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La tercera temporada de la serie desembarcó en Netflix y se convirtió en lo más visto de la plataforma, según los datos que aporta en su sitio web

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Sex Education: una ventana a lo más íntimo de la sexualidad centennial y todo lo que usted nunca se atrevió a preguntar

La serie de Netflix estrenó su tercera temporada y profundiza sobre las relaciones, los tabúes y las preguntas de los adolescentes, y no tanto, en torno a la sexualidad 

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25 de septiembre de 2021 a las 05:02

La televisión, y especialmente las películas norteamericanas, han creado en el imaginario colectivo un modelo de escuela secundaria y sus estudiantes: los populares del curso, que generalmente tienen mucho sexo, los nerds, que por lo general no lo tienen, y los que sienten que no encajan en ninguna categoría.

Sex Education sigue este esquema, pero al mismo tiempo lo vuelve obsoleto.

En la serie, Otis (Asa Butterfield) es el hijo de una terapeuta sexual y decide montar un negocio clandestino con Maeve (Emma Mackey), en el que brindan asesoramiento sexual a sus compañeros de liceo desde el cubículo de un baño abandonado. Parece simple, hasta que dimensionan el nivel de desconocimiento de sus pares, que preguntan aquello que usted, quizás, nunca se animó a preguntar.

Otis, el "gurú del sexo" de la secundaria Moordale

Masturbación, identidades de género, orientaciones sexuales, feminismo, diversidad corporal, disfunción eréctil, anticoncepción, aborto, vaginismo, sexo oral, comunicación, enfermedades de transmisión sexual, fantasías, abusos. Sex Education no se avergüenza de nada. Y, francamente, no hay nada de qué avergonzarse.

La propia educación sexual de su escritora, Laurie Nunn, fue “prácticamente inexistente” durante su crecimiento y, claro, no abordaba ni de cerca el tema del placer femenino. “Estoy en mis 30 y siento que recién estoy empezando a tener el lenguaje correcto para hablar de mi propio cuerpo. Pienso ‘Dios, desearía haber sabido estas cosas cuando estaba en mis 20’”, dijo en una entrevista con The Guardian en 2020, en la que cuenta que desde un comienzo decidió escribir las cosas como son, sin vueltas.

La serie británica es su primera creación, un dato sorprendente si se tiene en cuenta la dimensión que alcanzó gracias a su guion dinámico, sincero y que, fundamentalmente, se ríe de las situaciones incómodas de la intimidad sexual de los personajes, entre vibradores, preservativos y cupcakes con formas de vulvas. “En su corazón, el show es sobre comunicación y honestidad. Tiene una cierta dulzura al respecto. Creo que tendrías que trabajar bastante duro para realmente ofenderte”, dice su creadora. Actualmente, según los datos que aporta la plataforma, es el contenido más visto en Uruguay.

La serie parece hecha a medida de los nuevos adolescentes y ofrece una mirada a la sexualidad centennial, sin dudas más diversa. Si pensamos en las series que acompañaron a la generación anterior, como Gossip Girl o incluso Sex and the City, vemos que estaban cargadas de contenido sexual pero no siempre profundizaban en los tabúes incómodos del sexo. Quizás alguna serie como Girls (HBO) irrumpió en la pantalla bajo la dirección de Lena Dunham y mostró un nuevo camino hacia algo real. En este caso, Sex Education está determinada a ofrecer una perspectiva más positiva y natural de la vida sexual y los vínculos, la identidad de género y la diversidad corporal.

¿Qué preocupaciones adolescentes retrata la serie?

“En general lo que percibimos de los medios audiovisuales es un guión general de cómo debería ser la sexualidad o supuestas formas de vivir los vínculos. Cuando bajas a la vida cotidiana la realidad cambia totalmente y la falta de educación sexual que tenemos normalmente hace que creamos que tenemos problemas”, señala a El Observador Eleni Kolukizian, educadora sexual. Recuerda que “la norma es la diversidad”, en un concepto amplio que abarca cuerpos, identidades y gustos: “La diversidad la muestran en identidades y orientaciones sexuales, pero también en la cama, en los gustos y las prácticas, en el autoestima, en la forma de vestirnos y en todo lo que hace a la sexualidad”.

“Si tuvimos algo de educación sexual formal en una institución, tuvo que ver siempre con lo reproductivo y cómo hacer para evitar un embarazo no deseado. Nunca hablamos del autoconocimiento y el placer, de cómo vincularnos de una manera sana, y todos estos temas los toca la serie”, sostiene la educadora, que asegura que se trata de un contenido que no solo les sirve a los adolescentes, sino también a los adultos. 

Los vínculos se están mostrando de una forma cada vez más abierta y menos estereotipadas. Junto a series como Euphoria (HBO), Sex Education pasa la barrera de la inseguridad típica de los adolescentes, y no tanto. “Quería que el show fuera gracioso, dulce y que contara una buena historia. Espero que aliente a las personas más jóvenes a tener conversaciones más sanas sobre sexo y les recuerde que siempre está bien correr su propia carrera y hacer las cosas a su propio tiempo”, aseguró Nunn.

Eric y Adam

Sex Education, así como otras series y películas cargadas de tensión y sexo simulado, cuenta con la supervisión y el trabajo de una cooridinadora de intimidad. En este caso lo hace Ita O’Brien, una de las pioneras en el área, que se encarga de coreografiar las escenas explícitas y asegurar la comodidad de los jóvenes actores y actrices, que aunque en la ficción aparenten 16 años en realidad rondan los 25. 

