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Seis años de pesadilla: adolescente fue golpeada, torturada y prostituida

La víctima tenía 14 años cuando comenzó a vivir con sus torturadores

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21 de marzo de 2019 a las 10:06

Era una adolescente de 14 años, hija de una mujer sorda y con otras discapacidades, que vivía en la miseria. Una familia vecina, en un barrio de la ciudad de Progreso (Canelones) les ofreció mudarse con ellos, que también tenían dificultades económicas pero que con su ayuda –según le propusieron– las dos partes podrían vivir mejor. Ella aceptó y ese día de hace seis años comenzó una pesadilla que duró hasta mediados de 2018.

"De inmediato la pusieron a trabajar con todos los quehaceres domésticos, la hacían levantarse a las cinco de la mañana y no paraba hasta la una del otro día", contó a El Observador la fiscal del caso, Mirna Busich.

La maltrataban, la golpeaban, la torturaban.

"Una vez ella se quedó dormida mientras trabajaba en la cocina y para despertarla le tiraron agua hirviendo en una pierna", puso de ejemplo la fiscal.

Así pasó el tiempo hasta que la jefa de familia se llevó a la víctima a una estancia ubicada en Canelón Chico, para trabajar durante unos meses. "Ahí la pusieron a limpiar y darles de comer a los cerdos: los vecinos la veían caminar descalza y sin abrigo durante las noches", dijo Busich.

Y luego comenzó la explotación sexual: la mujer la obligó a prostituirse con los trabajadores rurales del establecimiento y así quedó, con 16 años, dos veces embarazada de padres que nunca identificó.

El capítulo rural se cerró y la historia volvió a situarse en Progreso, de nuevo en la casa a la que había ido años atrás sin saber lo que hacía. Continuaron los maltratos y la explotación sexual.

"No la dejaban amamantar a los hijos porque tenía que encargarse de todo lo demás, y si quería ir al pediatra, no la dejaban ir sola para que no contara su situación", detalló la fiscal.

La prostitución comenzó a ejercerla en una esquina en los alrededores de una fábrica de plástico de Progreso, pero sus explotadoras –la mujer que la había invitado y una de sus hijas– no le quitaban el ojo: en cuanto terminaba con un cliente, se acercaban para quitarle el dinero que le habían pagado por el servicio. "Y la amenazaban con que si hacía algo le pegarían a sus hijos".

Los hijos todavía pequeños. 

El calvario terminó en agosto del año pasado, cuando uno de los clientes la ayudó a escapar, aunque la joven no dio muchos detalles de cómo ocurrió. 

"Ella está emocionalmente destruida, con muchos problemas de salud mental", dijo la fiscal, y lamentó: "Posiblemente no se recupere más".

La joven, que había perdido todo contacto con su familia,  se refugió con los hijos en la casa de una prima. Y hasta allí fueron a buscarla sus explotadoras, que no pudieron hacer nada porque se interpusieron vecinos y familiares.

La denuncia policial terminó haciéndola por intermedio de un CAIF y la Unidad de Protección de Víctimas y Testigos de la Fiscalía la acogió enseguida.

La investigación penal, que por razones burocráticas duró cerca de siete meses, fue formalizada este martes ante la Justicia en una audiencia en la que la fiscal Busich acusó a las mujeres de un delito de explotación sexual y laboral, según informó Subrayado. Las dos imputadas fueron enviadas a prisión preventiva durante 150 días.

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