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Sanguinetti y Talvi

Gane quien gane las internas coloradas tendrá un gran desafío por delante 

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20 de marzo de 2019 a las 05:00

El Partido Colorado ha vuelto a ser noticia. El paso al costado del senador Pedro Bordaberry, que asumió la pesada carga de la candidatura presidencial durante dos elecciones consecutivas (2009 y 2014), facilitó que se desatara una competencia interna intensa. Aunque el senador José Amorín Batlle al frente de la histórica Lista 15 también está pugnando por la nominación presidencial, la primaria del Partido Colorado viene teniendo en Julio María Sanguinetti y Ernesto Talvi a sus dos principales protagonistas. Ambos tienen perfiles distintos y, por eso mismo, desafíos muy diferentes. Más allá de contrastes, enfrentan una tarea hercúlea: vivificar un partido que, desde la poda del 2004, no ha logrado volver a crecer con vigor.

Sanguinetti, ya veterano, abogado de formación, periodista vocacional y político profesional, ha recorrido toda la carrera de honores: diputado, senador, ministro en dos oportunidades, dos veces presidente. En cualquier caso, ha sido una figura clave en el tablero político uruguayo desde mediados de los sesenta hasta el triunfo del Frente Amplio en 2004. Durante los últimos quince años, con o sin actuación parlamentaria, participó permanentemente del debate público. Talvi, más joven, también sintió desde muy temprano una fuerte inclinación hacia el servicio público. Economista de formación y consultor profesional, sin experiencia política, tuvo durante más de dos décadas una actuación destacadísima al frente de CERES, uno de los más reconocidos think tanks de Uruguay.

Aunque hay quienes dicen que ninguna de sus dos presidencias fueron realmente innovadoras, Sanguinetti es el único precandidato de toda la oferta que puede presumir de “saber cómo hacerlo”, para usar la célebre expresión pachequista. El voto al ex presidente es, por así decirlo, un voto al “savoir faire” político: sabe negociar, construir acuerdos, pactar reformas. Lo demostró en numerosas oportunidades. Tiene clarísimo, acaso más que ningún otro dirigente colorado o blanco, que para vencer al FA hay que reunir a comer en torno a la misma mesa a toda la gran familia ideológica opositora. No es demasiado difícil suponer que, si logra ser electo candidato a la presidencia por el PC, pondrá una parte fundamental de sus energías en construir lo antes posible un acuerdo interpartidario creíble.

Por cierto, Sanguinetti no tiene la estructura política de otrora. El viejo aparato del Foro Batllista está diezmado. En el plano técnico, sigue contando con un núcleo distinguido de fieles, potente pero pequeño. Como la decisión de volver a competir por la presidencia fue muy reciente, tampoco puede exhibir la acumulación programática que lo distinguió, por ejemplo, en 1994, cuando pudo ofrecerle a la ciudadanía una plataforma de gobierno cuidadosamente armada: “El Uruguay entre todos”. Aun así, nadie discute que su desembarco constituye uno de los grandes hechos políticos de esta campaña electoral, que la recuperación del Partido Colorado es una de las claves más relevantes del desenlace de la elección nacional.

Es evidente que a Sanguinetti le sobra lo que, al menos por ahora, le falta a Talvi: experiencia política. Pero Talvi, hoy por hoy, está sensiblemente mejor pertrechado que Sanguinetti en el plano del conocimiento técnico y en el de las propuestas de políticas públicas específicas. Este rasgo de su perfil personal ayuda a entender por qué Jorge Batlle, durante los últimos años de su extensa vida política, apostó con tanto entusiasmo a él. Asimismo, en el plano programático, y sin perjuicio de tener un ojo en el mundo del trabajo y sus necesidades, el ex director de CERES muestra una empatía muy especial con la empresa privada y sus reclamos. En una campaña como ésta, en la que los precandidatos estarán obligados a responder con claramente la pregunta de cómo hacer para volver a acelerar el crecimiento económico, Talvi parte con ventaja: puede ofrecer con rapidez y solvencia explicaciones plausibles y soluciones factibles de los problemas económicos.

De todos modos, su discurso tiene, para mi gusto, un flanco débil especialmente problemático desde el punto de vista de sus propios intereses electorales. Talvi puede, para usar su propio lenguaje, “contar un sueño”, es decir, dibujar en el aire el Uruguay del futuro. Pero no ha podido hasta ahora explicar con igual pasión y elocuencia qué conexión tiene ese sueño con el pasado, es decir, con la tradición colorada. Hace unos días, a propósito del discurso de Tabaré Vázquez el 1° de marzo, argumenté que ningún partido de gobierno es relecto si no hace el esfuerzo de defender su gestión. Lo mismo, en un sentido muy general, vale para el PC, el “partido de gobierno” de Uruguay por definición. Para Sanguinetti es natural y obvio defender el pasado. En cierto modo, él es el pasado. Para Talvi es mucho más difícil. No puede ocultar su escaso entusiasmo por lo hecho durante las últimas décadas por el partido cuya candidatura se propone encarnar.

Sea quien sea, finalmente, el candidato de los colorados a la presidencia, es evidente que tendrá por delante una tarea muy difícil. La poda de 2004 redujo al PC a su mínima expresión. Suponer que, desde entonces, no ha logrado salir del tercer lugar en el ranking porque las fórmulas presidenciales propuestas no eran lo suficientemente carismáticas equivale a tomar por un atajo argumentativo demasiado sencillo y, al mismo tiempo, inconveniente para el partido. Está claro que Bordaberry, pese a su empeño, no fue la solución; pero sigo pensando que jamás fue el problema del PC. La elección de 2019 será, en este sentido, un buen banco de pruebas para ratificar o rectificar mi interpretación.

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