Además de ser educadora sexual, Kolukizian trabaja como coordinadora de intimidad en Uruguay y destaca que es un rol fundamental en una producción como esta, en la que la sexualidad y la intimidad están presentes en todo momento. “Ser actor no quiere decir que uno no pueda tener vergüenza a exponer su intimidad. Más cuando son jóvenes o adolescentes, donde todo eso que están mostrando también lo están viviendo en parte: la autoestima y la exposición de tu cuerpo”. De hecho, el trabajo de O’Brien en set también es una forma de educar en set. Aimee Lou Wood, la actriz que interpreta a Aimee en la serie, contó al sitio Collider cómo, durante el rodaje la coordinadora le dejó claro que, en el trabajo y fuera de él, “no es no, quizás es no y solo un sí absoluto es sí”.

Nuevas preguntas

Advertencia: a partir de este momento puede encontrar spoilers de la serie.

La escena de apertura de la tercera temporada de Sex Education es, para decirlo de alguna forma, aeróbica. Desde cosplay alienígena, sexo sobre una batería y pornografía de realidad virtual, comienza al al ritmo de I Think We’re Alone Now de The Rubinoos y termina con un orgasmo colectivo. El sexo (como anticipa el título) es gran parte de la serie, pero no es todo heteronormativo ni caprichoso: hay un algo fuera de la cama que de alguna forma lo despoja de su carga erótica. “¿Soy malo teniendo sexo?”, se pregunta uno de los personajes después de que su pareja dejara en claro, mientras se viste rápidamente, que ella no llegó al orgasmo. La primera pregunta de la nueva temporada pone de manifiesto una de las preocupaciones que atraviesa toda la historia: la preocupación por el placer.

“Veo que los jóvenes se han empezado a preocupar más por su placer y el de sus parejas. Antes el placer de las mujeres era algo secundario, hoy recibo muchas mujeres muy jóvenes que se interesan por preguntar e investigar su cuerpo”, dice Kolukizian, y sostiene que es algo que generaciones más grandes jamás consultarían. 

Sobre este punto el sexólogo y psicoterapeuta Ruben Campero hace una puntualización: en algunos casos el placer no es buscado como una experiencia satisfactoria, sino como una meta a alcanzar. Si bien explica que el corte generacional puede ser insuficiente si no se introducen variables interseccionales, como la clase social o el género, sostiene que las preocupaciones de los jóvenes están muy vinculadas con el rendimiento. “Rendir en el sentido de estar a la altura de lo que se supone que es ser feliz sexualmente. Por supuesto que las preocupaciones en torno a las infecciones de transmisión sexual, los embarazos también  están presentes, pero está todo muy vinculado a la preocupación por el rendimiento: el rendimiento genital, tener orgasmos y erecciones. Todas estas cuestiones que por un lado están muy bien, pero por otro se vuelven nuevamente en un dogma: el dogma del rendimiento”, dice a El Observador. De todas formas, sostiene que otras generaciones también están muy afectadas por estas cuestiones que vinculan la felicidad con el rendimiento sexual.

En la última temporada la serie madura junto a sus personajes. El humor que sobrevolaba las dos primeras entregas aterriza en momentos e imágenes puntuales y contundentes, al tiempo que la historia se inmiscuye en los recovecos emocionales de los vínculos afectivos.

Si en la segunda entrega de la serie la escritora empezó a caminar por los vínculos adultos, en esta tercera va a fondo. La madre de Otis, la Dra. Jean Milburn (la fantástica Gillian Anderson), decide llevar adelante un embarazo a sus 48 años y se pelea con un ecógrafo que tiene muchas opiniones sobre el tema. Estereotipos y violencia obstétrica. Pero no es lo único: divorcios, nuevas parejas en la adultez y todas las preocupaciones cotidianas que se van a la cama. “La sexualidad es algo que se aprende, eso es importante saberlo, se aprende a lo largo de toda nuestra vida, y va cambiando, va mutando. No es igual la sexualidad de un niño, de un adolescente, a los 30 o 40 y cuando seas un adulto mayor. La sexualidad está presente desde que nacemos hasta que morimos y va variando”, recuerda Kolukizian.

Jean Milburn

Así sea un joven en silla de ruedas que conoce su cuerpo y sabe perfectamente cómo comunicarlo, o una pareja que no puede dejar de tener sexo para esconder la tristeza, una chica que busca ayuda profesional para procesar el trauma de un abuso o una persona no binaria que reclama visibilizar su identidad, la serie sacude al espectador al tiempo que aporta momentos refrescantes, especialmente cuando pone en pantalla personas y situaciones que habitualmente no se ven.

La tercera temporada de la serie incluye a una persona no binaria en el elenco

Los especialistas notan que las llamadas “nuevas generaciones” se están animando a investigar y preguntar más, pero el problema es dónde investigan. “Hay que cuidar dónde buscamos la información y hay que tener mucho cuidado con la pornografía, que la tenemos al alcance de la mano y reproduce formas estereotipadas y muchas veces violentas de vivir la sexualidad”, señala la educadora, y asegura que tiene consultas de personas que se autodiagnostican problemas o disfunciones porque tratan de imitar los tiempos de rendimiento o las prácticas de la pornografía. 

Sex Education es divertida, irónica e irreverente a su manera. Quizás es por eso que puede permitirse el descaro de hablarle directamente al espectador y, de frente, hacer las preguntas que otras generaciones no se atrevieron a poner en palabras. Preguntas que muchos, después de verla, se van a llevar a la cama.

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