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17 de marzo 2023 - 5:04hs

Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que las conversaciones de ascensor sobre el tiempo y el clima están más vigentes que nunca: la actual sequía, las olas de calor y los últimos tres años con lluvias insuficientes no dejan a nadie indiferente. El impacto es generalizado, desde los cultivos agrícolas con rendimiento y calidad afectados, alimentos con precios más altos, un ganado que anticipa su faena; incendios que arrasan miles de hectáreas, hasta la importación de energía para garantizar el abastecimiento y la escasez de agua potable en varios puntos del país.

El gobierno estima hoy que el impacto nacional de la sequía supera los US$ 1.100 millones y ante la emergencia agropecuaria anunció 30 medidas para enfrentar la situación, pero los especialistas advierten que tanto el sector público como el privado aún deben anticiparse a estos fenómenos, que tienden a ser cada vez más frecuentes y pronunciados por los efectos del cambio climático.

“El gobierno está activo y aplicó buenas medidas para afrontar la situación, pero si vamos a la raíz del problema, es algo que no tratamos ni mitigamos en los últimos 20 años. No nos preparamos antes y ahora enfrentamos las consecuencias”, me dijo el científico ambiental Felipe Dall´Orsoletta, coordinador en Uruguay del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Uruguay tiene claro el desafío y desde hace varias administraciones se trabaja en ese sentido, pero a{un queda tela por cortar. “Del 1 al 10 hoy estamos a mitad de camino, pero si me lo preguntabas fuera de la sequía, era un 7”, evalúa la asesora técnica de la Dirección Nacional de Cambio Climático, Mariana Kasprzyk. El Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático se creó en 2009 y el país presentó en 2022 -por segunda vez- sus compromisos para el período 2030-2035, que incluyen medidas de adaptación y reducción de emisiones, donde los sectores agropecuario, transporte de carga y movilidad son prioridad.

“Tenemos aumento de temperaturas, cambio de las lluvias, mayor frecuencia e intensidad de sequías, olas de calor e inundaciones; eso vino para quedarse más allá de la variabilidad climática. Tenemos que adaptarnos y aplicar medidas prácticas para que los efectos de esos cambios nos afecten lo menos posible”, opina Kasprzyk.

Pero amén de los necesarios planes con impacto a futuro, hoy hay circunstancias que apremian. Quienes recorren el campo todos los días afirman que esta es la peor sequía en los últimos 60 años, con las zonas centro y sur del país más afectadas que el este y el norte. La falta de agua en los embalses, por las escasas lluvias, sumada a las altas temperaturas fueron una combinación letal.

¿Una solución? En la inauguración de la Expoactiva en Soriano, el presidente Lacalle Pou dijo que “quizás la próxima política de Estado deba ser una política de riego” y apuntó la necesidad de aumentar las hectáreas aseguradas, con una mayor base de cotizantes que abarate las pólizas.

Para el científico Dall´Orsoletta la cosa va por ahí.

“Hoy es muy difícil tener algún cultivo con seguridad en Uruguay si no tenemos riego porque los eventos extremos se están volviendo más frecuentes y el calor es muy fuerte: los últimos siete años fueron los más cálidos en la historia. Las políticas (de riego) bien implementadas pueden representar hasta entre 8% y 15% de mejoría en los ingresos económicos de los cultivos”, explicó.

En Uruguay, el área de riego creció en los últimos tres años a razón de un 30% anual, pero aún es poco. También hay asimetrías en el acceso a esta herramienta entre productores de mediano y gran porte frente a los más pequeños, que tienen mayores dificultades de financiamiento y beneficios impositivos. Pero no todas son pálidas: hay experiencias positivas que funcionan con éxito, como los Regadores Unidos del Uruguay, una asociación integrada por 35 productores -ubicados en Rio Negro, Soriano, Colonia, Rocha, Durazno, Florida, Canelones y Paysandú- que promueve el riego a nivel nacional y apuesta a la investigación y el desarrollo tecnológico para mejorar las prácticas.

“Ante una sequía el riego es la herramienta. Ahora estamos cosechando con un rendimiento entre cinco y diez veces más que sin riego. Este año el impacto es brutal porque no solo tenemos afectado el agua a nivel de suelos sino de acuíferos y represas”, dijo el ingeniero Santiago Arana, asesor de la gremial, que cubre 38.000 hectáreas regadas, apenas un 3% del área total a nivel país.

Comparar esta sequía con las que previamente enfrentó Uruguay es vidrioso, especialmente porque cada una tuvo características distintas y encontró al país en un escenario diferente. “Esta sequía se está sobrellevando infinitamente mejor que la de 1988 y 1989 por el nivel de aprendizaje a nivel productivo, políticas públicas, mejores infraestructuras y una mayor sinergia entre agricultura y ganadería, por ejemplo, pero deberíamos estar mejor”, cree el ingeniero en Clima y Atmósfera, Rafael Terra.

“En paralelo, los sistemas productivos -por presiones de mercado- necesariamente están jugando más al límite de los recursos porque una hectárea vale 5.000 dólares y no 500; por tanto, están más expuestos al riesgo climático”, explicó.

¿Y qué hay de los impactos a nivel social? Estos fenómenos tienen un indudable efecto derrame a nivel territorial afectando el bolsillo de las familias. “Más aún, impacta en la mano de obra zafral afectada a las cosechas, diferentes labores en logística e industrias y en las familias más vulnerables que encuentran menos posibilidades”, apuntó ingeniero agrónomo Jorge Marzaroli, que ha trabajado en instituciones públicas y privadas vinculadas al desarrollo agropecuario.

Por todo esto, la clave está en pensar la vulnerabilidad climática con una visión más ecosistémica, que contemple los tres pilares: económico, ambiental y social.

Como ya se ha dicho, la bendita lluvia de este miércoles llegó tarde y el daño que produjo la sequía lo veremos en los próximos meses. El gobierno tendrá la tarea de afrontar ese desafío pero, al mismo tiempo, esta administración y quien venga en 2025 tendrá este episodio como un buen recordatorio de que trabajar para el futuro en políticas de estado preventivas puede ayudar mucho cuando estamos con el agua al cuello o con la tierra baldía.

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