La cercanía de la zona rural con Punta del Este y Manantiales llama la atención de muchos que eligen vivir allí todo el año. Además, la oferta no solo se concentra en inversiones para estadías permanentes sino también para generar renta.
Hasta hace unos años, esto era imposible, dado que la demanda para alquilar en una zona más agreste era nula.
Los empresarios inmobiliarios que trabajan en la zona notan que ha habido un ascenso de las operaciones en el lugar, tanto en las ventas como en los desarrollos.
Nelson Blanco, propietario de la inmobiliaria Location, explicó que muchos propietarios ya tenían terrenos sobre la ruta y en el último año decidieron construir.
Martín Díaz, de Antonio Díaz Propiedades, agregó que en estos casos se suele dar un efecto contagio que ha ido claramente en ascenso.
“Vas a la casa de un conocido y ves que el tipo está viviendo bien, tiene todo cerca y lleva un buen nivel de vida. Entonces decidís construir en el lugar”, sostuvo. Blanco, por su parte, comentó que uno de los efectos que ha tenido esta tendencia en el mercado es el aumento de los precios.
Pueblo Mío
Antes de esta explosión, por ejemplo en Pueblo Mío, había terrenos de 4.000 metros cuadrados que se vendían por poco más de US$ 50 mil.
Sin embargo, hoy en día comprar y construir cuesta por encima de US$ 1 millón. Los valores anteriores estaban por fuera de la media del mercado, porque la baja demanda no permitía ofertar a su debido costo.
Ambos empresarios inmobiliarios entienden que la tendencia seguirá estando presente y no dudan de que en los próximos años la zona estará mucho más poblada que en la actualidad.
En este punto, Díaz consideró que la pandemia es la protagonista: “Entendimos que si se termina el mundo, nos tiene que agarrar en un lugar donde por lo menos podamos ver el cielo”.
Algunos puntos de la zona se han ido mejorando, sobre todo lo referente a caminos de tierra, que están siendo pavimentados. La razón principal es que la mayoría de quienes allí viven deben trasladarse hasta colegios u oficinas y quieren acortar los tiempos de viaje.
“En un camino de tierra, con un auto estándar, es difícil disminuir la cantidad de tiempo que lleva llegar a un colegio”, dijo Díaz.
En cuanto al tipo de público que invierte en vivienda, suele ser bastante prémium y se reparte entre argentinos y uruguayos que decidieron establecerse allí. La característica que une a estos dos grupos es que son familias jóvenes.
“Se dieron cuenta de que podían tener una vida en pareja en medio de la pandemia, entonces salieron de la idea del apartamento para algo más rural, pero sin dejar de lado la comodidad y la cercanía”, explicó Díaz.
Pueblo Mío
La oferta de casas de Pueblo Mío es una de las más interesantes de la zona.
Su comodidad, que va desde canchas de tenis hasta un club house, se conjuga con propiedades horizontales que se adecuan a la necesidad de cada uno de los propietarios e inquilinos.
Pueblo Mío
El desarrollo comenzó en 2007, en aquel momento los inversores buscaban una zona que tuviera valor y pudiera comercializarse.
La decisión no fue fácil, dado que los espacios que existían eran muchos pero quedaban dudas de si el consumidor final apostaría por comprar allí.
Después de ver tierras sobre el mar, cerca del Balneario Buenos Aires, decidieron concretar el negocio sobre la ruta 104. Fueron más de 100 hectáreas a un solo vendedor.
Si bien el campo fue parcialmente explotado, aún tenía mucho potencial y contaba con las características para instalar un proyecto inmobiliario.
Cuando los empresarios comenzaron a mirar los alrededores, se encontraron con la Fundación Atchugarry y entendieron que el potencial del lugar sería de cara al largo plazo. Uno de los desarrolladores del momento, Carlos Marrasco, comentó que el punto de inflexión fue el año 2020.
En 2011 los terrenos ya estaban todos vendidos, pero desde ese entonces hasta el 2019 fue bajando la demanda, tanto de argentinos como de uruguayos.
“Los lotes estaban en reventa a precios más bajos que cuando los compraron en un primer momento”, agregó Marrasco.
Sin embargo, hoy en día hay más de 36 obras en Pueblo Mío, algo que el empresario definió “como una locura”. En promedio, en un año, el barrio solía tener entre cuatro o cinco casas en construcción.
Los uruguayos
Si bien la presencia de propietarios argentinos es una realidad, Marrasco destacó que también la ruta 104 ha cautivado a los uruguayos.
Antes de la pandemia, la mayoría de los propietarios eran argentinos que tenían sus lotes para pasar el verano.
