30 de julio de 2014 18:28 hs

Lograr que un unipersonal sea profundo, entretenido, y sonora y visualmente cautivante, no es algo fácil de realizar y menos si su hilo conductor son los fiambres. Pero Música de fiambrería, dirigido por el actor de la Comedia Nacional Diego Arbelo y escrito e interpretado por Lucía Trentini, cantante de La Tabaré desde 2010, lo logra anclándose en una actuación digna de una nominación a los premios Florencio y de un texto redondo.

La obra, que desde abril de este año se presentó los martes en el teatro La Gringa, ofrece hoy a la hora 21 la última de sus tres funciones en el Espacio Periscopio (reservas a [email protected]). La sala, que se inauguró a mediados de mes en el sótano debajo del restaurante Perillán, es un espacio acogedor, con pocas mesas en las que también se puede tomar y comer algo, aunque cuenta con la desventaja acústica de recibir los ruidos que provienen de la planta superior.

De acuerdo describen sus creadores, la obra fue escrita durante el año 2013 y principios de 2014 como residuo de la improvisación escénica y la investigación teatral que busca la fusión con el género musical. Música de fiambrería se estructura en torno a tres personajes: una mujer rica que da una fiesta en la que se descompensa al ver a la amante de su marido, una locutora de radio de un programa nocturno casi tan espeluznante como ella y una mujer de campo cansada de los abusos de su esposo.

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Ayudada por un decorado y un vestuario que con pocos elementos logran hacer sencillo lo complicado, Trentini va trasmutándose en estos personajes tan disímiles sin sobresaltos. Esta mutación continua (que tiene como inspiración a la película Zelig de Woody Allen, aunque no hay una linealidad argumental evidente), permite que el texto se interne por diversos lugares como una fiesta distinguida, una pensión, un tambo, una recorrida en taxi por Montevideo, un programa nocturno al que llama gente desesperada o un almacén.

La obra logra entrelazar muy bien las tres historias, haciendo interactuar a la actriz con sus otras creaciones ficcionales mediante la grabación del programa de radio que Trentini activa con una pedalera en el piso, a través de la cual también musicaliza. Su voz destaca en varias canciones que atraviesan los 50 minutos del espectáculo, en fragmentos que no solo están allí para el lucimiento de Trentini, sino que aportan a la obra en sí.

El texto se redondea al final y se deriva hacia lo policial, en un unipersonal en el que el espectador, que durante toda la obra tiene un rol activo a través de su imaginación, consigue atar cabos. Pero si hay algo que Música de fiambrería logra es yuxtaponer historias, géneros, personajes y ambientes, sin olvidar el recurso de los fiambres como metáfora de un universo con sabor a jamón y a mortadela.

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