En el presente, la mayoría de los coreanos que viven en Uruguay trabaja en la industria marítima y pesquera, pero en los últimos años también han tenido una participación creciente en otras actividades como la forestación y la industria automotriz. En Uruguay operan varias empresas provenientes de este país asiático como Posco, Insung, Kia Motors y la textil Idilor, entre otras. A su vez, circulan varias marcas como Samsung, LG y Hyundai, que en los últimos años aumentaron su presencia en el mercado local.
Ahora bien, más allá de que algunas marcas e industrias coreanas puedan resultar familiares, en Uruguay la inserción social de un coreano en el pequeño universo celeste puede representar algo similar a la superación de un abismo. Solo algunos datos para ilustrarlo: Corea del Sur tiene 50 millones de habitantes. Solo su Ejército es más grande que toda la población uruguaya. De hecho, con un promedio de 3,7 millones de personal militar, tiene el segundo índice de soldados per cápita más grande en el mundo, después de Corea del Norte.
A su vez, y a diferencia de Uruguay, la patria de los inmigrantes, la sociedad coreana es homogénea: el 98% de sus habitantes son coreanos étnicos.La economía surcoreana es la cuarta más grande en Asia y la 13ª más grande en el mundo. El país es el tercer socio comercial más importante para China y Japón, el séptimo para Estados Unidos y el octavo para la Unión Europea. También es el tercer país con más patentes tecnológicas registradas, solo después de Japón y Estados Unidos.
En tanto que Uruguay en todos los casos debe conformarse con estar situado unos cuantos peldaños por debajo. Corea tiene una historia milenaria y Uruguay apenas festeja (por adelantado) su Bicentenario.
Sin embargo, ninguno de estos abismos parece ser sentido como un impedimento para la integración por los coreanos residentes en Uruguay, consultados para esta nota. En ambos casos se presentan como personas decididas, prácticas y también agradecidas con el país que los cobijó.
Según contó a El Observador el embajador de Corea en Uruguay, Choi Yeon Choong, aunque el país asiático se encuentra geográfica y culturalmente en las antípodas de Uruguay, esto no es obstáculo para que la mayoría de los coreanos que viven en estas latitudes, mantengan varias tradiciones de su país de origen. “Aquí los coreanos suelen celebrar las ofrendas tradicionales en honor a los antepasados, así como realizar festejos típicos como el Seolnal, que tiene lugar el primer día del año del calendario lunar o el Chuseok, que se realiza para agradecer la cosecha el 15 de agosto del mismo calendario”, comentó.
La Asociación de Amistad Corea-Uruguay y la Cámara de Comercio Corea-Uruguay, junto con la Embajada, constituyen las principales redes de contacto de los coreanos a nivel local. En Montevideo solo existen dos restaurantes coreanos en la zona de Ciudad Vieja, por las calles Bartolomé Mitre y Ciudadela. Allí se pueden probar comidas típicas como el bibimbap, que se come con arroz y variedades vegetales con carne vacuna molida y con salsa picante de ají, o el kimchi, un plato indispensable que consiste en una mezcla de varias verduras tales como el col chino que se remoja en agua salada y salsa picante y se deja fermentar.
En Montevideo, también funcionan tres iglesias evangélicas de procedencia coreana. Otro dato que puede sorprender es que el cristianismo está más difundido que el budismo en ese país, 29% y 23%, respectivamente, en tanto el 48% restante dijo no tener preferencia religiosa, según el último censo de 2005.
Sun Weon Lee (“Luis”): "Los coreanos estamos siempre en movimiento”
Luego de finalizar sus estudios en administración de empresas en Corea, Luis Lee (41), como se hace llamar en español,decidió que era tiempo de lanzarse a la aventura de conocer Latinoamérica. Sentía que la región ofrecía grandes oportunidades laborales y que a diferencia de Europa no estaba inundada por la influencia coreana.