Pueblo Mío
No obstante, actualmente hay muchos más uruguayos alquilando o que compraron, algo impensado en 2007 por las características del lugar. En la zona en general, el público suele ser prémium, dado que hay muchas chacras y edificaciones de primer nivel.
En Pueblo Mío, según Marrasco, los habitantes son de clase media alta porque la inversión para comprar un lote hoy en día no supera los US$ 200 mil. En cuanto a las casas, que deben tener un mínimo de 200 metros cuadrados, tienen un costo base de poco más de US$ 500 mil.
En esta línea, Marrasco comentó que no necesariamente los compradores de lotes construyen enseguida, sino que esperan un tiempo para ahorrar dinero.
Luego, en otros niveles sí se encarece el precio, teniendo propiedades que llegan a los US$ 3,5 millones. En cuanto a los lotes hay desde US$ 200 mil hasta los US$ 300 mil.
“Si bien hay hiper millonarios con aviones privados, la realidad es que no es la norma del barrio”, agregó.
La oferta cultural
La ruta 104 también está siendo testigo de una expansión de la oferta cultural en el este. Algunos la definen como la continuación de La Barra, dado que allí también hay una serie de galerías de arte y venta de cuadros de autor.
El pionero indiscutible es la Fundación Atchugarry, que marcó el ritmo hace 14 años. Marrasco rememoró que cuando compraron el terreno, la presencia de la fundación fue uno de los argumentos para cerrar el negocio.
En ese momento no tenía el despliegue que ofrece hoy en día, pero ya se podía vislumbrar que el proyecto sería ambicioso y atraería a buena parte del público que conoce la zona. La concreción del negocio de Pueblo Mío coincide con el regreso del artista uruguayo, Pablo Atchugarry en 2007.
En ese momento, el escultor volvió a su tierra natal después de vivir en Italia e instaló un taller, donde además mostraba las obras de otros artistas.
Atchugarry decide hacer esto, según cuentan allegados, con el fin de agradecerle a Uruguay lo que él entiende como “una formación decisiva en su carrera laboral”.
Sus hermanos, Alejandro y Marcos, hicieron una especie de trabajo de campo en busca de lugares rurales alejados de la ciudad, para que el ruido que el artista hace al trabajar no afecte a los vecinos.
El director de la fundación, Leonardo Nogués, contó que en ese entonces la zona no era lo que es hoy. “Cuando nos instalamos hace 13 años, esto era una cosa pero ahora es otra”, dijo.
La mayor transformación es desde el punto de vista inmobiliario, dado que la compra de chacras y la llegada de barrios privados marcan el ritmo.
A la vez, esto trae aparejado un público bastante selecto que ya sabe qué se va a encontrar cuando llega.
La función, grosso modo, ha tenido el objetivo de acercar el arte a los vecinos. Leonardo Nogués entiende que se ha hecho de manera exitosa, porque de a poco el lugar se convirtió en una especie de polo artístico.
Esto se explica por la recepción que tuvo la propuesta, que comenzó siendo una simple vidriera para algunos artistas y se convirtió en un parque cultural.
Hoy en día se presentan desde colecciones de artes, pasando por bailarines del Sodre hasta la presentación de libros.
“Hay avidez de la gente. Pero la fuimos notando sobre el camino, no fue que de un día para el otro empezamos”, expresó Nogués.
Desde La Barra
Galería Sur será uno de los negocios que próximamente estará en la zona, precisamente frente a la Fundación Atchugarry.
El espacio es de siete hectáreas y las construcciones no han comenzado, aunque la idea es generar un proyecto que invite a la persona a recorrer. Martín Castillo, su director, explicó que tendrá dos vertientes: arte moderno y contemporáneo.
Actualmente, tienen presencia en la zona de La Barra pero el movimiento se hará después de decidir que la ruta 104 se ha vuelto un punto donde se encuentra el arte. Castillo comentó que allí pasa un fenómeno que hasta ahora no se daba: “A la gente que vive aquí le gusta el arte”.
Si bien en La Barra, por ejemplo, también hay personas que viven todo el año, el flujo de clientes no es lo suficientemente grande si se compara con esta zona. El otro elemento que estuvo sobre la mesa para decidir invertir en una mudanza de este tipo fue la pandemia.
Martínez entiende que el covid-19 “tiene que ver con todo”, por lo que decidieron apostar por un lugar que fuera más abierto en donde cada quien pueda recorrer y mantener una cierta distancia con el resto.
También se vio que es una tendencia que se está dando en otras partes del mundo. El director comentó que en Estados Unidos o Europa, muchas galerías de arte salieron de las grandes ciudades y apostaron por lugares más abiertos.
“No es el común denominador, pero en el rubro aparece muy tímidamente cierta tendencia”, agregó el director.