita en un rincón del fútbol. Por eso repite una y otra vez su "vergüenza social" por estar en una utilería.

La sorpresa es el primer impacto que reciben todos aquellos que llegan a Villa Española y se encuentran con Ronald Ramírez como encargado de la utilería del club. Luego de brillar en Wanderers, lo que le valió el pase a Peñarol y posteriormente emigrar a México y Colombia, Ronald invirtió mal en un negocio y debió salir a pelear el peso. "Sinceramente, nunca imaginé terminar acá", le dijo a Referí con las manos en los bolsillo del equipo deportivo que vestía.

"Humildemente y sin despreciar el trabajo porque lo hago con mucho gusto, pero cuando uno está jugando lo que menos piensa es terminar de utilero de un equipo. Pero por distintas circunstancias, de un mal negocio que otro, uno no pudo hacer una base económica para estar en otra cosa y en principio es lo que tengo. A veces, por lo que fue mi carrera, mi nombre, a veces siento un poco de vergüenza social pero más de eso no porque es lo que tengo", comentó.

Ronald se inició futbolísticamente en Wanderers. Por aquellos tiempos jamás imaginó que aquella señora de edad, a la que todos llamaban Doña Gloria, terminaría siendo una fuente de inspiración para manejar la utilería de Villa Española.

"De Doña Gloria aprendí todo. Yo llegué muy jovencito, tenía 16 años y sus historias eran increíbles. Tenía una sabiduría que poca gente tenía. Doña Gloria lo que tenía era que te veía los primeros días y era puteada tras puteada y al principio le tenías cierto miedo, pasabas y te daba miedo hasta pedirle ropa. Se escuchaban los gritos. Después que te agarraba cariño era divina. Me acuerdo que si le faltaba algo a algunos nos metía a la casa a merendar o comer. Te daba una mano. Era como una madre", expresó a Referí.

Cuando falleció Doña Gloria, la utilería bohemia pasó a manos de su hija Ivonne.

"La Flaca era una persona tal cual la madre. Te gritaba y al tiempo te invitaba a tomar mate. Yo estoy muy agradecido con la Flaca, con el Cani (hijo de Ivonne) mismo que me han dejado muchas experiencias de vida, muchos valores, te inculcaban enseñanzas. Capaz que alguna cosa de ellos aplico acá. Tengo que separarme de que ya no soy jugador. Pero conozco las mañas del jugador, lo que no le gusta. Hoy que estoy del otro lado veo el trabajo que hacía el equipier. Por eso en algunas cosas les paro el carro. No soy de gritar pero uno adquiere otras cosas. A mí me cuesta porque a muchos los tuve de compañeros. Pero les paro el carro sanamente".

Salir de Colombia


Ronald Ramírez se inició en Wanderers, donde jugó hasta el año 2003 y luego emigró a México. "Ahí tenía todo. Fui a San Luis que estaba en la A, terminamos descendiendo y sacaron a todos los extranjeros, pero era un país para quedarse a vivir". Volvió al país para defender a Peñarol. En 2007 emigró a Colombia para jugar en Independiente Santa Fe y La Equidad. Allá vivió un hecho que no olvida.

"Antes de firmar le dije a mi representante, Gustavo Nikitiuk: 'Mirá, yo quiero una plata. Mínimo 10 lucas'. Te lo digo así nomás porque acá no hay nada que ocultar. Yo era un tipo grande. Y le dije mínimo 10 lucas (US$ 10 mil). Más sueldo, casa, todo eso. Al otro día me llama y me dice, está la plata. Firmamos contrato. Y yo pensaba: '¿dónde está la plata?'. Me saludan, ya nos íbamos y el presidente me dice: 'Venga un momentito que nos olvidamos de una cosa'. Me lleva a un cuartito y me dice: 'Acá tiene su bolsita'. Y me da una bolsita de regalos donde adentro estaban las 10 lucas. Y allá se fue Ronald con la plata. La llevé al hotel y la metí en la mesita de luz. La escondí bien. Vivía medio nervioso porque siempre la tuve conmigo la plata".

El utilero de Villa Española agregó: "La cuestión es que fui juntando la plata y cuando terminó el contrato me tenía que volver. No tenía cuenta bancaria. Me tenía que traer la plata. Y dije: 'yo me la juego'. Repartí la plata en cada bolsillo y arranqué para el aeropuerto. Y con el tema de la droga en Colombia hay requisas para salir del país. En eso veo a la policía. Me paran, me empiezan a palpar, ¡y me encuentran la plata! Pah. Mi cara no saben lo que fue. Casi me pongo a llorar. Y me dicen: 'Usted no puede salir con esto'. Pahhh me quería morir. Y me acordé que tenía recibos, el carné de Santa Fe, y les dije que no había tenido tiempo de girarlo. Hasta el contrato les mostré. ¡Terminaron hasta pidiéndome autógrafos y sacándose fotos!".


Villa, de la cancha a la utilería

Luego de jugar en Progreso, volver a Wanderers, y pasar por Central, el Cabeza como se lo conoce en el ambiente, culminó su carrera jugando en Villa Española. Lo que jamás imaginó fue terminar en la utilería del club.