En 1996 desembarcó en la Argentina, donde estudio español y comercio en la Universidad de la UBA. En 2000 una oportunidad laboral en la sede uruguaya de Kotra (Agencia de promoción de Inversiones en Corea) lo hizo radicarse en Montevideo junto a su familia. La adaptación al principio no le fue nada fácil.
“Los coreanos estamos siempre en movimiento. Todo tiene que ser hecho en forma rápida y exacta. Me gustaba que los uruguayos fueran simpáticos y alegres, pero hacían las cosas a su tiempo, no les molestaba esperar”, comentó.
“Aquí un paro en el Registro Civil puede durar un mes, eso en Corea es impensable”, reforzó su esposa con una sonrisa, que todavía escondía su asombro. Diana tiene 41 años y habla perfecto el español, ya que desde 1987 se radicó en la región. Ahora se dedica a dar clases de coreano a los hijos de la comunidad radicada en Uruguay.
Otro aspecto cultural al que la pareja todavía no se pudo acostumbrar es la comida. “Los uruguayos comen mucha carne y masa: allá tenemos muchas más variedades de verduras y más platos calientes y picantes”.
Por eso suelen importar productos desde Argentina, donde al existir una comunidad de 20 mil coreanos, pueden encontrarse más alimentos típicos. A su vez, suelen salir a comer a los dos únicos restaurantes coreanos que existen en Montevideo, en la Ciudad Vieja. Ni Luis ni Diana sienten algún tipo de discriminación en Uruguay.
La familia ya está acostumbrada a que primero les pregunten si son chinos, luego japoneses y en último lugar coreanos pero no lo ven como una ofensa. “Yo los entiendo, porque a mi me resulta muy difícil distinguir por sus rasgos físicos a un alemán, a un italiano o a un uruguayo”, comentó Luis.
Byung Sup Lee (“el maestro”): "En los setenta no era fácil salir de Corea”
En Uruguay lo conocen como el maestro Lee (66). LLegó a el país a mediados de la década de 1970, en coincidencia con la primera corriente inmigratoria de ese país hacia el campo. Nació en Corea del Norte pero debido a la preferencia política de sus padres debió emigrar a Corea del Sur a los 6 años. Allí vivió hasta 1972, cuando cumplió 27 años y consiguió un permiso estatal para ir a trabajar a una fábrica de automóviles alemana por tres años.
Cuando ya debía regresar a su país, un amigo coreano le recomendó venirse a trabajar a Uruguay. Sin saber una palabra de español decidió hacerle caso e invertir todos sus ahorros en un campo de 360 hectáreas en Quebracho, Paysandú, pero a los seis meses el emprendimiento fracasó. Entonces decidió sacarle provecho a su origen e introducir en Uruguay el principal arte marcial coreano: el taekwondo.
En Paysandú, el instituto Don Bosco le dio un hogar a cambio de enseñarles el arte marcial a los niños de la zona. Así, año tras año, fue consiguiendo la reputación de maestro Lee. En 1976 pudo comprarse una casa en la Ciudad Vieja de Montevideo, donde puso su propia academia de taekwondo, la que sigue manejando hasta hoy. Además, preside la Federación Uruguaya de Taekwondo, desde donde promueve la competición y el intercambio entre diversas ciudades y países.
Aunque ahora dice estar feliz de vivir en Uruguay, recuerda que los primeros años no fueron fáciles. Estuvo seis años sin ver a su esposa y su primer hijo, ya que sin residencia legal no podía invitarlos a ingresar al país. “En la década del 70 no era fácil poder salir de Corea. Yo me pude ir a Alemania porque tenía un contrato laboral, pero mi familia debió quedarse. Luego en Uruguay tuve que esperar tres años más para conseguir la residencia y así poder invitarlos”, contó. Luego de 36 años en el país, Lee ya no se siente un extranjero y tiene pensado envejecer en Uruguay. Cada cuatro años visita Corea del Sur, pero su mayor deseo sería poder visitar su Corea natal, algo que no está seguro de que pueda suceder.