"Hubo unos problemitas con el equipier y el hombre se fue. Mauricio Nanni me dijo si le podía dar una mano y me gustó la idea porque uno está al lado de los jugadores. Obviamente que en otra función, que no es que no me guste, pero me hubiera gustado como técnico, una cuenta pendiente que tengo. Por distintos motivos, como tener otras prioridades, no pude hacer el curso", reconoció Ramírez.
El "Cabeza" admitió: "Termino acá por razones económicas. Estoy muy a gusto en la empresa de Nanni pero esto es algo extra que me viene bien y lo que más me llama la atención es seguir en el fútbol. Es una vergüenza social por mi nombre, porque a veces voy a otras canchas y no pueden creer que sea el utilero. En cierta forma tengo un nombre y me da vergüenza como termino, pero no es ninguna deshonra hacerlo".

"Vivo como todos, y no me da vergüenza decirlo, la lucho diariamente. No queda otra por la familia. Hay que seguir peleándola. Es hacer esto o no hacer nada así que preferí hacer esto. A los jóvenes les paso diciendo que den todo. Les explico que llegué a jugar en un grande y hoy en día no te asegura nada eso, porque podés terminar en la que terminé yo. No quiere decir que esté mal pero yo soy el verdadero ejemplo", reflexionó.

El club del Bigote

Anécdotas. Ronald compartió la cancha con Santiago López
"Acá el Bigote López es una institución", dice Ronald Ramírez, quien llegó a jugar con el delantero en el Villa. "Hace obras sociales en la sede, está siempre de cerca. Ayuda mucho al club. Nació acá y quiere al Villa. El Bigote se calentaba conmigo cuando no le tiraba centros perfectos y me decía: 'Con la técnica que tenés vos me tenés que tirar el centro perfecto'".

Ronald no olvida las arengas y los gritos de su excompañero. "Termina el primer tiempo de un partido que perdíamos 2 a 0 y el equipo estaba tibio, no tenía respuesta. Llegó al vestuario el Bigote y empezó a patear las cosas, dio vuelta todo. Gritaba y me acuerdo que casi se agarra a las piñas con uno. Empezó a los gritos, y en una encaró a uno y le dijo: '¿Qué te pasa a vos?'. Esas cosas pasan. La gente con él tenía adoración, pero si tenía que gritarle algo le gritaban. Una vez lo vi ir a la tribuna a encarar a la gente. Bigote no tenía problemas de agarrarse a las piñas con cualquiera".


El ejemplo del Vasco

Ronald Ramírez fue compañero con el "Vasco" Santiago Ostolaza, al que luego tuvo como entrenador, y destaca su don de gentes y la humildad. "Una excelente persona. Aprendí mucho de su humidad. Los consejos. Era transparente en todo sentido. Soy un agradecido de haberlo conocido", expresó el utilero del Villa a Referí.

Comentó que del Vasco le quedó para siempre una enseñanza que aplica ahora en el club.
"Nosotros no habíamos aprendido ciertas cosas y los gurises cuando subían tiraban la camiseta al piso. Y el Vasco iba, levantaba la camiseta, y les decía: 'Nunca más dejes la camiseta en el piso'. Y esas cosas me quedaron y las estoy trasmitiendo acá. Eso yo lo veo acá y les he gritado delante de todos. La camiseta del club no se tira al piso. Me he encontrado hasta botijas que se secan los pies con la camiseta y eso me calentaba. Incluso después de perder, cosa que es peor. Cuando los vi arranqué a las puteadas limpias".

Historias


Chifle y Rehermann
"Le hacía los mandados al Chifle (Jorge Barrios). Me mandaba a buscar la leña para el asado. Después concentré con Rehermann (en Peñarol) que me decía: 'Gurí, andá a buscarme cigarros'. Y tenía que ir".

Cedrés y Césaro
"Cedrés era referente en Peñarol y en las prácticas no lo podías tocar porque lo marcabas de atrás y era capaz de darse vuelta y pegarte un cachetazo. Césaro era un carnicero en las prácticas", recordó Ramírez.

Osvaldo Canobbio
"Llegué a jugar con Canobbio y ahora lo encuentro de entrenador y yo de utilero. Su actitud conmigo es como si yo fuera un jugador más. Me invitaba a jugar con ellos fútbol tenis y en los picaditos".

indio Solari
"Bigote López es fanático de Los Redondos. En todos los partidos jugaba con una camiseta del Indio Solari. Incluso iba a conciertos en Argentina. Me acuerdo un lunes que no vino a entrenar porque se fue a ver a Los Redondos".

El mañero Mercado
"Richard Mercado, si estás haciendo algo, viene y tenés que atenderlo a él sí o sí. Y empieza: 'me trajiste esto, me trajiste lo otro', y siempre tiene que tener su toalla limpia. Es el más mañero", contó el utilero de Villa Española.

Luis Garisto
"Un personaje, un tipo que conocía la noche. Garisto conocía todo, ya sabía cuando venías mal. Sus dichos. Te miraba a los ojos y se daba cuenta si andabas en la noche", explicó Ramírez (foto).





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